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Florencio Escardó, un pionero de la pediatría

Fue humanista, guionista y periodista
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14 de agosto de 2004  

Ayer, hubiera cumplido cien años. Por eso, la Sociedad Argentina de Pediatría y el Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez colocaron una placa recordatoria en la Sala de Infectología del mencionado centro, donde Florencio Escardó desempeñó gran parte de su prolífica carrera profesional. Y a partir de ayer, el jardín de infantes ubicado en las calles Olazábal y Cerruti llevará el nombre de quien revolucionó la medicina infantil en la Argentina.

Era inconfundible por su estampa de doctor, con esa solemnidad imponente pero vulnerable a la sonrisa de sus pacientes. Pero era tan rica la personalidad de Escardó que trascendía todos los estereotipos. Fue algo más que un hombre adelantado a su tiempo. Era dueño de un espíritu curioso, inquieto, capaz de comprender el futuro y actuar en consecuencia. Nació en Mendoza en 1904. En 1929, obtuvo el diploma de médico en la Universidad de Buenos Aires y hasta el último día de su vida ejerció la pediatría, aunque eso no le impidió incursionar en la homeopatía y en la astronomía.

La vida académica tampoco anuló su vocación de periodista, guionista de cine (es autor del guión de la película "La cuna vacía", que en 1949 protagonizó Angel Magaña), humorista y poeta. Sus numerosos ensayos y publicaciones sobre medicina y psicología infantil abrieron puertas a muchas prácticas terapéuticas innovadoras para la época, entre ellas, darles de comer morcilla a los bebes de tres meses y permitir que las madres compartieran la internación con sus hijos, método que favorecía la evolución de los menores convalecientes.

Consejero por tevé

Cuando llegó la televisión a la Argentina, Florencio Escardó fue el primero en utilizarla con fines didácticos. Condujo varios programas desde donde se convirtió en un consejero de las madres, a las que guiaba en la crianza de sus vástagos según sus principios académicos y haciendo oídos sordos a las teorías freudianas de moda, en las que decía no creer en absoluto.

"Era hiperkinético, sagaz, inteligente y también un hombre individualista", recuerda el pediatra y actual legislador macrista Lorenzo Borocotó, que compartió con Escardó horas de hospital. "En su sala, la 17, ordenó sacar todos los números de las camas para poner, en cambio, el nombre de cada paciente, que ya no era un número sino Ricardito, Mónica o como se llamara", agrega. Con los seudónimos Piolín de Macramé y Juan de Garay, Florencio Escardó firmó en varios medios , entre ellos LA NACION, artículos periodísticos en los que deleitó con la prosa fina del observador irónico de lo cotidiano y la chispa del agudo humorista.

En la Universidad de Buenos Aires, fue profesor de Pediatría y Puericultura. Se había especializado en Francia e Italia, y fue declarado ciudadano ilustre de Buenos Aires. Murió a los 88 años.

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