Alfredo Barragán: una pasión extrema

En 1984 cruzó el Atlántico en una balsa de troncos. Además, atravesó la cordillera de los Andes en globo, cruzó el Caribe en kayak y escaló cinco veces el Aconcagua. A 20 años de aquella primera hazaña, este aventurero todoterreno, de 55 años, sigue dando rienda suelta a sus sueños y proyecta nuevos desafíos
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22 de agosto de 2004  

Aprendió a leer a los tres años y medio. A los ocho ya devoraba las aventuras de Robinson Crusoe, Julio Verne, Emilio Salgari y Thor Heyerdahl, el explorador noruego que surcó los océanos a bordo de la Kon-Tiki (réplica de una primitiva embarcación polinesia). Antes de los 10, su destino estaba sellado: al igual que sus héroes –de tinta o carne y hueso, daba igual– él también navegaría en aguas embravecidas, escalaría montañas de hielo y viento y llegaría a los rincones más recónditos del planeta.

Veinte años después, ese chico soñador y de pueblo cruzaba el Atlántico en una balsa sin proa ni timón, desde Santa Cruz de Tenerife hasta Venezuela. Ese chico se llama Alfredo Barragán y hoy, a los 55 años, mantiene intacta su capacidad de soñar, proyectar y realizar.

Con su legendaria hazaña, el capitán de la expedición Atlantis concretaba mucho más que una fantasía de la infancia. Demostraba que la hipótesis que hacía tiempo se le había metido en la cabeza, y que los antropólogos se negaban a aceptar, era perfectamente realizable: que los africanos pudieron haber llegado a América 3000 años antes que Colón, tal como sugerían algunas expresiones culturales precolombinas muy similares a las del continente negro (tal vez las más inquietantes sean las colosales cabezas con rasgos africanos talladas en basalto por los olmecas, antiguos habitantes del golfo de México).

Pero más allá de contestar la historia y la antropología, este hombre testarudo y apasionado estaba desafiando al escepticismo general. "Lo único que escuchaba era que estaba loco. Y que cruzar el Atlántico era imposible", cuenta el mentor de la epopeya que, el último 12 de julio, cumplió 20 años. "Se le llama imposible a lo que es simplemente difícil, y eso limita al hombre."

A este abogado de Dolores, casado con Graciela –Gachi– y padre de una hija –Paulina, de 24 años y estudiante de derecho–, no le falta ningún récord: cruzó la Cordillera en globo –y batió todas las marcas de altura, distancia y velocidad de vuelo en ese medio casi insólito–, atravesó el Caribe en kayak, subió cinco veces al Aconcagua –desde cuya cumbre organizó la primera transmisión radial, en 1978–, escaló el Kilimanjaro y remontó el río Colorado a remo –en la única navegación completa desde su nacimiento hasta su desembocadura–.

Además de Atlantis, claro, la travesía que le dio reconocimiento internacional. "Atlantis es una invitación al hombre a creer en sí mismo", dice hoy, piel curtida y barba rubiona, irreconocible en su riguroso traje oscuro. Y recuerda que fue aquel 12 de julio de 1984 cuando, desbordado por la emoción, balbuceó la frase que repite como un mantra: "Que el hombre sepa que el hombre puede". 

Con ese lema ha recorrido más de 20 países, en los que dio conferencias y animó a la gente a acometer sus proyectos. Incluso lo llaman empresas para motivar el personal. "Hay que dar libertad a los sueños. Y animarse a concretarlos", subraya.

Claro que para soñar hay que estar dispuesto a pagar el precio o, como dice Barragán, "a transpirar la camiseta".

Si no, que cuente cómo se internó en la selva ecuatoriana durante 40 días hasta dar con árboles iguales a los que hace 35 siglos crecían en Africa, y con cuya madera construiría la famosa balsa. Cómo durante cuatro años se dedicó a estudiar mapas, corrientes, vientos y mareas. Cómo no paró hasta reunir al equipo ideal: Horacio Giaccaglia, Félix Arrieta, Daniel Sánchez Magariños y Jorge Iriberri (el Vasco).

En medio de la travesía, que duró 52 días, dos tormentas pusieron a prueba el temple de la tripulación. En la primera debieron amarrarse para no ser barridos por olas de nueve metros. La otra castigó con ráfagas de hasta 90 kilómetros por hora que hicieron trizas la vela.

¿Su próximo desafío? Tal vez una expedición a la Antártida, desliza. Y enseguida rescata una frase del Vasco, que refleja como ninguna lo que él siente: "Lo importante no es llegar a la cima, sino llegar a casa después de haber llegado a la cima".

Por Teresa Bausili

Para saber más

www.laguarderia.com.ar/aviso_homenaje_expedicion_atlantis.htm

Amateur

El proyecto Atlantis se solventó a pulmón, con la ayuda de la gente por un lado y con ahorros y créditos por otro. No se usó ni una sola publicidad. "Una marca deportiva me ofreció 240 mil dólares por el bolsillo de las remeras de Atlantis. Ni loco. Esa ola de esponsorización desnaturaliza el deporte", dice Barragán, buzo, timonel, piloto de yate y aviones deportivos, radioaficionado, fotógrafo y cuarta generación de una familia de abogados de Dolores. "Yo no vi un dolar. Conseguí todo lo que necesitaba la Atlantis y punto."

Eso sí: esta travesía movió bienes y servicios por un millón de dólares.

De hecho, el documental de la expedición Atlantis (Félix Arrieta registró todo con su cámara) fue la película argentina más vista en el mundo.

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