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Murió ayer el popular actor Cacho Espíndola

Se destacó como comediante en cine y TV
Marcelo Stiletano
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22 de agosto de 2004  

Con la muerte de Cacho Espíndola, ocurrida ayer a los 64 años, en esta capital, por una crisis cardíaca, desaparece un actor de raza que se valió de una natural vis cómica y un estilo humorístico netamente porteño para ganar popularidad con varios personajes muy logrados, sobre todo a través de la televisión. Una carrera despareja, con muy contadas apariciones a lo largo de los últimos años, impidió que las generaciones más jóvenes reconocieran cabalmente su innato talento interpretativo.

Nació en esta capital en 1940, y con su nombre real (Oscar Alberto) entregó sus primeros papeles en el cine en títulos tan recordados como "Dar la cara", "Crónica de un niño solo" y "Juan Lamaglia y señora". Su debut en la pantalla grande lo unió con el director José Martínez Suárez, que lo adoptó con el tiempo como uno de sus actores de reparto predilectos, al punto que entre las actuaciones más logradas de Espíndola en el cine figuran "Los chantas" y "Noches sin lunas ni soles", que aprovechaban a la perfección la capacidad histriónica del actor.

El mismo año en que debutó en cine (1966), Espíndola hizo su primer trabajo para el teatro en la versión del "Cyrano de Bergerac" que dirigió Zelmar Gueñol. La minuciosa cronología del investigador Jorge Nielsen registra, además, otras apariciones destacadas del actor en "Sueño de una noche de verano" (dirigida por Cecilio Madanes en 1969), "Las brujas de Salem" (con puesta de Agustín Alezzo, en 1972) y, sobre todo, su participación en el elenco de la primera representación en Buenos Aires de "El violinista en el tejado", cuyo elenco era encabezado por Raúl Rossi, tío del actor desaparecido ayer.

La carrera en el cine de Espíndola alternó entre títulos prestigiosos ("Un guapo del 900", "Juan que reía", "El infierno tan temido", "Tacos altos") y apariciones en comedias livianas y de tono picaresco. En todas ellas lograba salir airoso a fuerza de personalidad y oficio, con su voz potente siempre en primer plano.

Fue en televisión donde su figura se hizo más popular, sobre todo por su aporte en telenovelas como "Un mundo de veinte asientos" y ciclos humorísticos del estilo de "La vida en Calabromas".

En los últimos años, mucho más obeso y menos ágil que en sus comienzos, pero con sus condiciones actorales intactas, fue rescatado de un prematuro e injusto olvido en films recientes ("El amateur", "India Pravile") y a través de una aparición especial en "Los simuladores". Tan conocido por su trabajo artístico como por su fanatismo futbolístico por Ferro Carril Oeste, fue recordado ayer con un minuto de silencio en el estadio de Caballito, antes de que el club de sus amores venciera a Defensa y Justicia por 4 a 1.

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