El nuevo hombre de la Aduana

Asegura que acentuará la fiscalización, incorporará tecnología y trabajará con el sector privado
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24 de agosto de 2004  

El flamante director general de Aduanas, Ricardo Echegaray, se hizo un espacio el viernes pasado en su apretada agenda -desde que asumió, hace dos semanas, no para de recibir funcionarios y empresarios- para conversar con LA NACION sobre el futuro del organismo.

Antes de llegar a director general, Echegaray, un funcionario de carrera de 38 años, pasó por diferentes posiciones en la Aduana a partir de 1990 y estuvo asentado en las ciudades patagónicas de Río Gallegos y Comodoro Rivadavia. Fue guarda, verificador, cumplió funciones en frontera, fue jefe de sección y también abogado del ente de control. "A la operación la conozco desde abajo. Mis compañeros me hicieron pagar mucho derecho de piso", aseguró.

También realizó una serie de posgrados en España -que dejaron su huella en parte de los 19 diplomas que exhibe en su oficina- y fue consultor del BID y del Centro Interamericano de Administraciones Tributarias (CIAT) para implementar mejores controles en fronteras "calientes", como las de Ecuador y Nicaragua.

-¿Hace cuánto no se nombra a un funcionario de carrera como director de la Aduana?

-De acuerdo con los antecedentes que manejó [el administrador federal de Ingresos Públicos] Alberto Abad, hace 30 años no había un funcionario de carrera como director general. Sí estuvo la doctora [María Isabel] Fantelli un corto período como interventora; no como directora general.

-¿Qué significa que se haya recurrido a "gente de la casa"?

-Para nosotros, es una oportunidad histórica. Tenemos la oportunidad de generar cambios y transformaciones con una visión estratégica de un servicio aduanero más moderno. Queremos que implique un valor agregado sobre nuestra mercadería de forma tal que el hecho de haber pasado por los controles aduaneros de la Argentina facilite el ingreso de productos en otros países.

-Pero la demora de 30 años, ¿no surge por las sospechas de corrupción interna del organismo?

-Todos los últimos discursos de los directores de Aduana partieron de esas premisas. Y lo cierto es que no se ha provocado ningún cambio trascendental en el trabajo de la gente y en la gestión aduanera. Como en todos lados, hay gente buena y gente mala, que equivoca el camino.

Esta es una oportunidad para que los funcionarios de la Aduana se encarrilen todos hacia un trabajo productivo. La mayoría de la gente de carrera de la casa es gente de bien, que demanda capacitación. Por circunstancias particulares de un grupo no se puede afectar a toda la institución.

-Varios directores anteriores plantearon la necesidad de una mayor autonomía de la Aduana. ¿Cómo avanzará usted en la relación con la AFIP?

-Los procesos de modernización y transformación de los servicios del Estado y las administraciones tributarias y fiscales han llevado en los últimos tiempos a considerar los trabajos de agencia única [como la AFIP] como más viables y más efectivos. Esto es algo categórico. El nuevo contexto económico obliga a un mayor incremento de la transversalidad y el trabajo conjunto de los organismos del Estado. La mejor forma de consolidar esta transversalidad pasa por fortalecer la agencia única y de la misma forma fortalecer la Aduana.

La interrelación tiene que darse en el día tras día, en el cruce permanente de información, en las labores conjuntas de forma tal que el Estado construya un frente operativo de trabajo tanto en la prestación de servicios como en la recaudación y el control.

-¿Van a volver los altos funcionarios aduaneros desplazados por la anterior gestión? Algunos tienen denuncias judiciales...

-Una cosa son los desplazamientos por razones de carácter disciplinario o por responsabilidades de carácter administrativo y otra cosa muy distinta son los desplazamientos que se han producido por falta de compatibilización de las modalidades de trabajo. Si un funcionario tiene años de carrera en la casa, tiene un alto grado de capacitación y desarrolló sus actividades correctamente, no le encuentro motivos para no sumarlo a la gestión. En cambio, si tiene que responder en materia disciplinaria o judicial, una vez que se resuelvan esas cuestiones se resolverá si se lo puede incorporar a la gestión o no.

-El anterior director, José Sbattella, dijo que se había ejecutado sólo un 20% del presupuesto de la Aduana este año. ¿Esto es así?

(Se toma unos segundos) -A nosotros nos queda definir los requerimientos propios para llevar adelante la ejecución presupuestaria. Estamos trabajando contra el reloj en esta labor, pero hay una definición firme de la AFIP de contribuir al fortalecimiento de los recursos materiales y humanos para encontrarnos en 2005 con otra cara y con otra imagen del servicio aduanero.

-En 2005 la Aduana va a tener que estar en línea con la política norteamericana de prevención del terrorismo y quizás ayude eliminar la competencia desleal si previene mejor actos ilícitos...

-La Aduana va a estar en sintonía con un proceso de modernización de la gestión acorde con los tiempos que vivimos y con todas aquellas iniciativas internacionales que se están plasmando en pos de la seguridad y de la lucha contra el terrorismo.

-¿Y cómo controlará el contrabando y la subfacturación?

-Estamos pensando en llevar adelante una reingeniería de procesos administrativos y de la gestión. Pensar en un servicio aduanero moderno implicar pensar en cuál va a ser la columna vertebral de la gestión. Va a ser distinta de la de otras épocas y va a pasar por el control basado en el análisis de riesgo y la fiscalización inteligente. Entendemos que tenemos que acotar el margen de discrecionalidad de los funcionarios e incorporar los instrumentos tecnológicos que los nuevos tiempos nos presentan para lograr mayor efectividad. Entonces, al mismo tiempo, vamos a lograr efectividad en el control, garantizaremos reglas de juego claras, transparencia de la gestión y un mayor dinamismo en el flujo de comercio exterior.

-¿Cuál es el perjuicio fiscal del contrabando?

-Tras dos semanas de gestión, no es adecuado aventurarse en cifras que no pueden tener un fundamento técnico que las respalden. Sí vamos a poder tenerlas en la medida en que fortalezcamos el análisis de riesgo y que resultemos más efectivos en los controles. En materia de valoración, estamos trabajando con reformulación de instrumentos básicos para combatir la subfacturación y reformulando el mecanismo que tenemos vigente en materia de valores de referencia.

Estamos trabajando no sólo con las cámaras de la industria, sino también con la Cámara de Importadores. Tenemos presente que los valores referenciales deben ser dinámicos, que tenemos que instrumentar bajas y subas de manera más ágil y que las modificaciones de valores tienen que ser consensuadas. Lo que hacemos es traer a la mesa de negociaciones a todos los interesados para que las soluciones sean compatibles con la metodología de valoración a la que la Argentina se encuentra adherida que es el Acuerdo de Valoración del GATT.

-¿Qué piensa cuando ve por la calle mercadería con marcas falsificadas y tal vez de contrabando?

-Creo que el derecho marcario pasará a ser un nuevo desafío de los servicios aduaneros en todo el mundo. En el segundo paquete antievasión (que se encuentra en el ámbito del Ministerio de Economía y próximamente va a ser elevado al Congreso) se está trabajando en una reforma del Código Aduanero para que esta temática pase a integrar la agenda de labor diaria de nuestra gestión con propuestas que comprenden la aplicación directa de las sanciones y el trabajo inmediato y conjunto con las cámaras que tienen injerencia en la actividad.

Interesado en aprender francés

Ricardo Echegaray comenzó sus primeras semanas como responsable de la Aduana trabajando con sus colaboradores desde las 7.15 hasta las 21. El funcionario asegura no tener miedo de sentarse en la "silla eléctrica", como definió el juez Julio Cruciani al asiento del titular de la Aduana. "Cambiaría los muebles de la oficina, pero no tengo tiempo para eso", dijo Echegaray, con ironía. Por otra parte, recibe clases de francés con un pequeño grupo de colaboradores en una de las oficinas aledañas a su despacho.

Oui

Su interés por la lengua de Moliére surge porque prevé que la Argentina "tenga una presencia fuerte dentro de la Organización Mundial de Aduanas [OMA]", con sede en París.

Aunque también se habla el inglés en este organismo, las principales autoridades de la OMA son francesas y su presidente, Michel Danet -que visitó la Argentina en 2000-, prefiere expresarse en su idioma natal y emplear, sólo cuando la circunstancia lo requiere, servicios de traductores.

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