La política petrolera de Perón

Por Francisco Corigliano Para LA NACION
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25 de agosto de 2004  

LA política petrolera adoptada durante la primera y segunda presidencias de Juan Domingo Perón (1946-1955), constituye un temprano ejemplo de nacionalismo desarrollista. Asimismo, confirma el componente realista y pragmático que orientó a dicha política. En otras palabras, Perón compartía con los sectores nacionalistas ortodoxos su interés por la explotación de un recurso estratégico y potencialmente disponible en el territorio y en el mar argentinos. Pero mientras para estos sectores el monopolio estatal del petróleo era un dogma incuestionable, Perón se preguntaba si el Estado argentino estaba realmente capacitado para su explotación en forma eficiente. No era un nacionalista de medios, sino de fines. Estaba convencido de que Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF), no tenía suficiente capacidad organizativa, técnica y financiera para un esfuerzo de esa naturaleza, tal como reconoció en su libro La fuerza es el derecho de las bestias, publicado en 1958, durante su exilio. Dada esta debilidad de YPF, Perón buscó la ayuda del capital extranjero como medio para lograr el autoabastecimiento petrolero, un fin incuestionablemente nacionalista y a la vez práctico. En este sentido, su política antecedió al nacionalismo de fines que procuró llevar a cabo el desarrollista Rogelio Frigerio, el cerebro económico de la gestión del radical intransigente Arturo Frondizi (1958-1962).

La mayoría de los especialistas reconocen este sesgo desarrollista de la política petrolera de Perón como un antecedente de la ensayada por Frondizi, pero lo ubican en ejemplos posteriores a la crisis económica iniciada en 1949, como si hubiera sido una respuesta de adaptación tardía del líder justicialista a dicha crisis. En la argumentación de estos especialistas, habría dos etapas. La primera, que abarca los años de 1946 a 1948, caracterizada por un modelo económico estatista, orientado hacia el consumo interno y cercano a la ortodoxia nacionalista, restrictivo a la participación del capital extranjero. Rasgos presentes en el texto del Primer Plan Quinquenal 1947-1951. La segunda etapa -iniciada a partir de la crisis económica de 1949, y que abarcó los años de la segunda presidencia de Perón (1952-1955)- sería de reemplazo del modelo estatista y mercado internista por uno claramente desarrollista y con mayor sesgo exportador, que le daba la bienvenida al capital extranjero. Rasgos presentes en el Segundo Plan Quinquenal y en ejemplos como la sanción de la ley de inversiones extranjeras, en agosto de 1953, y la firma del convenio con la California Argentina de Petróleo SA, subsidiaria de la empresa norteamericana Standard Oil de California, en mayo de 1955.

No obstante, la sola revisión de los discursos de Juan Perón y de los diarios de sesiones de las cámaras legislativas, muestra que esta tajante división en dos etapas, al menos en lo que respecta a la política petrolera, es cuestionable. Hay indicios del desarrollismo de esta política bastante anteriores a la crisis de 1949. Si bien Perón adoptó entre 1946 y 1949 un modelo económico estatista, acorde con las expectativas de los sectores nacionalistas ubicados dentro y fuera de su partido, a diferencia de éstos consideró tempranamente la alternativa de "flexibilizar" dicho modelo. Así, en declaraciones efectuadas ante un grupo de periodistas norteamericanos el 19 de julio de 1946, el entonces presidente procuró aventar temores en los empresarios estadounidenses al señalar que "sólo han sido nacionalizados los servicios públicos" y que posteriormente "la Argentina creará nuevas industrias que serán de propiedad privada y que el gobierno tratará de fomentar". Demostrando una notoria capacidad de anticipación a la tendencia de apertura económica que el propio Perón se vio obligado a adoptar después de la crisis de balanza comercial y de pagos de 1949, prometió a sus interlocutores que la Argentina "proseguirá una política liberal con el capital extranjero llegado al país".

Contra lo que un escéptico podría suponer, estas declaraciones de Perón no fueron un guiño coyuntural destinado a conformar a los periodistas norteamericanos. Así lo prueba la precoz firma, el 11 de diciembre de 1947, de un contrato entre YPF y la petrolera norteamericana Drilexco (Drilling and Explorations Company) para la perforación en la Argentina de 40 pozos de exploración. Decisión que motivó el envío, el 30 de junio de 1948, de un proyecto de resolución firmado por un grupo de diputados radicales. En las consideraciones que acompañaron al proyecto, Arturo Frondizi preguntaba a las autoridades del Ejecutivo si este contrato se debía a la "desorganización de los equipos técnicos" o a la "carencia de maquinarias y repuestos" por YPF, carencia que a su vez podía producirse "ya sea porque no ha proporcionado las divisas necesarias el Banco Central, o porque Estados Unidos ha obstaculizado las compras".

Estas tempranas señales de desarrollismo en la política petrolera peronista se convirtieron en opciones forzosas a partir de 1949, año signado por malas cosechas, caída de los términos de intercambio y déficit en la balanza comercial y de pagos. Dificultades que se intentó combatir por medio de la aplicación de un Plan de Estabilización Económica en 1952, y de una política económica que ponía el énfasis en el incremento de la productividad y de las exportaciones y que otorgaba mayor participación al capital externo. En el contexto de este giro en el modelo económico, los especialistas identifican el citado ejemplo del contrato con la California. Contrato que, de acuerdo con las explicaciones otorgadas por el propio Perón en su citado libro La fuerza es el derecho de las bestias, establecía una explotación de carácter mixto (joint venture), mediante el cual la California produciría en forma conjunta con YPF los 9.000.000 de metros cúbicos que la Argentina importaba, anulando un gasto extra de casi 300 millones de dólares en concepto de importación de combustible. Por medio de este acuerdo, Perón buscaba incrementar la producción petrolera en los años sucesivos con el fin de mantener el abastecimiento interno y e incluso comenzar la exportación de petróleo y sus derivados, para poder aumentar así la disponibilidad de divisas. Argumentos típicamente desarrollistas y notoriamente similares a los que utilizaría Frondizi años después para justificar la firma de contratos con empresas petroleras norteamericanas y europeas en 1959.

Los ejemplos citados aquí demuestran no sólo la existencia de un sesgo desarrollista en la política petrolera de Perón, cuyos indicios fueron bastante anteriores en el tiempo a los identificados por los especialistas, también evidencian la existencia de un pensamiento y acción caracterizados por su realismo y pragmatismo, rasgos que le permitían a Perón contemplar opciones contradictorias en su menú personal de alternativas de decisión.

De esta forma, podía concebir la nacionalizalización de los servicios públicos y, al mismo tiempo, contemplar la participación del capital externo en el sector petrolero, dado que YPF no contaba con los recursos necesarios para su explotación. Así lo explica Perón en la obra citada a lo largo de esta nota, en la cual polemizó con su sucesor Eduardo Lonardi, presidente del régimen de facto que lo derrocó en septiembre de 1955, quien había dispuesto la anulación del convenio con la California: "Yo creo que YPF no tiene ni capacidad organizativa ni capacidad técnica ni capacidad financiera para un esfuerzo de esa naturaleza. Los sistemas empleados en la Argentina distan mucho de los nuevos métodos de exploración, prospección, cateo y exploración racional de los yacimientos modernos (?) Los costos de producción de YPF son absolutamente antieconómicos. Hacer de esto una cuestión de amor propio es peligroso y estúpido." Y concluía: "Estos nacionalistas de opereta han hecho tanto mal al país con sus estupideces como los colonialistas con su viveza. Unos negativos y otros excesivamente positivistas representan dos flagelos para la economía del país".

Palabras que evidencian un nacionalismo pragmático en materia petrolera, ubicado en las antípodas del principismo. Un sano nacionalismo pocas veces implementado en la historia argentina, y que nuestros dirigentes deberían tener en cuenta en cada una de las decisiones de agenda interna y externa vinculadas con el desarrollo social y económico de nuestro país.

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