Sin estación, diseños fuera de serie

Siete artistas que eligieron la ropa y los accesorios para expresar su creatividad. En stock limitado, objetos de culto con mucho valor agregado. Todo, listo para usar
Paula Cipriani
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26 de agosto de 2004  

Arte y moda son dos conceptos cada vez menos antagónicos. Al menos en los últimos años (Bettina West fue pionera en el país de la idea Arte para usar) ya no suena disparatado que un artista exhiba y venda sus obras en multiespacios, donde la moda también tiene reservado un lugar. Al mismo tiempo muchos consideran que las expresiones artísticas deben cruzar los límites de galerías y museos.

Después de muchos años entre acuarelas, Carolina Gutti dejó la pintura y se pasó de bando: creó Harapos Reales, una línea de tejidos artesanales con diseño, trabajada con dos agujas exclusivamente. Este año, cuando menos se lo imaginaba y desde este nuevo espacio relacionado con la indumentaria, la invitaron a participar de la muestra en homenaje a Salvador Dalí, que se realiza hasta el 19 del mes próximo, en el Centro Cultural Borges. Con cinco de sus prendas intentó acercarse conceptualmente a la obra del artista. Logrado.

Suéteres, tapados y paños de lana para envolverse sin líneas definidas... Todo en tramas coloridas, que pueden ser irregulares, asimétricas y multitexturadas. Es que las prendas de Harapos Reales (Pasaje Santa Rosa 4901) son de punto sí, pero llevan mucho más que lana: gasa, tul, seda, raso, cordones y tientos de cuero de cabra se entrelazan con hilos de seda, lana de oveja y llama. El resto, pura habilidad para tejer.

Por eso, a pesar de tener una producción de unas 2000 prendas, teñidas con tinturas orgánicas, ninguna es igual a la otra. Para lograrlo, un equipo de tejedoras invierte entre cuatro y veinte días de trabajo en cada prenda. La propuesta, que comenzó en Palermo, llegó a Bariloche y Ushuaia.

Técnica mixta

Lo mismo sucede con la colección de Claudia García, dueña de Ridiculus, marca que comenzó para teens, pero que hoy conquista a adultos. Su colección, que incluye desde remeras hasta vestidos de fiesta, sin pasar por alto jeans, suéteres y faldas para el día, está integrada por obras de arte en formato especial: ropa. Por eso en su taller se ven muchas más latas de acrílico, pinceles y aerosoles que telas, hilos y agujas. Sus prendas combinan pinturas (generalmente abstractas) con texturas y elementos que impactan.

Un vestido pintado de gasa laminada puede asociarse con detalles de terciopelo rojo, un gran botón de plástico amarillo y hasta una pequeña muñeca de trapo. Y un suéter admite lentejuelas, cierres y hasta clavos. Pero no todo es tan extravagante en el estudio de Claudia García (J. B. Alberdi 2738, 7° A), muchas de sus clientas llegan en busca de sus jeans y remeras pintadas o sus vestidos de jersey con flecos de vinílico, de línea hipersimple.

Estela Bagnasco y Alicia Bagnasco Erbin son -además de hermanas, artistas plásticas- y desde hace unos años trasladan su obra a ropa y accesorios, que venden en Las Heras 3660, 1° C, 4801-3165. Para E. Bagnasco, su relación con la moda comenzó con la instalación Mujercitas, para el Palais de Glace. En la obra, pequeñas esculturas de resina y poliéster representaban las cincuenta cosas que una mujer se llevaría si fuera a un lugar remoto. Así, las figuras, de cuerpo transparente, dejaban descubrir en su interior, entre otros, frascos de perfume, peine y lima.

Cuando la muestra terminó, minirréplicas de esas siluetas resultaron accesorios para el cierre de sus carteras o se transformaron en estampas bordadas sobre remeras de modal. La segunda obra que trasladó es una simbología propia, que surgió del estudio de la cultura precolombina y africana. "Inventé imágenes para asociar con conceptos abstractos como templanza, voluntad, equilibrio... todos positivos", aclara. Luego, esos dibujos fueron impresos en carteras de gamuza, cuero de vaca, piel de conejo... y en piezas de plata.

En cambio, Alicia Bagnasco Erbin inspiró su colección de prendas (reversibles) en una pintura abstracta de técnica mixta (óleo, acrílico y arte digital), realizada sobre seda, que deja ver más de una imagen. En sintonía con las múltiples lecturas de su pintura, la ropa también tiene más de un uso. Las capas de raso y seda cristal pueden llevarse, además de sobre los hombros, en varias posiciones, como falda encima de pantalones angostos para lograr un look moderno. Las terminaciones a mano y los botones de papel maché se suman a su propuesta.

Pintura asfáltica, ácido, agua y metros de tela con figuras indefinidas en tonos tierra, negro y blanco es lo primero que se ve en el taller de Mónica Garbarino, una plástica que propone una colección de polleras decoradas con una técnica original. "Lo primero que hago es colocar la pintura en la tela, después aplico el ácido, que al romper la trama asfáltica crea una imagen indefinida. Aunque la técnica me permite prever el motivo de las polleras, el resultado siempre es una sorpresa", asegura. Una vez que el lienzo está pintado, en este caso sedas lavadas, gasas y organzas, se corta. Hay que aclarar que cuando se llegó hasta acá, el 90% del trabajo está listo porque la línea de sus polleras es simple: paños rectos, sin talle, que se atan en la cintura adaptándose a cada silueta. Además de este diseño, Garbarino hace otros dos en los que mantiene el corte, pero cambia la pintura por apliques de acrílico y tela engomada. Todo se consigue en Puro Diseño, Antígona y Utopía (Segundo Fernández 1100 y 1700, respectivamente).

Después de dedicarse 15 años a la escultura, Alicia Hendler cambió el formato XL por el XS para dedicarse a las joyas. Eso sí, nunca abandonó las galerías de arte. Acaba de presentar, en Gascón 36, una selección de sus mejores piezas. La colección contempla diseños minimalistas; orgánicos, donde el secreto es acompañar la forma natural de la piedra; y arquitectónicos, en los que una estructura de metal sirve para dejarlas en un primer plano absoluto.

Plata 950, corales, turmalinas, amatistas, topacios, jades, turquesas, perlas barrocas y hasta piritas, prácticamente sin valor comercial, son el alma de sus joyas. En su local (Armenia 1499) tiene más de 300 accesorios, entre anillos colgantes y aros, y prefiere las piedras naturales a las facetadas, en tamaño original. "Cuando las elijo, privilegio la forma y la magia para esculpirlas. Por eso, cuando llega alguna rara, los proveedores me la separan. Saben que soy la gran candidata", asegura entre risas.

También Diana Schimmel, dueña de Dos Riberas (Pasaje Santa Rosa 4932) cambió la arquitectura por el diseño de accesorios, en los que convoca y evoca a distintos artistas. Usa materiales no convencionales y hay cierta interacción con quien la elige. Una de sus primeras líneas (prendedores) fue realizada en cartón con dibujos de quince originales de Sorondo; siguió con una serie en textil de Torres García: una plancha con varias figuras troqueladas invitan recortar para obtener aros y prendedores. Más tarde, una serigrafía de Ana Eckel inspiró una línea de anillos, collares y carteras, mientras que pinturas de D´Arienzo, en combinación con hilos de seda y cristales, les dieron entidad a colgantes.

Y no es fácil crear con materiales no convencionales. Sin embargo, D. S. fue elegida para abastecer al Museo Thyssen, en relación con las obras de Kandinsky, Braque, Stuart Davis, Klee y Miró. "Todos los diseños tienen algo artesanal e industrial", aclara Schimmel, que también creó una línea en plata bordada con mostacillas, piedras y cristales Swarovski. Por lo demás, seda, papel, cuero, cable, PBC, cerámica y resina son algunos de los materiales que, en manos de esta artista, pueden ransformarse en objetos de culto.

Gabardina en el museo

Incomfort funciona, la muestra de la artista plástica Silvina D´Alessandro, en el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires (San Juan 350) . Una instalación que plantea interrelaciones entre el arte y el diseño de indumentaria, tema que la artista trabaja desde 1999. El prefijo in lejos de funcionar como negación de comfort, parece remitir al adentro o interior del diseño como idea. "Para inventar una forma suelo basarme en un objeto y resulta entonces un diseño de un diseño. También tomo la buena intención del diseño que surgió para mejorar la calidad de vida de la gente", explica. La instalación está compuesta por distintas partes: una mesa de trabajo con telas recortadas con diferentes formas y apiladas como paquetes, un montículo de retazos a la manera de desechos en una de las esquinas de la sala, una pared recubierta por grandes bolsillos que siguen una disposición seriada, y otras dos paredes que exhiben formas que también juegan con la geometría, la combinación de los colores de los materiales y la reproducción en serie. Eligió telas que tienen que ver con la ropa de trabajo como gabardina, denim, guata. Uno de sus intereses es lograr la estetización de un material noble. Una reflexión que detiene el diseño antes de que se vuelva funcional y al arte antes de que se vuelva mera contemplación. Hasta mediados de septiembre. Entrada, un peso. Miércoles, gratis.

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