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Nuevos ingresos tras un plan forestal

Hace cinco años contaba con 800 hectáreas que no parecían aptas para desarrollar ninguna actividad; ahora están ocupadas por plantaciones
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28 de agosto de 2004  

Enrique Smith Estrada, propietario del establecimiento La Elisa, supo convertir un problema en un negocio. Hace sólo cinco años, la empresa contaba con 800 hectáreas que hasta entonces parecían no aptas para desarrollar ninguna actividad productiva. Hoy, la implementación de un plan forestal permitió generar nuevos ingresos sobre esas tierras y las expectativas son prometedoras.

El proyecto se convirtió en un modelo para los campos de la zona, y en la actualidad La Elisa recibe pedidos de asesoramiento. "Se trata de una opción válida para obtener una renta en suelos improductivos. La mayor parte de los productores no toma debida cuenta del manejo de la masa forestal de sus campos y deja de ganar bastante dinero por eso", destacó Eduardo Cremonini, asesor forestal del establecimiento.

Además, los planes forestales pueden ser beneficiados por el Gobierno con subsidios que llegan, en algunos casos, a cubrir hasta el 80% de los costos del proyecto, y gozar también de importantes exenciones impositivas.

Desde el comienzo

La Elisa es una empresa integrante del CREA Capitán Sarmiento-Baradero con una elevada diversificación. Cuenta con 4200 hectáreas destinadas a la producción agrícola, tambos, arándanos, colmenas, una planta procesadora de miel (que se comercializa en el mercado interno con la marca homónima), y ahora un plan de forestación. Además, la firma está relacionada con el Centro de Inseminación artificial La Elisa (Ciale).

Pero la historia del plan de forestación comienza en 1992. Hasta entonces existían en el establecimiento cerca de 800 hectáreas inundables, ubicadas a orillas del río Arrecifes, sobre las que no lograban implementar ninguna actividad productiva. La empresa, sin embargo, se había fijado la meta de hacerlas rentables: "Probamos con agricultura y con pasturas para cría, pero los bajos suelen inundarse a causa de las reiteradas crecidas del río y entonces el agua se llevaba todo", dijo Juan Ochoa, administrador de La Elisa.

Tras varios intentos fallidos, ese año apareció la solución. Cremonini trabajaba en el manejo de las cortinas de eucaliptos del establecimiento y, tras ser consultado respecto de si era factible desarrollar un proyecto forestal en los bajos, consideró que la posibilidad era viable.

Así fue como en 1992 comenzaron las tareas y, a modo de plan piloto, se plantaron 1,8 hectáreas con sauces de la variedad Americano y de los híbridos 131/25 y 131/27. Con el paso de los años, los árboles evolucionaron de un modo favorable, sin que fuera necesario dedicarles ningún tipo de cuidado.

En 1999, la empresa decidió avanzar sobre el proyecto: se agregó superficie, hasta alcanzar, en la actualidad, casi 400 hectáreas de bajos dulces forestados. Y se sumaron álamos (con variedades australianas) a las tierras más altas y de mayor aptitud, ya que los requerimientos de estos árboles son mayores respecto de los sauces, que son una especie más rústica.

El costo inicial de plantación de álamos y sauces en la zona de Baradero ronda los 1200 pesos por hectárea. A este importe debe sumarse alrededor de 30 pesos por año por hectárea en concepto de cuidados.

El primer paso para forestar los bajos consistió en plantar estacas de 0,70 a 1,30 metro de longitud (el largo dependerá del terreno, según la cantidad de agua que suela acumularse con las crecidas), bañadas con una solución de hormonas enraizantes. Se clavan unas 1100 estacas por hectárea, las que servirán de guías para el crecimiento de los árboles.

Los álamos y sauces se cortan cada 10 años, pero también puede obtenerse madera antes de la tala final, a partir de raleos. Además, estas especies rebrotan luego de ser taladas. "Para esto es imprescindible hacer un manejo del rebrote luego del segundo año del corte, porque de éste van a salir varios vástagos y es necesario dejar sólo entre uno y hasta tres vástagos para obtener una madera de buena calidad al final del ciclo", indicó Cremonini.

El técnico señaló que los terrenos forestados pueden ser aprovechados también para el pastoreo del ganado, aunque éste sólo podrá ingresar en el lote a partir del tercer año de realizada la plantación, una vez que los árboles estén bien arraigados y no puedan ser dañados. Esta inclusión servirá, a su vez, para liberar la tierra de malezas.

En los terrenos lindantes con los afluentes del río Paraná (La Elisa se ubica sobre el río Arrecifes, el que, tras desembocar en el río Baradero, llega hasta el Paraná de las Palmas), en el norte de la provincia de Buenos Aires, existen zonas de bajos muy interesantes.

Zona propicia

Baradero es, además, una zona propicia para la forestación de estas especies porque "no existen enfermedades ni insectos que afecten la calidad de la madera. Y un producto libre de insectos y enfermedades es potencialmente exportable", destacó Cremonini.

Asimismo, para que un proyecto forestal sea posible -advirtió el técnico-, debe ubicarse a una distancia no mayor de 300 kilómetros de las principales zonas de consumo (Zárate, San Pedro, San Fernando y Tigre). De lo contrario, "el elevado costo del flete hace inviable el negocio", explicó.

Por su parte, Ochoa contó que este año fueron taladas las 1,8 hectáreas de sauces sembradas en 1992, con lo cual obtuvieron una renta de 5100 pesos. "En las casi dos hectáreas -en las que se habían plantado 2900 estacas de sauces- obtuvimos 283 toneladas de madera, que vendimos a una fábrica de molienda (elaboradora de pasta celulósica) a un precio neto de 18 pesos por tonelada", agregó.

"La iniciativa generó una renta que puede considerarse como un plazo fijo o un fondo de jubilación", opinó Cremonini, y añadió que muchos productores dejan de ganar bastante dinero por no tomar debida cuenta del manejo de la masa forestal de sus campos.

"Los árboles que integran cortinas o montes de protección exigen una poda al cabo de un determinado ciclo. Por ejemplo, a los 30 años los eucaliptos se desarrollan en forma tal que un temporal puede derribarlos y, cuando esto sucede, cae el árbol con todas sus raíces; en ese caso, el productor va a tener que pagar para que se lo lleven. Pero si a ese mismo árbol se lo hubiese talado en su debido momento se obtendría, además de una ganancia, una nueva plantación de eucaliptos a los 7 u 8 años gracias al rebrote", concluyó.

Subsidios

La ley N° 25.080 (Inversiones para bosques cultivados) establece una serie de subsidios y exenciones impositivas para los planes forestales. Se trata de un apoyo económico no reintegrable de hasta el 80% del costo para superficies de hasta 300 hectáreas por año y de hasta el 20% para áreas de 301 a 500 hectáreas por año.

"El subsidio se otorga, en general, a partir de los 15 meses, cuando la plantación está lograda. Si es una plantación grande, las direcciones forestales provinciales o municipales envían -por orden de la dirección forestal de la Secretaría de Agricultura- una inspección para verificar la plantación", apunta Cremonini.

Otro aspecto muy importante es que las hectáreas forestadas pasan a estar exentas del pago del impuesto inmobiliario. El trámite para lograr dicha exención -según Cremonini- tarda también unos 15 meses. Además, el empresario puede acceder a la devolución anticipada del IVA resultante de la compra de los insumos y de los servicios necesarios para lograr la plantación.

Los subsidios, además, también se pueden aprovechar para realizar cortinas forestales. Pero, en todos los casos, el plan de forestación debe estar avalado por un técnico forestal inscripto en el registro de profesionales de la Dirección de Forestación de Agricultura.

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