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Paisaje lunar, fósiles y huellas del tiempo en Ischigualasto

En el parque provincial se hacen importantes descubrimientos
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29 de agosto de 2004  

PARQUE PROVINCIAL ISCHIGUALASTO.- Primero se sube al auto, después se ceba un mate y finalmente lo suelta: "Ischigualasto no quiere decir nada. Asto significa lugar, pero ischi no tiene traducción".

Sólo ahora está más tranquilo uno de los guías del parque. Parece que se ha dicho de todo sobre el significado de este nombre difícil. "Hasta me llegó que en algún lado escribieron sobre el cacique Ischigualasto, que nunca existió, por supuesto", aclara el guía, con sonrisa indignada.

En este parque sanjuanino la modalidad de visita es la siguiente: una vez que se juntan unos diez o quince autos de turistas, el guía elige el que más le gusta, se sube y comienza el circuito, de 42 kilómetros y unas tres horas de duración.

Quizá resulte aburrido, como esas clases de geografía en las que uno sólo quería escuchar el timbre del recreo, pero conviene recordar algunos conceptos. En el triásico, el primer período de la era mesozoica, había un único continente, Pangea, y un solo y enorme océano, y los cambios por aquella época fueron trascendentales. Se extinguieron muchas especies vivientes y aparecieron nuevas, como los dinosaurios.

El Valle de la Luna tiene el aspecto duro y rugoso de la piel del elefante. Y sí, el nombre está bien puesto pensando en las típicas fotos lunares.

Es una depresión inmensa, desolada y gris, que provoca una sensación extraña y miles de preguntas con respuesta en construcción, como los sitios Web.

El guía toma la palabra: "Esto que ahora ven así de seco antiguamente estaba cubierto de pantanos y el clima era tropical". Más preguntas, muchas más dudas que son trampas para seguir investigando y leyendo sobre un período con gigantescas transformaciones climáticas y geológicas.

En Ischigualasto se encontraron restos de los dinosaurios más antiguos del mundo, y más de 20 especies de vertebrados que convivieron con los primeros dinosaurios.

La primera expedición para explorar las huellas del triásico en Ischigualasto fue en 1958, comandada por el gran paleontólogo Alfred Romer, que en su informe describió: "Cada paleontólogo sueña con encontrar algún día un yacimiento virgen cubierto con cráneos y esqueletos. Casi nunca se realiza este sueño. Para nuestro asombro y felicidad, el sueño se cumplió en Ischigualasto".

Ese sueño también es una realidad para los investigadores de ésta época. Cómo el paleontólogo Guillermo Heredia, que guía a los visitantes por el museo y explica los trabajos de campo con la pasión de alguien que acaba de encontrar un tesoro. Cómo se limpia un fósil, cómo se envuelve para preservarlo y cómo se reconstruyen.

El museo es precario, está junto al centro de visitantes, en una gran carpa que, si hay viento, parece que va a salir volando. Pero hay que conocerlo y escuchar las explicaciones que serenan la ansiedad. Aunque en Ischigualasto esto no es fácil. Los guías hablan del principio, de hace cientos de millones de años, pero el paisaje infinito y vacío también recuerda el fin.

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