Casero se refresca

Poco antes de iniciar el nuevo ciclo de "Cha cha cha", en América, el cómico habló con La Nación sobre el difícil oficio de hacer reír.
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13 de febrero de 1997  

Decir que para Alfredo Casero el humor es parte de una religión que profesa no sería una exageración. Sobre todo porque el mismo lo define como "una cuestión sagrada" o "un elemento de Dios". Y sobre todo, también, porque está convencido de que es la mejor medicina contra el dolor. Así de simple. O de complejo, porque, en realidad, para el creador de "Cha cha cha", el humor es cosa seria. Horas antes de partir hacia Puerto Madryn, donde pasa las horas practicando buceo y escribiendo el guión de su nuevo programa -"Cha cha cha, la parrilla del señor", que se verá por América en dos emisiones de media hora, a partir de marzo-, Casero recibió a La Nación en su departamento de Villa Crespo. El objetivo: hablar de la nueva temporada de su ciclo. El resultado: una extensa charla sobre el difícil oficio de ser humorista en este "apocalíptico fin de siglo".

Casi sin necesidad de que se le pregunte nada, el humorista empieza a hablar. Y las palabras le salen a borbotones. Por momentos se arrepiente, frena la entrevista y pregunta:"¿No me estoy poniendo demasiado oscuro? Hablemos de cosas más lindas". Pero es sólo un momento, después retoma la charla y sigue en la misma línea.

-En el ciclo del año pasado, "El estigma del doctor Vaporeso", se burlaban del nacionalismo. ¿Cuál será el tema de este año?

-"La parrilla del señor" tiene que ver con lo apocalíptico de esta época. Algo de lo que realmente somos parte, pero de lo que también nos podemos reír. Porque la verdad es que a mí no me van amargar con este tema. Le tengo miedo a la muerte, al sufrimiento, pero no a ésta época. Además pasan cosas tan absurdas que es difícil no reírse. Por ejemplo, esa reunión que hubo en Punta del Este, en enero, cuando un grupo de imbéciles fue a tirarse a la arena para recibir a la Era de Acuario. ¡Faltan trescientos años para eso! Y ellos se revuelcan para conectarse con la naturaleza...Se conecta con la naturaleza un negro que muere de hambre en Africa, que prácticamente es tierra cuando todavía no es un cadáver.

-Eso suena realmente apocalíptico...

-Es que no se puede negar el estado del mundo ni el de la naturaleza, que de por sí es violenta. Por ejemplo, uno imagina que el nacimiento de un hijo es algo bellísimo y la verdad es que es horrible: todo en la naturaleza es una explosión de sangre. Y es muy duro.

-¿Cuál es el lugar del humor entonces?

-Justamente el de paliar esas cosas.El buen humor hace que el tipo que tiene dolor, se ría. Cuando uno vive con una persona malhumorada, automáticamente empieza a soñar. Y los soñadores llenos, los que sueñan mucho, se convierten en personas frustradas. De ahí el tango "Uno":"...uno busca lleno de esperanzas el camino que los sueños prometieron a sus ansias...". Es así.Cuando alguien te hace daño, te está negando la posibilidad de humor. Y eso es lo peor que nos puede ocurrir.

-¡Cuánta responsabilidad para el humor!

-Es que el humor es una cuestión sagrada, sirve como un elemento de Dios. Es lo que te acerca a tu creador. Cuando uno se ríe a carcajadas, siempre hay algo que lo pone en su lugar: los dolores. Y eso es lo que separa, lo que marca cuáles son los problemas que uno tiene. Así, el humor y la risa se convierten en un diálogo muy extraño con Dios que nos está diciendo qué cosas están mal.

-¿Pensaste en eso cuando decidiste ser cómico?

-No sé. Es muy difícil ser cómico y hacer humor porque siempre te estás metiendo con el alma de algunos. Por ejemplo, la tradición de "Cha cha cha" siempre fue mostrar de una manera de fácil entendimiento, algo que a todos nos parece que estaría mejor si no actuáramos de esa manera. Y el año pasado no hubo ningún policía que se haya molestado por nuestro sketch. ¿Por qué? Porque estamos mostrando una serie de policías que a la gente le gustaría ver.

-Sin embargo, hace dos años tuvieron problemas con la Iglesia...

-Sí; da lástima. Lo que hicieron fue presionar sobre un grupo de anunciantes para que levantáramos esa parte del programa. Realmente, dan lástima. Sobre todo porque esa no es toda la Iglesia. En la Iglesia hay mucha gente realmente piola. Pero aguántense: este año voy a hacer una sección que se llamará "Dios contesta". Y por ejemplo, si le preguntan ¿por qué no alcanza la comida para todos?, Dios va a responder: la naturaleza no es buena.Yo les dí un lugar lo más natural posible.Lo que pasa es que antes, un tipo se moría a los cincuenta años, y ahora, ustedes, han hecho de todo para viva hasta los ciento diez.

-Hay alguna gente que dice que no entiende el humor de "Cha Cha cha". ¿Les preocupa eso?

-No, porque hay muchas cosas de muchos programas que yo no entiendo. Por ejemplo, yo no entiendo nada de los programas de computación y no espero que me lo expliquen a mí, personalmente. Así que cambio de canal y listo. Yo sé que hay gente que no entiende Cha Cha Cha; sé que hay otros que lo odian, y que además hay otros que creen que lo hacemos así para que ellos no lo entiendan.Pero la verdad es que nosotros somos cómicos. Nada más que eso.

-¿Y el rating? ¿Les preocupa?

-A mí me importa que me vean. Honestamente no sé lo que es el rating. Para mí, es como si existiera una persona a la que hay que rendirle culto y cuidados, pero uno no sabe quién es . Yo le tengo respeto a la gente.Si la gente lo ve, estoy feliz y sino, no estoy feliz.

-Pero el año pasado tuvieron un problema con América por el tema del rating y, por lo que se supo, estuviste a punto de irte del canal.

-No fue por el rating. Fue porque un salame pensó que tenía que enseñarme cómo tenía que hacer mi trabajo. Gente que no tenía la menor idea de lo que estábamos haciendo vino a darme consejos y a opinar sobre el programa. De todas maneras, fueron giladas; giladas que obviamente me sacaron energía, que voltearon un montón de cosas y que determinaron que algunos actores se fueran. Pero el mundo es redondo...Y después dicen que yo soy una persona difícil.

-¿Eso es verdad?

-Lo que pasa es que la gente tiene poder sobre uno. Y ante ese poder hay dos reacciones posibles: o la violencia o el aprendizaje para que eso no ocurra más. Ni me imagino las cosas que tendría que soportar Alberto Olmedo, que era popular de verdad. Lo que pasa es que yo no estoy acostumbrado a estar encerrado en un auto con vidrios polarizados y anteojos negros todo el día; yo camino entre la gente.Y a mí me molestan algunas reacciones. Sabés qué terrible que es cuando vas por la calle y te gritan, señalándote: Eh, sabés quién es este, ¡el gordo Casero...! Hace poco me agarré a trompadas con un muchacho que me acusó, a los gritos, de vivir de la gente. Sí, claro que vivo de la gente, como todos, pero eso no le da derechos a él para manosearme y meterse en mi vida... Ser cómico es durísimo.

-¿Por qué?

-Porque en este país destruyeron a todos los grandes cómicos. Pero a mí no me van a destruir. Yo estoy convencido de que si me toca ser el sobreviviente de esta época, voy a seguir siendo el cómico de los que queden. Y también sé que hasta el fondo de la caída de esta situación apocalíptica y el saltito para salir, yo los voy a acompañar.

Coquetería

Nadie dudaría en definir a Casero como un transgresor. Por eso, nadie imaginaría que, además, es coqueto. Pero lo es. Durante la entrevista, aclaró que le habían salido dos ampollas en el labio. Pero a la hora de las fotos, su preocupación se volvió casi una obsesión. Y para lograr una toma sin "defecto", buscó cuanto elemento había a mano para taparse la boca. Primero fue un abanico, después las manos, después un adorno, y hasta una cáscara de nuez que apenas cubría una parte mínima de su labio. Estética trangresora que le dicen.

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