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Política, humor y disparate

LA VIDA POR PERON Por Daniel Guebel- (Emecé)-190 páginas-($ 25)
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26 de septiembre de 2004  

Revisitar la militancia revolucionaria de los años sesenta y setenta es, de un tiempo a esta parte, tarea de muchos. Frente a la ausencia de investigaciones históricas que signó la década del noventa, relatos testimoniales, memorias y biografías han ido reconstruyendo una historia de las organizaciones armadas que restituyó de su militancia política a las víctimas del terrorismo de Estado. La novela La vida por Perón, de Daniel Guebel, basada en un guión cinematográfico escrito por el mismo Guebel en colaboración con Luis Ziembrowski, interviene en ese entramado discursivo corroyendo algunos de los mitos fundacionales de la lucha revolucionaria peronista.

La acción de la novela se concentra en el 1° de julio de 1974, día de la muerte del general Juan Domingo Perón. Es también el día de la muerte del padre del protagonista de la novela, Alfredo Alvarez, un militante peronista que ese mismo día se incorpora a la "Orga" no tanto por los principios políticos que rigen a la organización montonera sino por la atracción que le despierta una de sus dirigentes. Día de duelo para Alvarez, que vela a su padre en su casa mientras sigue las imágenes del velorio del general a través de la pantalla de un televisor; día de duelo que comienza a trastornarse cuando un comando montonero copa la casa de Alvarez con el objetivo de sustituir el cadáver del general Perón por el cuerpo embalsamado y maquillado de su padre. En la construcción de este escenario macabro, resuenan en la novela Guebel tanto la "fúnebre farsa" del cuento "El simulacro", de Jorge Luis Borges, donde se narra la simulación y reproducción del velorio de Eva Perón en un rancho del Chaco, como el grotesco de A las 20:25 la Señora entró en la inmortalidad de Mario Szichman, en el cual se sobreimprimen dos muertes y dos velorios, el de Eva Perón y el de una tía del protagonista. Como Borges y Szichman, Guebel recurre a los procedimientos de la farsa y del grotesco para narrar una impostura. Y lo hace para reflexionar tanto sobre una mitología política fundada sobre el cadáver de Perón como sobre las apropiaciones que las organizaciones armadas peronistas de los años setenta hicieron del mito peronista. Si el Perón evocado por uno de los montoneros de la novela sostiene que "el peronismo será revolucionario o será una épica fraudulenta, un episodio menor en la historia de la picaresca", La vida por Perón convierte a los protagonistas de ese peronismo revolucionario en personajes de una picaresca que deviene en tragedia.

A diferencia de la deriva disparatada y humorística con la que Guebel abordó el mito revolucionario en dos de sus novelas anteriores, El terrorista y El perseguido, uno de mayores méritos de La vida por Perón es que el disparate y el humor no sólo están en la base de la configuración de los personajes sino que son inherentes a las formas de la argumentación. A través del humor, Guebel quiebra el automatismo de la retórica de las organizaciones armadas peronistas de los años setenta para narrar una tragedia: la tragedia en que las formas del decir -"Perón o muerte", "La vida por Perón"- se convirtieron en formas del morir.

Sylvia Saítta

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