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Un Nino Rota en versión lírica

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26 de septiembre de 2004  

"I due timidi" , ópera de Nino Rota, sobre libreto de Rota y Suso Cecchi D´Amico. Elenco: Graciela Oddone (Mariuccia), Alejandra Malvino (la señora Guidotti), Gabriel Centeno (Raimondo), Gabriel Renaud (el doctor Sinisgalli), Vanesa Mautner (la madre de Mariuccia), Juan Barrile (el narrador) y Sonia Stelman, Adriana Mastrangelo, María Bugallo, Leonardo Estévez y Carlos Sampedro (habitantes de la pensión). Pianista en escena: Irene Amerio. Orquesta Estable del Teatro Colón. Opera de Cámara del Teatro Colón.

Próxima función: Hoy, a las 17.

Con el antecedente de "El emperador de la Atlántida", de Viktor Ullmann, como su inmediato predecesor, no iba a ser sencillo para la Opera de Cámara del Colón promover un espectáculo que pudiera alcanzar aquel nivel y aquel suceso. Si bien las actuaciones individuales y los planteos colectivos fueron más que aceptables, "I due timidi", de Nino Rota, en sí misma no posee los valores suficientes como para poder ayudar a acercarse a aquella excelencia.

Las muchas glorias de Rota se asientan en sus celebérrimas bandas de sonido para películas. Pero su originalidad -con importantísimas deudas, en especial, a la música escénica y fílmica de Shostakovich- no aparece en esta ópera, salvo, y no es casual, en los pocos intermedios de música instrumental, momentos en los cuales se pueden percibir sus características melodías anguladas, o, al menos, no onduladas ni lineales, algunas combinaciones tímbricas muy personales y ciertas sorpresas armónicas (pocas).

Aunque Rota utiliza recursos idiomáticos de determinadas escuelas del siglo XX, en sus desarrollos dramáticos hay claras conexiones con ideas puccinianas e incluso verdianas que, de por sí, no son ni criticables ni elogiables, aunque, ciertamente, poco sorprendentes. Por lo tanto, lo más interesante de esta ópera es su argumento, breve y contundente, antirromántico en su desenlace y, de algún modo, emparentado con el neorrealismo italiano de la posguerra en su costumbrismo de pobrezas, en la construcción psicológica de sus personajes y en lo irremediable y algo funesto de sus desenlaces.

Concebida originalmente como ópera radial, en 1950, "I due timidi" recurrió a un narrador, recurso devenido del oratorio, para que fuera comentando y poniendo en situación sobre todo lo que no podía ser visto. En 1953, la ópera fue adaptada para su representación escénica, pero no se prescindió de este glosador, con oficio de zapatero, y, por momentos, la duplicación entre lo visual y su explicitación textual es un tanto redundante.

Puesta atractiva

En general, la puesta de "I due timidi", de Mario Camarano, es muy atractiva. La pensión de la señora Guidotti está delineada por una estructura de armazones huecos en dos plantas y completada por un panel posterior y un mobiliario mínimo. Son muy atinados y dinámicos los movimientos escénicos y, en general, las actuaciones están muy bien logradas.

Los dos tímidos, dos personajes que, por su naturaleza, no tienen ninguna chance de convertirse en héroes operísticos, ni trágicos ni cómicos, están muy bien concretados por Graciela Oddone y Gabriel Centeno.

Mariuccia parece ser un papel ideal para Oddone, por la extensión del registro y la vocalidad requerida, por las cualidades camarísticas del contexto y porque le permite exhibir su notable capacidad teatral. Centeno, por su parte, despliega un canto sólido, muy bien timbrado, con muchas variantes interpretativas, en lo musical y en lo teatral. Tan bien construyen sus roles que, en definitiva, más que aprecio o admiración suscitan lástima y un poco de fastidio. Definitivamente, la timidez, el retraimiento y la pusilanimidad no son buenas cartas de presentación para alcanzar la gloria en el mundo de la lírica. Del resto del elenco, por la relevancia de sus personajes, se destacan Malvino y Renaud. La orquesta es bien conducida por Ligia Amadio y los balances entre las voces y lo instrumental están bien cuidados.

Si cierta curiosidad, una sanísima práctica que nunca habría que dejar de lado, existe en el amante de la música y de la ópera, pues no habría que dejar pasar la oportunidad de ver cómo es y cómo suena una ópera de Rota. Su brevedad -la obra tiene una extensión de unos cincuenta minutos- pasa por ser una virtud digna de elogio. A lo largo de la historia, han existido operistas que no supieron valorar exactamente cuál era la medida temporal más apropiada para obras cuyos argumentos y materiales musicales, en definitiva, son mucho menos interesantes y más insuficientes que los de "I due timidi".

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