Suscriptor digital

La Argentina y los comicios en EE.UU.

(0)
28 de septiembre de 2004  

Las elecciones presidenciales en los Estados Unidos, previstas para noviembre próximo, están generando en nuestro país -como en gran parte del mundo- una enorme expectativa, por el impacto que su resultado podría tener en el futuro de la política exterior norteamericana y, en particular, en las relaciones bilaterales.

Sin embargo, cualquiera que sea el ganador en la carrera por la Casa Blanca -tanto el presidente republicano, George W. Bush, como su contrincante demócrata, el senador John Kerry- no deberían esperarse modificaciones drásticas en la política exterior norteamericana. Esta ha estado y seguirá estando dominada por el conflicto bélico en Irak y por la guerra contra el terrorismo.

Cuando llegó a la Casa Blanca, cuatro años atrás, el presidente Bush anunció que su prioridad en materia de política exterior sería el restablecimiento de un vínculo de mayor confianza y acercamiento con América latina y que ese afianzamiento, entre otros caminos, se daría por medio del Acuerdo de Libre Comercio de las Américas (ALCA). Pero los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001 alteraron su visión original y modificaron dramáticamente la agenda de prioridades. América latina pasó a un segundo plano y la intransigencia del gobierno de los Estados Unidos para reducir las barreras arancelarias o eliminar los subsidios agrícolas que distorsionan el comercio y amplían la brecha entre los países ricos y los que están en vías de desarrollo dejó en suspenso las negociaciones del ALCA.

Siguiendo el camino de Bush, a dos meses de las elecciones, el candidato presidencial demócrata, John Kerry, ha prometido -él también- revitalizar las relaciones con América latina, por medio de una comunidad democrática de las Américas. Pero ha sido muy claro en señalar que la principal prioridad para su país estará dada, en materia de política exterior, por la seguridad nacional y la guerra contra el terrorismo.

La crisis económica de la Argentina puso recientemente a prueba la relación bilateral. La potencia del Norte jugó un papel preponderante al respaldar la posición argentina en el FMI, aunque poniendo siempre de manifiesto que la responsabilidad final para dejar la crisis atrás le corresponde a nuestro país. En lo comercial, se dieron algunos pasos importantes, que permitieron el ingreso de una mayor cantidad de productos argentinos al mercado norteamericano, aunque continúan sin resolverse problemas de fondo, tales como los subsidios agrícolas.

Sería un error suponer que un hipotético cambio en la cima del poder de la principal potencia del mundo podría redundar en beneficio de la Argentina. Es fundamental entender que el gobierno nacional no puede apostar a un cambio de manos en el poder norteamericano como una vía de solución para los problemas del país, ya que es nuestra plena responsabilidad construir el camino para afianzar el proceso de recuperación económica que ha aparecido en los últimos meses.

Es de esperar que en un contexto internacional donde, como consecuencia de la guerra en Irak, el clima antinorteamericano ha crecido, el gobierno de Néstor Kirchner no caiga en la equivocación de tomar abiertamente partido por alguno de los candidatos, abrigando la esperanza de cosechar algún beneficio de corto plazo. Por el contrario, la prudencia aconseja mantenernos prescindentes de cara al proceso electoral de los Estados Unidos.

Esta nota se encuentra cerrada a comentarios

Usa gratis la aplicación de LA NACION, ¿Querés descargala?