Jorge Luis Borges

De amores frustrados y libros

Considerado el autor de la que quizá sea la biografía más definitiva de Borges, Edwin Williamson establece un paralelo entre la obra del autor de "El Aleph" y sus fracasos amorosos
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10 de octubre de 2004  

EDIMBURGO

Seguramente, está destinada a ser considerada como la "biografía definitiva" por mucho tiempo. Borges, a life, recientemente publicada en Londres y en Nueva York, ha cosechado elogios por su exhaustiva investigación. La prestigiosa revista británica The Economist, por ejemplo, felicitó a su autor, el catedrático de Oxford Edwin Williamson, por descifrar las claves "elaboradamente codificadas" contenidas en la obra de Jorge Luis Borges sobre "los tormentos sufridos por el autor debido a sus repetidos fracasos en el amor". Pero el libro ha despertado también polémica por su interpretación psicológica de la personalidad y la obra de Borges. Una reseña en The Washington Post castigó a Williamson por interpretar los cuentos y poemas de Borges como "sublimaciones" de sus "fantaseos y decepciones eróticas" y desatender su valor como "obras de arte altamente originales".

Sin embargo, Williamson nos dice que estas decepciones sentimentales, así como también las políticas, contribuyeron a la construcción de una obra que erige a Borges probablemente en el más importante autor latinoamericano del siglo XX. "Transformó la angustia de ser argentino... en un emblema de la condición universal", dice la biografía.

Desde su hogar en Edimburgo, en entrevista exclusiva con LA NACION, Williamson explica cómo logró el escritor argentino semejante hazaña literaria.

-¿Qué hace a Borges tan especial para usted?

-Yo compartía la impresión tan difundida, especialmente en el extranjero, de que Borges era un escritor cosmopolita, universal, desarraigado de un contexto cultural específico. Pero después de escribir The Penguin History of Latin America, donde me propuse relacionar la historia política y económica de América latina con su historia cultural, sentí curiosidad por situar la obra de Borges en su contexto argentino. Esto me llevó a la idea de una biografía, porque al indagar algo más en la vida de Borges me di cuenta de que había muchas incógnitas, muchos huecos. Más fascinante aún fue comprobar que Borges mismo había declarado repetidamente que su obra tenía una base autobiográfica.

-¿Lo sorprendió descubrir tantos paralelos entre la vida y la obra de Borges?

-Sí, mucho. En este sentido, Borges sí que vivía a través de la literatura, volcaba sus emociones en su escritura pero las transformaba en símbolos, y así cobraba cierta distancia de experiencias que a menudo lo habían hecho sufrir. Lo importante para mí era encontrar las claves autobiográficas y el método más eficaz fue correlacionar, hasta donde fuera posible, la cronología de los escritos y la de sus vivencias. Poco a poco iban surgiendo correspondencias, temas recurrentes, motivos y ecos que prometían conformar una historia extraordinaria. Lo importante entonces para mí fue procurar crear una narración que envolviera al lector, haciendo resaltar lo dramático, intenso y realmente patético de la historia personal de Borges, y mostrar cómo esa vida fue el caldo de cultivo de una obra genial.

-Usted contrasta al padre de Borges, un "hijo anarquista de una viuda inglesa", con su madre Leonor, "católica, burguesa, y obsesionada con su linaje criollo". ¿Cómo afectaron al escritor estas diferencias?

-Lo que ocurrió entre Jorge Borges y Leonor Acevedo fue un coup de foudre, se casaron a menos de un año de conocerse. Hubo un intenso amor, pero los amantes eran casi incompatibles en temperamento y valores. Esa división marcó a Borges profundamente, y yo la represento como un conflicto entre la espada del honor, asociada con la madre y los antepasados heroicos, y el puñal de la transgresión, asociado con el padre y los malevos del "culto del coraje" creado por el poeta Carriego. Se debate este conflicto en el mundo interior de Borges hasta que por fin consigue liberarse de esos fantasmas hacia la mitad de la década del sesenta.

-Cuando volvió de su larga estadía en Europa, Borges escribió poemas sobre Buenos Aires. ¿Estaba haciendo un esfuerzo por integrarse a su país de origen?

-Sin lugar a dudas. Después de siete años viviendo con su familia en Suiza y en España, el joven Borges se siente muy extraño en Buenos Aires. Su sentido de "irrealidad" se ha acrecentado enormemente, y su asistencia a la tertulia de Macedonio Fernández no hace más que darle un sesgo intelectual a esa alienación. Pero cuando se enamora de Concepción Guerrero, esto cambia. En mi libro sigo el curso de esta progresiva inmersión de Borges en su tierra natal, cuyo fruto va a ser precisamente Fervor de Buenos Aires.

-¿Estuvo Borges creando una Buenos Aires ficticia en la que le resultara más cómodo habitar?

-Eso fue lo que él mismo vino a crear en 1930. Ese fervor de Buenos Aires que sentía en 1922 culminó en su invención de un proyecto de criollismo literario y hasta político hacia 1926. La chispa que encendió su entusiasmo fue su lectura del Ulises de Joyce. Concibió la idea de convertir a Buenos Aires en una ciudad mitológica, tal como Joyce lo había logrado con Dublín, y fue mas allá: se propuso crear una mitología basada en la cultura popular de los barrios periféricos. Esta mitología le otorgaría a Buenos Aires -y por ello a la Argentina misma- una identidad cultural nueva y moderna que convendría tanto a la multitud de inmigrantes como a los criollos. Borges concibió su criollismo como ecuménico y democrático, y en el presidente Irigoyen vio una especie de Mesías que haría cuajar en el campo político lo que él aspiraba a realizar en el cultural. Sin embargo, esta visión pronto empieza a desintegrarse. La razón es doble: un fracaso amoroso y el golpe militar que derroca a Irigoyen en 1930.

-Usted relata la larga obsesión de Borges por la escritora Norah Lange y dice que el rechazo de ella fue "uno de las más grandes reveses de su vida".

-Esa fue la mayor y más asombrosa revelación de mis investigaciones: el amor de Borges por Norah Lange y lo largo y tortuoso de esas relaciones. Se enamora de Lange por la época en que lee el Ulises, y Norah se convertirá en la musa de su proyecto criollista de escribir una novela o un poema épico de Buenos Aires. Pero en 1926 Norah se enamora bruscamente de otro hombre, y ese desastre deja a Borges completamente desorientado. Pierde su voz poética. Se desmorona su criollismo. Ese es el hecho capital que explica su extraordinaria evolución del poeta whitmaniano que aspiraba a ser hacia el escritor desilusionado, kafkiano, que aparece una década más tarde y va a escribir las ficciones que le traerán fama mundial.

-¿Qué papel jugó el tema del rival, tan presente en sus trabajos, en esta relación?

-El tema del rival cobra un sentido intensamente personal a raíz de su relación con Norah Lange, ya que el hombre del que ella se enamora es el poeta Oliverio Girondo. Este hecho agudiza el sufrimiento de Borges de manera espantosa, porque Girondo ya era su principal rival dentro de la vanguardia literaria antes de la catástrofe personal. No se podían ver.

-Usted postula que su cuento "El Aleph" alude probablemente a la casa de Lange. ¿De qué otras maneras aparece Lange en sus trabajos?

-La casa de la familia Lange en la calle Tronador era donde Borges y sus amigos se reunían los sábados por la tarde. Allí conoció a Concepción Guerrero y allí también se veía con Norah, después de que ésta sustituyera a Concepción en su corazón. Hay indicios de que la Casa de Beatriz Viterbo en "El Aleph" tiene su fundamento autobiográfico en la casa de las hermanas Lange, y por tanto se podría decir que Beatriz Viterbo fue concebida como un avatar ficticio de Norah Lange. La memoria de Norah queda inscrita en varios de los textos de Borges, pero en alusiones crípticas que he descifrado en bastante detalle en mi libro. A ella se debe la fascinacion de Borges por los vikingos y otros temas escandinavos, ya que Norah, aunque nacida en la Argentina, era de familia noruega.

-Usted describe a Borges en su temprana juventud inmerso en una "niebla solipsista" que amuralla la realidad. ¿Cómo logró finalmente salir de ella?

-El amor fue tan importante en la vida de Borges porque él creía que sólo el amor podía ofrecerle una salida de esa "irrealidad" en que se veía sumido desde niño. Como se sabe, tuvo múltiples decepciones amorosas, pero hacia mediados de los años sesenta conoce a María Kodama y poco a poco esta amistad va convirtiéndose en un lazo afectivo hasta llegar a florecer en el amor mutuo hacía 1971. Creo yo que uno de los aportes de mi biografía es mostrar las distintas fases en la larga relación de Borges con María Kodama, y especialmente cómo se manifiesta en la obra.

-¿Qué correspondencia halló entre la búsqueda personal de Borges y la búsqueda de la Argentina como nación por una identidad propia?

-Yo creo que Borges mismo sentía esa correspondencia, él tenía un sentido muy hondo de la patria. Desde su retorno de Europa en 1921 tuvo una preocupación constante por el destino de la Argentina. En este sentido, aunque sus temas literarios no fueran políticos, fue un escritor engagé a su manera, se comprometió con el destino de la patria. Mi libro analiza en bastante detalle tanto la evolución de sus ideas políticas como sus decididas intervenciones en el campo de la política a lo largo de su vida.

-Usted muestra el conflicto entre rivales como tema recurrente en la obra de Borges y lo relaciona con rivalidades históricas entre federales y unitarios, peronistas y antiperonistas. ¿Sugiere que Borges eligió morir en Ginebra como símbolo de una tercera opción, una que reconciliara tales rivalidades?

-En las últimas décadas de su vida Borges encontró felicidad en el amor, pero al mismo tiempo tuvo la desgracia de ver a la Argentina sufrir tremendos conflictos. Los últimos años de su vida fueron especialmente dolorosos en este sentido: una tremenda crisis económica, dictadura y guerrilla, el desastre de las Malvinas y, para colmo, la revelación de desapariciones y torturas. Fue esa experiencia tan penosa lo que causó la radicalización política de Borges al final de su vida. En 1977 había regresado a Ginebra, ciudad donde vivió de adolescente, y desde entonces le gustaba pasar una temporada en Ginebra cada vez que visitaba Europa. En el poema "Los conjurados", escrito en 1983, señala a Suiza como modelo de convivencia cívica para sus compatriotas. Hay que fijarse en la palabra "conjurados", porque ésa es la palabra que empleó Borges en 1928 en un discurso ante jóvenes nacionalistas, donde declaró que los criollos deberían formar parte de los "conjurados" para crear "un hombre nuevo", o sea, una nueva identidad argentina compuesta por hombres venidos al país de las varias naciones del mundo. En 1985 Borges, consciente de que su vida va a consumirse pronto, vuelve a esos ideales de su juventud, y de ahí surge la idea de morir en Ginebra, como un acto ejemplar, como un intento de dotar su vida de un significado político a la vez que personal.

El perfil

Catedrático de Oxford

Edwin Williamson es titular de la cátedra de estudios hispánicos en la Universidad de Oxford. También ha enseñado en las universidades de Edimburgo, Trinity College de Dublín y Birkbeck College de Londres.

Historiador

Además de Borges, a life, Williamson es autor de The Penguin History of Latin America, prácticamente un manual de consulta para muchas universidades británicas y norteamericanas.

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