Geraldine Seff: “Sólo en el presente está la felicidad”

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10 de octubre de 2004  

"No confíes en tu mente, que siempre está pensando en lo que pasó o en lo que va a pasar. Céntrate en tu respiración, que es el presente, porque sólo en el presente está la felicidad", dice la investigadora Geraldine Seff, creadora del Centro de Integración Teatral y una de las participantes de Namasté, conociendo la India, el ciclo que acaba de concluir en el Centro Cultural Borges, auspiciado por la embajada de ese país.

-¿Qué es el Centro de Integración Teatral?

-Eso, una integración de artes escénicas de Oriente y Occidente. En este momento estamos por comenzar un curso interesante, Técnicas expresivas del teatro de la India, dirigidas a las necesidades propias del actor occidental. Es el resultado de mis experiencias en la India.

-¿Cuándo fue eso?

-Tengo tres títulos, soy profesora universitaria de arte dramático, profesora superior e instructora, pero cuando me recibí acababa de caer De la Rúa. Había compañeros que se iban al exterior a trabajar de lo que fuese, el panorama era francamente desalentador. "¿De qué voy a trabajar?", me preguntaba. Examinando un listado de becas, encontré una interesante: era de la Unesco, del Fondo Internacional para la Promoción de la Cultura, para desarrollar un proyecto en la India; aclaraba: abierta a todos los ciudadanos del globo. Era mi oportunidad, no fui de vacaciones, elaboré un proyecto y gané la beca. Duró cinco meses, desde el 11 de febrero hasta el 5 de marzo de 2003.

-¿En qué consistía el proyecto?

-En montar un espectáculo a partir de un sistema que crea estados emocionales modificando la respiración. Trabajé con actores del sur de la India, del estado de Tamil Nadu: el grupo se llamaba Roothu-P-Pattarai. Yo daba las clases en inglés pero, como los actores no lo hablaban, otro actor hacía de intérprete. Cuando di la primera clase les pregunté: "¿Entienden?" Y todos comenzaron a bambolear la cabeza con un gesto que para nosotros equivaldría a "más o menos o no mucho". Entonces, el traductor me aclaró que en realidad ese gesto significaba que habían entendido. Sólo entonces comprendí algo que me había ocurrido en el aeropuerto, cuando llegué. Porque pedí agua mineral y el mozo también bamboleó la cabeza. Desconcertada pedí un té, e hizo el mismo gesto. Lo repitió cuando pedí un café y, finalmente, un jugo de frutas. Como seguía moviendo la cabeza pensé que no me entendía y me despreocupé. Pasaron unos minutos y reapareció con una enorme bandeja con agua, té, café y jugo.

-¿Cómo es la India?

-Vivía en estado de shock. Recibía constantemente muchos estímulos: mucho calor, muchos tullidos, mucho color, muchas vacas, muchos monos, mucho olor, mucha mugre, mucho picante, muchos templos... Como si fuera poco, en la India hay 19 lenguas oficiales. Los trenes no son confortables y son lentos; el tiempo promedio de un viaje a distancia es de 30 horas. Además, son muchos y viven apretados. Nuestros criterios de distancia prudencial entre dos personas cuando esperamos en una cola no tienen sentido para ellos y enseguida alguien se nos pone delante. Estaba anonadada.

-¿Qué hizo?

-El director del conjunto me dio un consejo sabio: que no intentara resistirme a la realidad. Tenía que aceptarla, dejar que me traspasara, impregnarme de ella. Luego, transformar todo ese nuevo conocimiento en un hecho creativo, artístico. Eso hice y me sentí mejor. Pero en la India todo es extraño. No usan cubiertos, comen con la mano derecha y, como no hay servilletas, se lavan con la izquierda. Todos ellos tienen las palmas curtidas. Pero yo me quemaba las manos. Además había un problema...

-¿Otro más?

-¡Soy zurda! (ríe) y, a veces, inconscientemente tomaba la comida con la mano izquierda y todos me miraban con asombro. Tuve que ir poco a poco acostumbrándome a comer con la derecha. La comida principal, generalmente arroz, no me gustaba, pero me encantaban los dulces, postres, masas. Son muy empalagosos, pero a mí me gusta lo muy dulce.

-¿Cómo era un día en la residencia artística?

-Nos levantábamos a las 5 de la mañana y recibíamos al Sol. Después meditábamos durante media hora, lo que consistía en concentrarnos en percibir los movimientos sutiles de nuestro cuerpo. Volvíamos a meditar a las 7 de la tarde. Después de la meditación teníamos una clase de silambm, el arte marcial de Tamil Nadu.

-¿Silambm?

-Se hace con cañas de bambú. El tamaño de la caña es la distancia que hay entre el piso y el labio superior del practicante. Después desayunábamos, limpiábamos el aula y yo comenzaba mis clases, que duraban cuatro horas. Almorzábamos y luego teníamos un descanso, la siesta. Como el calor era muy fuerte, aprovechaba para tomar notas. Después teníamos clases de kathakali, danza-drama tradicional de Kerala. Luego bharata natyam, danza-drama clásica de Tamil Nadu. En la India no hay gran diferencia entre teatro, danza y música, incluso las esculturas reflejan movimientos teatrales.

-¿Qué le enseñó la India?

-Muchas cosas, además de técnicas teatrales. Por ejemplo, mirar a las personas a los ojos y no tener miedo de mirar. A estar en silencio y no llenarlo con comentarios triviales. Al comienzo me costaba mucho trabajo y mis silencios eran tensos. Hasta que me acostumbré y pude descubrir la belleza del silencio, su proximidad. Observar lo que ocurría sin interferir ni pensar cómo me gustaría que fuera.





Jarritos

Otro tema era el baño, porque no había ducha, me bañaba tirándome agua con jarritos. La privacidad es muy relativa, pero como yo era una extranjera me habían asignado un lugar reservado. ¡Para ellos, una extravagancia!

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