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Pionero de la industria nacional

Fue fabricado por Horacio Anasagasti en 1911. Tuvo varios éxitos deportivos y se hicieron unas 50 unidades hasta que la Primera Guerra Mundial interrumpió el suministro de autopartes
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15 de octubre de 2004  

Cuando recorremos la historia de principios del siglo XX, inmediatamente nos situamos en un momento de crecimiento del país. "Durante la primera década de ese siglo, la Argentina tenía un venturoso futuro; la riqueza de las familias tradicionales, combinada con las habilidades técnicas de los inmigrantes europeos, permitía imaginar el rápido desarrollo de la industria nacional. Esta perspectiva despertó en ese entonces tanto entusiasmo como el que producían los primeros automóviles que llegaban de Europa", dijo Enrique Escobar, socio del Club de Automóviles Clásicos.

"Horacio Anasagasti, nacido en Buenos Aires en 1879, fue un devoto entusiasta de la aviación y el automovilismo. Se recibió de ingeniero en 1902 y, cinco años después, asistió a un curso técnico en la fábrica Isotta Fraschini, en Milán. Volvió al país con un Isotta 40 HP y la representación exclusiva de la marca italiana", agregó Escobar.

En 1909 creó la empresa Horacio Anasagasti y Compañía, para producir piezas de fundición de bronce y aluminio, aunque ya se presentaba como fabricante de tractores y automóviles.

Después de 1910 viajó a Francia, donde realizó varios contactos para equipar los primeros autos con motores Ballot. Embarcó hacia Buenos Aires varios motores de 12 y 15 HP y un juego de moldes de madera para fundición.

Arranca el primer rodado

Hacia mediados de 1911, el primer automóvil Anasagasti estaba listo para los ensayos.

"Para probar el prototipo, Anasagasti se inscribió en la competencia Rosario-Córdoba-Rosario el 11 de septiembre de ese año. Ganó la carrera, pero ocultó la verdadera identidad del vehículo y de él, con el seudónimo Samurai. Poco después salían del taller de la empresa, en la avenida Alvear, los primeros Anasagasti de serie", comentó Escobar.

En 1912 viajó a Europa para competir con tres de sus 15 HP. Ganó la carrera París-Madrid y se clasificó entre los primeros en un rally a San Sebastián.

También realizó con éxito en doce días la vuelta de 5500 km del Tour de France y, en 1913, el marqués D´Avary participó en la Coupe de l´Auto con un Anasagasti especial de competición.

En 1912 se hizo la presentación comercial del Anasagasti y sus éxitos deportivos permitirían obtener buenas ventas.

Aunque costaba 6000 pesos al contado, la compañía permitía pagar en cuotas de 200 pesos mensuales.

"Pero el precio de venta resultaba demasiado alto para la gente, que no llegaba a apreciaba sus virtudes. Casi toda la producción fue destinada al servicio de taxímetros", concluyó Escobar.

De colección: un par de modelos que testimonian el empuje de un soñador

Aunque parecía que Anasagasti sería una empresa con gran futuro, un conflicto mundial hirió de muerte aquella producción nacional de automóviles.

"El estallido de la Primera Guerra Mundial interrumpió el suministro de autopartes europeas y provocó el cierre de la empresa en 1915. Además, los suscriptores se aprovecharon de la crisis reinante y no cumplieron sus compromisos, y la desilusión del ingeniero por los sueños frustrados o todos estos factores juntos terminaron la etapa industrial del Anasagasti", explicó Escobar.

El creador de esta máquina, Horacio Anasagasti, se radicó en Bariloche (en el brazo Campanario, del Nahuel Huapi). Murió joven, en 1932, a los 52 años.

Si bien la empresa fabricó entre 35 y 50 unidades, en nuestro país sólo se conservan dos.

Una pertenece a la Fuerza Aérea Argentina y se exhibe en el Museo Nacional de Aeronáutica.

"La otra es la más preciada posesión del Club de Automóviles Clásicos de la República Argentina. En realidad, el club encargó un trabajo minucioso y exhaustivo de restauración, lo que nos permitió preservar la originalidad de esta joya de la historia argentina del automóvil ", expresó Enrique Escobar.

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