Simpáticas viñetas porteñas

Pablo Gorlero
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16 de octubre de 2004  

"De cirujas, putas y suicidas". Sobre textos de Roberto Cossa, Marta Degracia, Carlos Pais y Roberto Perinelli. Dirección general: Lía Jelín. Elenco: Gustavo Maso, Pablo Brichta, Mónica Villa y Jean Pierre Reguerraz. Músicos: Violeta Bernasconi y Juan Manuel Padilla. Música original y arreglos: Jorge Valcarcel y Alfredo Seoane. Luces: Sebastián Blutrach. Escenografía y vestuario: Alberto Bellatti. Producción ejecutiva: Romina Chepe. Asistente de dirección: Franco Battista. En la sala Carlos Somigliana, del Teatro del Pueblo, avenida Roque Sáenz Peña 943. Duración: 100 minutos.

Asistir a "De cirujas, putas y suicidas" es estar frente a un festival de textos de cuatro importantes dramaturgos argentinos: Cossa, Degracia, Pais y Perinelli. Por medio de cuatro personajes que se encuentran en el "café de los que no tienen fe", los autores hilvanaron sus diálogos y monólogos en un simpático compilado de aguafuertes porteñas donde los antagonismos temporales son el eje central.

Esta sucesión de viñetas ilustra pequeños mundos, historias sencillas y universos íntimos para los que las estrellas más chicas son mundos eternos, interminables, valiosos y vitales. Ellos se nutren de esas historias mínimas para sobrevivir. "Me causa escozor pensar que también me están quitando el idioma cotidiano", dice una de estas criaturas.

Las costumbres y el paso del tiempo son los rieles por donde se mueve la pieza, provista de un humor ingenuo que es funcional a los textos y facilitan el lucimiento actoral.

El libro está ilustrado con simpáticas canciones que relatan, introducen o presentan a los personajes. La música de Jorge Valcarcel y Alfredo Seoane está compuesta por ritmos sencillos y funcionales a los textos. Estas canciones son interesantes bisagras que unen estos sucesos y, a modo brechtiano, producen un efecto de distanciamiento que concuerda con cierta didáctica moral que pretende sembrar la pieza. La contraposición de "lo de antes" con "lo de ahora" y los tópicos que pueden componer esta confrontación: las costumbres, sus causas y consecuencias, las relaciones, la soledad, el amor, el lenguaje, la vejez y el respeto.

La puesta

Lía Jelín trazó una interesante puesta en escena. Aprovechó la profundidad del espacio escénico a través de una escenografía sinfín muy original diseñada por Alberto Bellatti. La directora no se desprende de elementos expresionistas, como las figuras de los fondos, la ambientación y los movimientos escénicos. Fragmenta la acción en dos planos: uno central y otro subalterno, en el que esboza movimientos cuasi fotográficos y oníricos.

Jelín es una amante del teatro musical y aquí puso en juego elementos del cabaret, el music hall y hasta del sainete festivo. A pesar de la marcación, se nota que les dio a sus actores la libertad lúdica necesaria para un tipo de creación como ésta.

Los intérpretes se prestan a la propuesta del juego y tienen sus momentos únicos, incluso al mejor estilo "stand up" en algunos momentos. Pablo Brichta maneja la veta humorística con total soltura y hace una composición que, aunque no es nueva, resulta brillante. Por su parte, Jean Pierre Reguerraz tiene los momentos más brillantes de la obra. Se aprovecha de las flaquezas de su criatura, que clama romanticismo, y compone a un suicida brillante. Mónica Villa es siempre eficiente en roles desopilantes como esta prostituta tuerta que le tocó componer en esta ocasión. Del mismo modo, Gustavo Maso es correcto y dota de simpatía a su mozo-relator.

La iluminación y el vestuario se adecuan también a la propuesta.

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