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"No es un resarcimiento a la subversión"

Susana Yofre de Vaca Narvaja, la beneficiada, dijo que nada podrá pagar la situación que le tocó vivir
Orlando Andrada
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16 de octubre de 2004  

CORDOBA.- "Con todo lo que hemos pasado, no hay dinero suficiente para pagar la situación por la que hemos atravesado en estos años en que tuvimos que salir del país por la persecución que recibimos de los militares". Así reflexionó ante LA NACION Susana Yofre de Vaca Narvaja, de 88 años, destinataria de la indemnización dispuesta por la Corte Suprema por el exilio en México de toda su familia durante la dictadura.

"No me interesa la parte monetaria, sino lo que significa para la familia", destacó la madre del ex líder montonero Fernando Vaca Narvaja y de Patricia Vaca Narvaja, actual subsecretaria de Defensa de la Competencia y del Consumidor del Ministerio de Economía.

Susana rechazó enfáticamente que la indemnización sea "un resarcimiento a la subversión". Es un "una reivindicación moral", consideró.

No obstante, revalorizó a la subversión. "Fue necesaria en el momento", dijo. Y completó: "Esos muchachos que murieron, que eran extraordinarios, hubieran sido la continuación de una democracia bien llevada. La subversión fue causa de los militares".

Al mismo tiempo lanzó una fuerte recriminación a la sociedad. "Tanto revuelo se ha armado por esta cuestión y nunca se armó el revuelo cuando secuestraron y mataron a mi hijo y a mi marido", dijo en referencia su esposo, Miguel Hugo Vaca Narvaja, el ex ministro del Interior de Arturo Frondizi (1962), y de su hijo del mismo nombre, un abogado defensor de presos políticos.

"Fueron sanguinarios"

De los militares, juzgó que "fueron criminales, perversos y sanguinarios", que "han martirizado y deshecho a la juventud". Recordó que el 23 de marzo de 1976 se refugiaron 27 miembros de la familia -4 mayores y 13 menores, entre hijos, nueras y nietos- en la embajada de México en Buenos Aires "perseguidos por la policía y los militares".

"México nos recibió con los brazos abiertos. El entonces presidente Luis Echeverría habló a la embajada y cuando el embajador le dijo que esta familia pedía asilo político, averiguó los antecedentes de mi marido -una persona respetada y conocida en todas partes- y, de acuerdo a eso, aceptó."

Susana contó que salieron desde la embajada en varios autos hasta el aeropuerto y partieron el 2 de abril hacia México.

Ya en tierras aztecas "los chicos comenzaron a buscar trabajo, pero no era fácil", señaló. "Así transcurrió la vida allí durante 7 años", señaló.

La mujer rememoró su drama del 10 de marzo de 1976 en Córdoba cuando perdió a su marido, quien entonces ejercía la docencia universitaria.

"Acá, los militares me dejaron la casa de Villa Warcalde destruida", denunció. "Entraron siete veces y robaron todo -agregó-. Cuando lo sacaron a mi marido, eran 12 forajidos que lo ataron y lo dejaron parado contra una puerta, mientras ellos entraban y salían llevándose cosas. A mí me taparon la cara con Gonzalo, mi hijo más chico".

Al marido lo cargaron en el baúl de un auto. "Nunca más se supo nada de él. No sabemos qué lo hicieron, adónde lo mataron? Fue una cosa espantosa", manifestó Susana mientras sus ojos se le llenaban de lágrimas.

Pero las penurias para su familia comenzaron a fines del 75, cuando todavía gobernaba el peronismo. Su hijo mayor, Miguel Hugo Vaca Narvaja, fue detenido en noviembre de ese año, mientras defendía a un preso político en los tribunales federales de Córdoba.

"Lo torturaron permanentemente en la cárcel de Encausados y el 12 de agosto lo sacaron esposado, junto a dos compañeros -Toranzo y Debray?, les aplicaron la ley de fuga y los fusilaron en la zona del Château Carreras".

"Lo mandó a buscar Menéndez (Luciano, entonces jefe del Tercer Cuerpo del Ejército) para que prestara declaración ante el juez militar", indicó.

Mientras se encontraba en México, desde Córdoba se le informó lo ocurrido. "Nos dijeron que lo habían asesinado a mi hijo y que mi marido estaba muerto, pero no lo encontraban por ningún lado", comentó.

El regreso de la familia a la Argentina se produjo en octubre de 1982. "Cuando llegué me sentía muy mal, angustiada, me costó bastante reinsertarme", confesó.

"Necesitamos que alguna persona, alguien que haya sabido o participado en el secuestro o en el entierro de papá, nos pueda decir dónde está. Nosotros, hasta ahora, no podemos cerrar este círculo. Eso es lo que deseamos, más que cualquier otra cosa", imploró Ana María Vaca Narvaja, una de las hijas de Susana.

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