Suscriptor digital

Las sectas y los "lavados de cerebros"

(0)
21 de octubre de 2004  

"Los esclavos felices" (Argentina, 2003). Dirección: Gabriel Arbós. Guión: Gabriel Arbós y Alfredo Silletta. Fotografía: Facundo Flores. Música: Litto Nebbia. Con Jorge Marrale, Laura Agorreca, María Florentino, José Luis Alfonzo, Alejo García Pintos, Alicia Zanca, Nicolás Pauls, Horacio Peña, Roly Serrano, Fabián Rendo, Jimena Anganuzzi. Presentada por República Films. Hablada en español. Duración: 96 minutos. Calificación: sólo para mayores de 13 años.

En sus películas anteriores (tras una larga trayectoria como asistente de dirección), Gabriel Arbós demostró manejar un efectivo rigor formal, sin demasiados aportes creativos pero correcto, suficiente a la hora de entretener, que en los tiempos que corren no es poca cosa. Ocurrió con "Monzón: el segundo juicio", que tuvo como eje al campeón mundial y al proceso que se le siguió por la muerte de su esposa, y con "Campo de sangre", un thriller acerca de un crimen y su difícil resolución. Arbós siempre fue claro a la hora de hablar acerca de su cine, al que define como el medio para contar una historia de tal forma que pueda ser entendida por todos y en la medida de lo posible, sin complicarlos ni aburrirlos. En este sentido, siempre fue fiel a sí mismo, y "Los esclavos felices" (originalmente subtitulada "Cuando Dios puede ser una trampa") no es una excepción, sino una ratificación de aquellas premisas.

El guión, ganador de un concurso del Incaa para la producción de películas "destinadas a jóvenes y niños", tiene como meta poner al descubierto cuál es la mecánica de algunas sectas que operan en la Argentina, cuáles son sus fines y de qué forma padres desesperados tienen que ingeniárselas para rescatarlos, sanos y salvos, como consecuencia de que el Código Penal argentino no tipifica el "lavado de cerebro" como un delito.

Arbós, con la colaboración de Alfredo Silleta, especialista en el tema, autor de numerosos artículos y libros a propósito del accionar de las sectas desde los años 80, tratan de demostrarlo con un caso. Laura Torres es una estudiante de medicina que en medio de una crisis emocional es tomada por la secta Los Niños del Cielo, invitada a vivir en comunidad y, de hecho, convertida en una de las esclavas a las que alude el título. Víctima de su propia debilidad frente a situaciones límite, pero también del poder de seducción que usan estas agrupaciones para reunir a cientos de acólitos, Laura pierde su identidad para convertirse en una máquina programada para obedecer, ciegamente, el mandato de su guía espiritual.

Mariano es un desprogramador. En los años 70, fue militante de la izquierda inclinado por la acción directa, hasta que se exilió en España, donde víctima de su propia crisis formó parte de la Comunidad Edelweis, una lucubración de un físico gallego que había unificado la figura de Ernesto Guevara con la de los extraterrestres (hasta practicaban antropofagia). En aquellos tiempos, vivió un episodio que lo llevó a ser quien es en la actualidad. Ahora, el duelo a muerte será con Daniel, un líder mesiánico al que hará frente con Mercedes, diputada de un partido pequeño, dispuesta a llevar hasta las últimas consecuencias su investigación como titular de la comisión que investiga el tema en la Cámara baja.

Arbós se preocupa por construir con particular atención a Laura y a Mariano, personajes que consiguen transmitir credibilidad (a pesar de un guión igual de esquemático y hasta previsible en la columna de los diálogos) gracias a las actuaciones de la debutante Laura Angorreca y muy especialmente de Jorge Marrale. Las secuencias que muestran sus encuentros en la casa donde la joven es secuestrada con el fin de revertir los efectos del lavado de cerebro son muy logradas. Igual suerte corren Nicolás Pauls, como el asistente de Mariano que supo integrar la secta Moon, Alicia Zanca, como la diputada, María Florentino como la madre y, a pesar de algunos excesos que caen en el estereotipo, José Luis Alfonzo, como el sumo sacerdote dispuesto a todo con tal de seguir adelante con un entramado de corrupciones de todo tipo que comprometen, además, a diferentes estratos del poder.

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Usa gratis la aplicación de LA NACION, ¿Querés descargala?