Una fiesta de viejas raíces alemanas

La Oktoberfest congrega a miles de fanáticos de la cerveza y a los que desean revivir las tradiciones suizo-germanas
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23 de octubre de 2004  

VILLA GENERAL BELGRANO (De una enviada especial).- Doris Schiefer y Valentín Stähler son una buena síntesis de lo que es la Fiesta de la Cerveza en Villa General Belgrano. Ella es descendiente de alemanes, y él, hijo de suizos. Hace varias décadas Doris y Valentín unieron las sangres de sus dos pueblos para formar una familia, y desde entonces participan del Desfile de las Colectividades que se realiza en la Oktoberfest. "Por supuesto que yo, después de tantos años de casada, desfilo con los suizos", aclara Doris.

Los Stähler son sólo una de las más de 200 personas que participan en el desfile, donde los descendientes de alemanes, austríacos, yugoslavos, rusos, españoles, italianos, ucranios y magiares desfilan exhibiendo sus trajes típicos y permitiendo que los curiosos se fotografíen con ellos. Luego los participantes entran al Parque Cervecero, predio donde se realiza la fiesta, y esperan que la totalidad de los participantes esté en el escenario, mientras bailan y cantan agitando gigantescos "porrones".

Uno de los grupos más aplaudidos es el Ballet Ucranio, que viene desde Buenos Aires. Para Eduardo Slusarczuk, Leticia Sánchez, Emilio Starek, Damián Karas y Mario Jaremko, la Oktoberfest es también motivo de diversión y encuentro de culturas. "Nos encanta bailar, porque la reacción de la gente es espectacular. Al principio no dicen nada, pero después terminan cantando estribillos del tipo «No se va, Ucrania no se va...»", cuenta Slusarczuk.

La Oktoberfest cordobesa también convoca centenares de descendientes de alemanes y suizos de otros rincones, como Javier Forni y Omar Eder, que piensan que la fiesta es una excelente excusa para reconectarse con las raíces. Ellos vinieron desde Rafaela, Santa Fe. "Nosotros no venimos para tomar cerveza, sino para escuchar música alemana, de la que somos fanáticos y hasta interpretamos en forma amateur. Es más, mañana nos vamos a Blumenau, a la otra Fiesta de la Cerveza", cuentan.

Estos dos jóvenes, vestidos como tiroleses, comiendo chucrut y tomando cerveza, parecen más personajes salidos de un libro que dos empleados de la firma Alfredo Williner, de Santa Fe. "Nos conocimos gracias al trabajo, y descubrimos que teníamos la misma pasión por las tradiciones de nuestros ancestros suizos-alemanes", dicen los jóvenes, que ya están tan integrados que participan del desfile como dos lugareños más.

Graciela y Gabriel Argüello también concurrieron a la festividad, en compañía de sus hijos Candelaria (4) y Augusto (1). Almorzando frente al escenario comentaron que disfrutaban de la fiesta, pero tenían un reparo que hacer: después de las 16 es difícil manejarse con niños, por la gran cantidad de alcoholizados y la falta de actividades para los más chicos.

Mientras los Argüello cuidan que sus chicos no sean atropellados por algún visitante pasado de copas, el escenario está listo para la llegada del barril que se ubicará al borde del escenario, para la conocida ceremonia denominada Espiche. Esta ceremonia consiste en introducir en el barril una canilla de madera, momento tras el cual salta un inmenso chorro de cerveza que empapa a los presentes. En ese momento todos se amontonan con los vasos en alto, tratando de aprovechar los chorros.

Quejas

No todo es rosa en la tradicional fiesta. La mayoría de las quejas recogidas por LA NACION se concentraron en tres aspectos: los precios al público, los precios para poner stands y cierta falta de control sobre los productos ofrecidos.

Marco y María del Carmen Sabbani, Carlos y Elisa Rondinelli y Oscar y Haydeé Spara son un grupo de divertidos matrimonios que llegaron desde San Miguel, Buenos Aires. Coincidieron en que todo fue muy placentero, pero criticaron el aumento de precios. "Los valores casi se duplicaron. Es poco serio que de un año a otro aumenten así los precios, sin causa aparente", señalaron.

Diego Assadourian, de El Viejo Munich, es otro de los disconformes, esta vez del lado de los expositores. "Este año no estoy en el predio porque me quisieron cobrar 8000 pesos el stand", se quejó. "Además, no hay controles sobre los fabricantes de cerveza de otros lugares. Los de acá sabemos que la hacemos artesanalmente, pero hay muchos de afuera que compran la cerveza a otro y le ponen una etiqueta como si fuera propia", contó.

Graciela Pereyra, encargada de prensa de la Municipalidad, dijo que el gobierno no puede regular los precios del predio, "ya que la palabra final es de los licitatarios". Por otro lado, señaló que los precios altos sirven de límite al consumo excesivo de la juventud: "No digo que no consuman por el precio, pero sí se reducen las cantidades un poco".

Pueblo nacido de un barco

Villa General Belgrano fue fundada en los años 30 por Jorge Kappuhm y Paul Heintze. En 1943, un grupo de marineros del acorazado Graf Spee se instaló en la Villa, con lo que la ciudad adoptó las características de una aldea alpina. Los marineros también trajeron con ellos la gastronomía y todas las costumbres de Europa Central. Fue alrededor de 1960 cuando surgió la versión local de la Fiesta de la Cerveza, de la mano de esos mismos inmigrantes.

En aquel entonces, un viejo carro era el encargado de desatar la algarabía en la plaza del pueblo. Las orquestas y bailes eran presentados por un locutor que aún hoy es recordado, Matías Calvo Ortega.

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