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Los pecados capitales de Araiz y Casanovas

Coreógrafo y actor estrenan mañana, en el San Martín, el poco conocido ballet cantado de Bertolt Brecht y Kurt Weill.
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7 de marzo de 1997  

Odio, orgullo, envidia, ira, gula, lujuria, pereza son "Los siete pecados capitales" que Ana 1 y Ana 2 -las dos caras de un mismo personaje- atravesarán en un viaje escénico a partir demañana en el Teatro General San Martín, dirigidas por el coreógrafo argentino Oscar Aráiz.

Para esta obra, fue él quien eligió -ya por segunda vez- la talentosa ambigüedad profesional de un actor como Jean Francois Casanovas, el famoso transformista francés -"término que odio", asegura- para interpretar a una de las hermanas que, en realidad, persiguen un mismo objetivo: ganar dinero para construir una casa para su familia, tratando de evitar los siete pecados capitales.

Fue escrita en 1933 por el dramaturgo Bertolt Brecht con la música de Kurt Weill. En la historia, las dos están enfrentadas todo el tiempo. Una es el empresario, la otra la artista. Una canta la historia, la otra baila. Ana 1 es la que vende. Ana 2 es su mercancía. La primera es racional, planificadora y controladora. La segunda es más apasionada, sensual, y sensible.

Por un momento, Aráiz dejó la atención sobre estas dos Anas de una misma vida, y se acercó -tímido, pero preciso como siempre- a hablar de su obra.

-¿Será puramente visual o incorporará algún diálogo?

-Será una suma de lenguajes. Hay canto, algunas palabras, y coreografías. Pero no es ni una ópera bailada ni un ballet cantado. Así como una de las Anas no puede vivir sin la otra. Así como entre ellas no podría existir un desborde apasionado si no hubiera algo que lo contuviera, bueno, esta versión no podría ser solamente danzada o solamente cantada.

-¿Qué lectura contemporánea hace en esta versión?

-Tiene un aspecto bastante siniestro y cínico con respecto a la sociedad de consumo. Lo que ellas buscan es dinero, y esos valores aplastan los valores morales. Son personajes que podrían estar salidos de las revistas o de los diarios. Es una reflexión sobre el poder, el querer, el sacrificio. Es una representación social, moral y ética de un modo visual.

En los ensayos, puede verse danzar a la otra Ana, la bailarina Liliana Nuños (Ana 2), que también estará acompañada por un total de 24 bailarines en escena del Ballet Contemporáneo del Teatro San Martín, del Taller de Danza Contemporánea, y del Ballet Juvenil de Teatro.

No es la primera vez que Aráiz y Casanovas se reúnen para trabajar en un ballet teatral en el cual se ingresa a varios géneros. Junto a la vestuarista Renata Schussheim, en 1983 crearon "Fénix", una obra entre la fábula, la ópera, la revista musical y el teatro kabuki.

Los dos se conocen y se respetan. Se admiran y se enseñan. Se dirigen y se dejan dirigir.

Aráiz (56) halló de joven en la danza la síntesis perfecta de la música y la pintura. Integró el ballet y el conjunto de danza moderna del Teatro Argentino de La Plata hasta que se inició como coreógrafo con el apoyo de Amigos de la Danza y del Teatro Colón. Y desde que comenzó a dirigir el Ballet del San Martín lo llevó por Francia, España e Inglaterra. Con honores afuera y aquí, Aráiz fue coreógrafo del Ballet Estable del Colón, hasta que viajó a Ginebra para estrenar con éxito el ballet "Tango", entre otras obras.

Casanovas (49) llegó de París en el 80 y enseguida fue considerado un "tipo raro", a simple vista del porteño. Según él, impresionó su vestimenta, sus llamativos anteojos de armasones blancos (que aún hoy sigue usando por una miopía que no da tregua) y su desenfado y humor en el escenario. Estrenó "Cocktail Show" y desde ese momento no paró de asombrar a al público argentino en el difícil arte del transformismo y la fonomímica con espectáculos como "Caviar", "Cinema", "No problem", "Besos brujos", "Escoria Humana", y "Caviar, lo mejor", entre otros. Se lo ha visto desgarrador encarnando a Edith Piaf, implacable como Jean Crawford, sensual como Marlene Dietrich, agresiva como Carmen, entre otras féminas.

-¿El transformismo no va más?

-Yo nunca me consideré transformista. Hace 20 años que peleo con esa maldita palabra. Yo pienso que cualquier actor o bailarín que sube a un escenario ya se está transformando. En qué me transformo no es lo importante. Pero yo sé que hago muy bien personajes con una envoltura femenina, son mujeres que están al borde de lo no creíble, de lo no real. Pero la gente, al transformismo le pone una connotación de transexualismo. Y yo no soy Cris Miró.

-¿Ese tipo de mujeres que crea en el escenario son parte de sus obsesiones?

-Es por esa dualidad del ser humano. Todos tenemos 50 y 50 de hombre y mujer. Cuando era más joven, en la década del 40 y 50, veía mucho cine de trasnoche en Francia, y los personajes femeninos eran más fuertes que los masculinos. Mujeres como Bette Davis o Greta Garbo tenían facetas muy interesantes. Por eso, es lógico que sepa más de esos roles que de John Wayne, que es "boom boom" y se acabó.

-¿Por qué tardó tanto en soltar su verdadera voz?

-La técnica de la fonomímica me permite construir un personaje corporalmente. Con una voz, yo invento cómo se movería esa voz. Pero el hecho fue que tuve 20 años de freno, de miedo.

-Volviendo a las mitades de la que habla la obra, cómo se complementan juntos?

(Casanovas): Generalmente, yo soy muy egoísta: me dirijo, me autodirijo, me produzco, hago todo solo. Pero con Aráiz me transformo en un actor y me callo la boca, confío ciegamente. Si me dice que tengo que hacer algo de determinada manera, no me paro ni siquiera a pensar por qué.

(Aráiz): Yo soy bastante dominante en mis exigencias y a veces no doy demasiadas razones de lo que deseo. No es por capricho. No me gusta darle al intérprete la historieta explicada. No quiero un títere. Me gusta que él mismo descubra el por qué. Y Jean posee una técnica, una capacidad y un talento que me enriquecen, me enseñan, y enseñan a la gente de la compañía.

Las actividades paralelas

Oscar Aráiz, además de dirigir el Ballet Contemporáneo del Teatro San Martín, dirige el Teatro Margarita Xirgu, "un rol más empresarial, una función nueva que estoy aprendiendo", asegura. Por otra parte, con su amiga Renata Schusseim ya tiene listo el folletín coreográfico de "Boquitas pintadas, una versión", que como bien dice el título será una versión particular del libro de Manuel Puig: "Va a ser muy teatral. Aunque trabajemos con las palabras van a ser tratadas de una manera musical". Jean Francois Casanovas, por su parte, se mudará todas las noches del escenario grande del San Martín al más pequeño de Ave Porco, donde protagoniza "Caviar en bikini". "Me encanta ese ejercicio. Son dos teatros diferentes y dos públicos diferentes. De este modo, la rueda gira".

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