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La historia del Aborigen Rugby Club

El film de Daniel Rosenfeld se estrenará el jueves
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1 de noviembre de 2004  

"La película resultó un entrecruzamiento de ficción con elementos de la realidad." El personaje real que Daniel Rosenfeld encontró para erigir en centro de su film se llama Eduardo Rossi, tanto en la vida civil cuanto en el interior "ficcional" de lo que vive en la pantalla, en los 70 minutos en los que se despliega la aventura de "La quimera de los héroes", la película nacional doblemente galardonada en el Festival de Venecia del año último y que el jueves será estrenada en cuatro salas locales.

El tal Rossi aparece como lo que en realidad es: "alguien que nunca se hubiera imaginado compartir una experiencia con gente de un color de piel distinto del suyo", explica Rosenfeld, quien estructuró el relato cinematográfico de su segundo trabajo sobre el guión de su compañera, la actriz (aunque no en este film) Eugenia Capizzano. "Un día Rossi se va a la selva -sigue el cineasta- y reúne a unos cuantos tobas, con quienes arma un equipo de rugby, el Aborigen Rugby Club. La peripecia está contada desde la cabeza de este hombre que debe cambiar algunas pautas de su mentalidad para acometer este emprendimiento. La transformación no será total, y el hecho de que se mueva simultáneamente en dos mundos distintos crea contradicciones que hacen interesante el caso."

A pesar de su carácter autoritario y de su devoción por las armas, el cineasta no abre juicio sobre Rossi, ni en el texto que se desgrana en el desarrollo de "La quimera..." ni en el diálogo de esta entrevista: "De pronto irrumpe en él cierto deseo de convertirse en salvador de esos tobas, unos indígenas aislados del resto del mundo. Salvador, sí, con el peso que involucra esa palabra. La película intenta explorar la dimensión de los héroes y de los grupos. Los aborígenes actúan, se entrenan, juegan, pero permanecen en silencio y eso les da una presencia mucho más fuerte".

Y en cuanto a la prescindencia de juicios acerca de lo que ocurre en el relato, la postura de Rosenfeld (que había debutado en el largometraje con "Saluzzi, ensayo para bandoneón y tres hermanos") es clara: "Lo que me gusta de lo que resultó -afirma- es justamente que no se quiere postular una moraleja ilustrativa con un mensaje, sino que las imágenes hablan por sí mismas. No me interesa el cine que da mensajes acerca del mundo que describe, sino el que permite evocar o intuir otros universos. Si se subraya lo que un personaje hace o dice, sea bueno o malo, resulta aburrido. Lo que aquí se insinúa es que existe una relación entre el mundo bélico y el rugby. Viene de tiempos remotos esa atracción por la batalla, por la victoria, figuras y valores que aparecen también en el deporte: la derrota, la humillación, la quimera, la gloria. Y hay algo de la argentinidad en la afirmación «venceremos y seremos mejores», una apuesta que se puede escuchar irónicamente".

Repercusión en Venecia

Es evidente que, dentro de su ficcionalización, "La quimera de los héroes" apela a procedimientos que la encuadran parcialmente en la documentación. Y el film aparece en un momento en el que se vislumbra un ostensible auge del cine documental. "Sí, la irrupción y el prestigio del documental se siente, aun en el cine más profesional -dice Rosenfeld-.Vengo del Festival de San Pablo, y allí se vio «Primer plano», el film de Abbas Kiarostami, donde un tipo que se hace pasar por Makhmalbaff filma en una cárcel y escenifica momentos previos y posteriores a un juicio. Vi que había un procedimiento similar al que apelamos en mi película, y allí se distingue aquello que, aun recurriendo a lo documental, es genuinamente cine y no periodismo. En nuestro film, el personaje de Rossi se perfila con una complejidad que no tiene en la vida real, mientras que el partido decisivo contra los Pumitas está armado, es decir, está producido para ser filmado."

"La quimera..." se exhibió en el Festival de Cine Independiente de Buenos Aires de este año, fuera de concurso, pero venía de alzarse con el premio al mejor nuevo director en la Mostra de Venecia 2003 y con una mención especial del jurado de la competencia oficial, hecho significativo si se piensa que debió competir con "Perdidos en Tokio", de Sofia Coppola, con un film de Lars von Trier ("Las cinco obstrucciones") y de medirse -entre otros- con el iraní Jafar Panahi. "Concursar con diez películas fuertes me daba algo de vértigo", confiesa Rosenfeld, que no ha perdido nada de su sencillez ni de su inocencia juvenil.

Debe de haberse sentido muy movilizado, ya que en Venecia tuvo la posibilidad de dialogar con el cineasta Raoul Ruiz o experimentar la sorpresa de que Michael Galasso, el compositor al que apeló Wong Kar Wai en "Con ánimo de amar", le ofreciera realizar la música para su próximo film. "Tuve una sensación extraña cuando se me acercó George Clooney y me extendió la mano diciéndome: «Mucho gusto, me llamo George, soy actor». Y el que me entregó el premio fue nada menos que Gillo Pontecorvo, que organizó una cena en el Hotel des Bains, donde Visconti filmó «Muerte en Venecia»."

Ahora, "La quimera de los héroes" sale al ruedo de esa realidad que conforman la exhibición comercial y el público masivo en suelo propio. Una prueba de que los espejismos no han obnubilado al joven cineasta reside en la reflexión que Rosenfeld formula, finalmente, con un suspiro: "Me pregunto si los festivales sirven para algo..."

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