Alan Faena: el duque en sus dominios

A los 18 años creó Via Vai. Un día vendió la empresa y se volcó al negocio de la construcción. Así, fundó Faena Properties junto a un grupo de inversores extranjeros encabezado por los hermanos Burch, Austin Hearst y Len Blavatnik. Hace poco inauguró, con el arquitecto francés Philippe Starck, un singular complejo hotelero en Puerto Madero que demandó másde 30 millones de dólares. Pero su ambición es convertir esa zona en el Barrio Faena. Estos emprendimientos significarán una inversión de alrededor de 100 millones de dólares. Como aquel personaje de Truman Capote, está decidido a traer el mundo a su territorio
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5 de diciembre de 2004  

Podría ser una fortaleza o un castillo encantado. Por fuera, las paredes de ladrillos desnudos insinúan un mundo recoleto, pero de identidad incierta. Una vez que se atraviesa la estrecha puerta roja, levemente traslúcida, la penumbra del corredor alimenta la intriga. El misterio es apenas develado por dos datos: a la derecha, la vista se tropieza con las aguas de una piscina al aire libre; a la izquierda, se levanta El Mercado –un restaurante de luces bajas y diseño inspirado en las míticas cantinas europeas–. El edificio de personalidad heterodoxa es El Porteño. Nacido en 1902 como una construcción para almacenar granos, fue convertido por Alan Faena y el arquitecto francés Philippe Starck en el llamado Faena Hotel + Universe. Con puntos de acceso independientes, allí conviven 83 habitaciones para huéspedes y 85 residencias privadas. Ese complejo es parte de un emprendimiento aún más ambicioso que apunta a convertir una vasta zona de Puerto Madero en el Barrio Faena. Frente al hotel, se alza el Pavillion, un salón para fiestas prologado por un jardín de rosas. En 2005, se entregarán las unidades del complejo habitacional La Porteña, que queda a pocos metros del Universe. Otro terreno muy cercano está a la espera de los resultados del concurso mediante el cual Faena ha de elegir, entre siete arquitectos, al encargado de diseñar otra torre de viviendas.

Alan Faena es un hombre de acción. A los 18 años creó Via Vai, la firma en la que tuvo como socia a Paula Cahen d’Anvers y que tardó casi nada en imponerse en el terreno de la indumentaria. Con el tiempo, Faena vendió la empresa y se retiró a sus aposentos en La Boyita, Punta del Este. Aquel baño de soledad fue fecundidad pura. Allí y entonces, soñó con cambiar telas por ladrillos. Consiguió más de lo que nadie hubiera imaginado: no sólo que el destacado Starck se uniera a su proyecto, sino también que una serie de inversores apostaran a sus ideas. Entre quienes financian Faena Properties figuran algunos de los grandes plutócratas internacionales: el empresario periodístico Austin Hearst –nieto de William Randolph Hearst, que inspiró a Orson Welles para su film El ciudadano–, los hermanos Christopher y Robert Burch –propietarios del fondo de inversión norteamericano Red Badge y ex dueños de la marca de ropa Eagle’s Eyes– y el potentado ruso Len Blavatnik, principal accionista de la petrolera Acces Industries.

En el Faena Hotel + Universe, todas las convenciones de los hoteles cinco estrellas han sido cuidadosamente maquilladas. La tradicional conserjería de los hoteles brilla por su ausencia. En su reemplazo, al huésped se le asigna una suerte de asistente personalizado llamado experience manager y que se hace cargo de sus necesidades apenas concretada la reserva. El clásico bar o confitería, allí se denomina El Living: sofás, un hogar con leños, barra, mesas ratonas y una biblioteca. "Apuntamos a generar el home feeling (sentimiento de hogar)", explica Florencia Vrljicak, cuya tarjeta la presenta con el cargo de Loyalty & Public Relations Manager. Y en una suerte de visita guiada, invita a entrar a El Bistro, un recinto blanco rodeado de unicornios auténticamente Starck, donde los comensales pueden degustar "la más sofisticada cocina internacional de autor".

Por lo demás, existe un cabaret, un gimnasio, un spa cuyos tratamientos de belleza se realizan con productos de La Prairie, dos business center y un comedor subterráneo pensado para celebridades que quieran masticar al reparo de los flashes. A ello se suma El Academy, concebido como "un espacio multifuncional" donde se realizarán actividades culturales. Allí habrá para elegir: exposiciones de pintura y de fotografía, muestras audiovisuales, clases de expresión corporal y la Escuela del Buen Vivir, un centro que ofrecerá cursos y seminarios de gastronomía, música, coctelería y expresión corporal.

Faena tiene su oficina en la vereda opuesta a la del hotel. La mesa, el sillón, las paredes, los ventanales: todo es allí rigurosamente blanco; incluso el pantalón y el suéter que lleva el empresario dispuesto a apellidar un barrio. Al verlo apoltronado en la chaise longue, blanco sobre blanco, celular implacable, botas de vaquero, es imposible resistir a la tentación de un título de Truman Capote: El duque en sus dominios, aquel retrato impar de Marlon Brando. Dueño de sí mismo y de un rostro imperturbable, empeñado en quedar en la historia de Buenos Aires –como dirá más adelante–, Faena tiene exactamente ese aire: el de un duque porteño decidido a traer el mundo a sus dominios de Puerto Madero. En la charla, se advierte que a él le gusta jugar el mismo juego que a su hotel: que nada sea lo que parece o que todo parezca diferente de lo que es.

–Ni Via Vai fue una marca de indumentaria ni este edificio es un hotel –afirma–. Lo que hace la diferencia es la alquimia que los rodea. En Via Vai, la gente se sentía identificada con alguien joven que la estaba nutriendo. Más allá de una remera, había un movimiento generacional del que todos nos sentíamos parte. Del mismo modo, este edificio es un centro cultural al que llamamos Universe, y el hotel forma parte de él. Yo no compito con los hoteles cinco estrellas porque ninguno de ellos puede hacer lo que hacemos nosotros, que es prender la llama que Buenos Aires necesitaba para sentirse internacional. Lo que nos propusimos fue crear un lugar que marcara una tendencia en el mundo y que generara la mezcla de culturas.

Según cuenta, acudió a Philippe Starck porque "lo admiraba" y porque le parecía "un diseñador que marcaba tendencia". La admiración suele ser un sentimiento cargado de absoluto; un impulso que nos sumerge en el océano del otro, donde nos dejamos llevar por la corriente de lo que creemos un paraíso sin fisuras. Sin embargo, la admiración no impidió que Starck tuviera que rehacer los planos media docena de veces, a pedido de Faena.

–Para mí, admiración no significa sumisión, sino poder transcurrir por un tiempo, un proyecto o un instante con otra persona que me interesa –explica–. A mí, la admiración no me pone de rodillas. Por el contrario, me hace sentir frente a un par. La sociedad que hice con Philippe fue un vínculo intelectual en el que nos nutríamos mutuamente. Y, así, él no se ofendía porque yo le dijera cosas tales como: "Esto que me estás presentando es muy Starck y yo quiero tener una raíz latina". Creo que él necesitaba un socio que no fuera sumiso y que empujara sus límites. Todos lo necesitamos porque cuando nos convertimos en estrella, el problema es que sentís que tenés todo claro. No importaba que Philippe fuera un superdiseñador. Yo me sentaba a hablar con una persona que sentía, que sufría, que estaba alegre, que tenía expectativas de seguir creciendo. Y en ese punto, ya no hay más nombres; hay mentes que buscan la superación del día a día.

Faena Properties, la empresa que preside Alan Faena, ha adquirido varios terrenos en el dique 3 de Puerto Madero para construir viviendas. Y en el futuro tiene pensado levantar muchas más en San Telmo. Del nuevo proyecto prefiere no hablar, "porque ésos son detalles", dice. "Lo importante es la trascendencia de esta obra que acabamos de inaugurar y que es única –asegura–. Después, en San Telmo, voy a ir adonde encuentre edificios para poder poner mi arte."

–¿Cómo fue que se sintió atraído por la construcción?

–A mí nunca me atrajo la construcción de viviendas –contesta–. Lo que me atrajo fue encender la chispa. Cuando trabajás en el mundo textil, te encontrás con que todo es efímero: todo es temporada, todo pasa de moda. Yo busqué la antítesis. Ya no quería algo que pudiera durar meses, sino siglos. El Porteño era un edificio de 1902 y lo que hice fue darle vida por otros 200 o 300 años.

–¿No lo angustia pensar que el edificio lo va a sobrevivir? –le pregunto desde la estrechez de una finitud que a él lo tiene sin cuidado–.

–No, me da satisfacción –responde–. Ese es justamente mi motivo de satisfacción: sentir que puedo poner mi granito de arena para la historia de la ciudad.

Por un instante, se queda pensativo y enseguida retoma el juego de las diferencias entre lo oculto y lo evidente:

–Yo no estoy en el negocio de hacer departamentos y casas –sostiene–. No me interesa tampoco el negocio del hotel. A mí me interesa la transformación cultural y ofrecerle a mi ciudad algo que pueda trascender. Nuestro rédito es embellecer y transformar. Por eso podemos vender a otros valores que los del mercado: porque la gente también lo siente así.

Por Adriana Schettini

Perfil

  • Tiene 40 años.
  • Se educó en el colegio Saint John, en San Isidro.
  • Es hijo de un importante empresario textil.
  • A los 18 años, creó la marca de indumentaria Via Vai, en la que fue socio de Paula Cahen d’Anvers.
  • No tiene estudios universitarios.
  • Estuvo casado con Natalia Lobo.
  • Fue pareja de Leticia Brédice.
  • Está convencido de que “no hay empresarios, sino gente con visiones”.
  • Asegura que no conoce el estrés.
  • Ama los sombreros y las botas de cowboy.
  • Son sus amigos Charly García, Marcelo Tinelli, Nicolás Repetto y Fito Páez, entre otras celebridades.
  • Un hotel sui generis

    Faena Hotel + Universe tiene las siguientes características:

  • 83 habitaciones en el área del hotel. Todas cuentan con dos líneas telefónicas, posibilidad de conexión a Internet (dial up, banda ancha y entorno wireless), home theater, cajas de seguridad y sábanas de algodón egipcio.
  • Los precios parten de 300 dólares más IVA por noche (habitación Premium). En el caso de la Porteño Suite, la cotización se eleva a 1200 dólares más IVA.
  • La tarifa incluye: traslado privado desde el aeropuerto, desayuno, servicio de té por las tardes en la habitación, llamadas locales, periódico local, servicio de planchado de ropa y lustrado de calzado en el momento del arribo, piscina climatizada, acceso al Business Center con asistencia personalizada, gimnasio con personal trainer.
  • Política flexible de check-in y check-out: las 24 horas de estada se cuentan a partir del momento en que el huésped ingresa en el hotel.
  • El Mercado está abierto al público, previa reserva de mesa.
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