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Un camino de goleadas

Después de demoler a Irlanda por 46 a 0, los Pumitas se clasificaron para enfrentarse mañana con Francia en la final; los argentinos, dueños de seis títulos, jugarán su noveno match decisivo en diez participaciones.
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29 de marzo de 1997  

Ya fueron fieles con la historia. Con esos antecedentes que les reclamaban llegar al Domingo de Pascua ilusionándose con un título. Sí, el equipo más ganador del rugby argentino se puso a tiro de regalar otra satisfación. Con tries y goleadas. En comunión ideal con un público que suma caras nuevas después de cada partido. Que se identifica con la propuesta de estos pibes. Que acompañó con más de 7000 feligreses el culto de los Pumitas. De ese grupo de muchachos que puso de rodillas a Irlanda, doblegada, con poco espíritu y menos técnica para hacer algo más que perder por 42 a 0 en la semifinal del Mundial de la FIRA.

Por quinta vez, los Pumitas afrontarán una final con Francia. Ahora, en casa se repetirá el clásico entre los Sub 19. No será aquí cuestión de anticiparse a lo que ocurrirá mañana. Hay un tiempito para saborear todavía otro dulce triunfo.

Condimentado por la contundencia. Sazonado por buenos trabajos individuales. Pero al que le faltó una pizca de algo. Humm, no sé. Tal vez careció de un poquito de calma para sacar mayor provecho. ¿Uno nunca se conforma?Y bueno, cuando se está ante un equipo con tantas condiciones la ambición -o ganas de ver un repertorio completo- le pide todo. Los Pumitas modelo "97 aún no tocaron su límite. Pueden dar mucho más.

Primera vez y try

Por el salto del grandote Robert Casey los diez minutos iniciales encontraron a los argentinos en defensa. La fórmula del partido entonces era repetida. Line al Nø 4, carencia de variantes irlandesas para resolver de otra manera que no fuese con el pie, y patada de despeje local. Así, hasta que uno de los rechazos de Andrés Querol quedó dentro del campo, se atoró al fullback Gareth McCullough y el lanzamiento fue para los Pumitas en el terreno irlandés. Obtención limpia, y pelota clara para que Martín Gaitán impusiese su fuerza en el cambio de paso. Try argentino en su primera incursión. Negocio a la vista: quebrar a la rudimentaria línea irlandesa.

Los Pumitas pusieron el carbónico y la jugada apareció de nuevo. O casi, porque Gaitán se metió bajo los palos..., pero no apoyó bien. Insólito knock-on. Acción válida para desterrar la costumbre de marcar con una mano. De todas maneras, los tries de Juan Sabatte y de Martín Murgier pusieron una diferencia merecida. Por más que se perdiese panorama por preferir la continuidad del temible pack.

Por supuesto, al final -más bien bastante rápido- el desgaste dio réditos. La primera línea visitante se fue antes de los setenta minutos, impiadosamente destrozada en cada scrum. De recuperación de Irlanda nadie esperaba hablar. Quizá hubiese sido el momento para provocar mayores riesgos. Sin esperar que las conquistas se sucediesen por decantación.

El toque final

De todas maneras, los Pumitas tienen su libreto. Que es bueno, por cierto. Y siguieron así. Está bien, los movimientos son interesantes. Pero si se observa al hooker Sabbate -está en todos lados-, a los líos que le hacen a las defensas Rodrigo Campoamor y Murgier -cuando se cruza- o a la rendidora tercera línea, se aplaude fuerte. Pero se espera el último toque de atrevimiento para ponerse de pie.

A la vista ya está la final. Será hasta lógico que entonces se dejen de lado algunos lujos. Sin embargo, si estos pibes se convencen pueden hacer cualquier cosa. Hasta maravillarnos en una definición.

Un escenario impactante

Impresionante. Así de simple. No existe otro calificativo más exacto para describir lo que se vivió en la semifinal del mundial juvenil entre los Pumitas e Irlanda.No sólo por lo que estaba en juego, sino que mucho tuvo que ver el lugar y la gente. El comentario se escuchó en cada rincón: "Esta cancha es espectacular."

El día fue ideal. El sol invitaba a salir, a estar al aire libre, y la propuesta rugbística completaba la combinación para pasarla bien. El flamante estadio del Buenos Aires Cricket & Rugby Club, una obra impactante, fue por primera vez escenario de un encuentro internacional.El estreno no pudo haber sido mejor. Una verdadera fiesta, con más de 8000 personas como testigos.

Las dos tribunas construidas (cada una con capacidad para 4000 personas) estaban completas. Es más, ya hacía quince minutos que los argentinos e irlandeses luchaban por la pelota ovalada, y la gente seguía entrando.

El récord de concurrencia a los mundiales de la FIRA, seguramente, quedó por el piso. Nunca, en los últimos años de esta competencia juvenil, hubo tanto público como ayer en Buenos Aires. Muy atrás, por ejemplo, se ubicó el poder de convocatoria de la jornada final del certamen de 1994, en Lyon (Francia). En aquella oportunidad cerca de 4000 almas presenciaron el cotejo entre la Argentina y Francia, por el tercer puesto, y el Sudáfrica e Italia, por el título.

¿Cuántas veces los Pumas no atrajeron la cantidad de espectadores que hubo en la tarde de ayer? Varias. Una de ellas, en la Copa Latina de 1995, en la cancha de Ferro.Por eso, lo de ayer será inolvidable.

El proyecto de hacer el primer estadio nacional del rugby argentino fue una idea magnífica, una saludable locura para otros, de un grupo de entusiastas hombres de Buenos Aires.

El primer paso fue comprar las estructuras de hierro y madera del estadio General San Martín de Mar del Plata, que tuvieron un costo de 7500 dólares. Esto sucedió con el inicio del año.Desde ese momento las tareas no cesaron. La meta tenía una fecha, y se cumplió.

Pero todavía falta. El sueño es más grande. Tienen pensado levantar las cabeceras, poner torres de iluminación (similares a las que tiene el Campus de Maldonado, en Uruguay), hacer vestuarios debajo de las tribunas, una enfermería... Cuando todo esté concluido (la fecha estimativa es 1998) la capacidad será de 22.000 espectadores. Y el rugby nacional deberá agradecerle a Buenos Aires, un club al que el rótulo de pionero le queda mejor que nunca.

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