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La hazaña de los Pumitas

Daniel Gallo
Daniel Gallo LA NACION
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31 de marzo de 1997  

Ante una multitud reunida en el flamante estadio del Buenos Aires Cricket Rugby Club y con derroche de coraje, el seleccionado juvenil argentino de rugby -los Pumitas- venció a Francia 18 a 12, en la final del Campeonato Mundial de la FIRA, reservado a menores de 19 años.

Más de diez mil espectadores apoyaron al equipo que debió afrontar, al promediar el segundo tiempo, la desventaja en el marcador con un hombre menos: los franceses vencían 12 a 9 cuando fue expulsado el hooker argentino Juan Sabatté. Los Pumitas se unieron más en la adversidad y remontaron el resultado. Así, se consagraron por séptima vez, sobre las diez ediciones que acaba de cumplir este torneo y que se desarrolló por primera vez en nuestro país. La próxima cita será en Toulouse.

Habrá que retener las imágenes finales. La última defensa de una pelota demasiado compartida antes y ahora escondida en el alma de un maul. Protección total de la posesión con rezos para implorar por el final. Para aguantar todos juntos. Para escuchar el dale campeón que tomó fuerza en diez mil voces. Y dar los pasitos hacia otra epopeya. Como si fuese el inevitable tránsito hacia los triunfos del rugby argentino, como si no se reconociese éxitos que no sepan de sufrimientos, los Pumitas tuvieron que apelar al coraje para su séptima coronación en el Mundial de la FIRA. Infartante desenlace por 18 a 12 sobre Francia. Olvido y disculpa para cualquier error. Invitación para saludar a un grupo de pibes que de puro guapos provocaron un estremecimiento especial.

De nuevo los comentarios se alejan de técnicas o tácticas. Otra vez la obligación es referirse a condiciones anímicas. A ese plus natural que viene con la camiseta celeste y blanca: la mítica garra. Y es así nomás, porque los argentinos ganaron cuando el fervor y las ganas entraron en juego. Cuando todo les era adverso. Abajo en el score (9-12), con 14 jugadores (Sabatté fue expulsado) y desorientados para quebrar a una marcación durísima.

Pero los motivó la contrariedad. Fueron en busca de la gesta heroica, de una hazaña que hubiese sido un triunfo más si imponían de entrada la diferencia de capacidad que los separa de los franceses. Se equivocaron mucho. Aunque repararon sus fallas con un corazón enorme, con las agallas que les faltaron a sus rivales. Chau, chiches. A meterse de cabeza para vencer por personalidad. Y eso también vale mucho. Ayer, en Buenos Aires, se agradeció tal regalo de emociones.

Los forwards, primeros

La furia del final fue similar al arranque explosivo. Fueron un poco más de quince minutos de presión con los delanteros. Sabatté recibía elogios por su movilidad, Boffelli, Ramos y Belloto establecían un eje de ataque, Cané Herrera y Berretta armaban los mejores rucks, y Gerardo e Isaac Lazcano Miranda tenían piernas y panorama como para acompañar alguna corrida de Querol, que muchas veces quedaba aislado por apurado. Pero, los backs no respondían igual y terminaban repelidos por el centro. Así sólo dos penales de Mesón pusieron a los Pumitas al frente. Poca ventaja. Casi nada.

Francia creció a medida que frenó el empuje local. Su fórmula fue simple y eficaz: la patada de Teulet. Frío estratego, el apertura puso el juego en el campo local. Jamás intentó nada más. Pero le bastó para empatar en seis el primer tiempo. Con una sola situación de riesgo en su favor, cuando Murgier cometió un salvador penal (por touch intencional) al ser apremiado por la única corrida de Kuzbik. Se comprenderá que tampoco hicieron mucho los franceses.

Después de cuatro minutos del segundo tiempo (y 249 de campeonato), los Pumitas quedaron por primera vez en desventaja. Llegó, entonces, el momento de comprobar si este equipo tenía fibra. Algunos, dudaron. Porque los gestos de fastidio se sucedían en las caras argentinas, mientras los tackles franceses agotaban la paciencia, las ideas no aparecían y Mesón y Teulet anotaban penales.

Sin embargo llegó el momento clave: Sabatté se quitó la ropa de figura, pisó a un rival y fue el primer jugador que vio en la Argentina una tarjeta roja. Todo cambiaba. No sólo por la inferioridad en la cancha, sino que el primer punto en un posible desempate da el triunfo al equipo con menos expulsados, por lo que ahora lo único que valía era la victoria. Encima, los visitantes mantenían el control táctico y veían cerca la venganza por sus frustraciones en Toulouse y Lille. No contaban, claro, con la sobredosis de temperamento que los arrollaría. Es un clásico: los argentinos se agrandan cuando tienen todo en contra.

Resurgieron los Pumitas. Campoamor rompió como nunca y Galli avanzó con franceses colgados. Los dos apoyaron en el ingoal adversario, pero el árbitro Adams quedó bien con los patrones de la FIRA y no otorgó las conquistas. El try invalidado al octavo no acepta disculpas, porque se trató de un correcto segundo movimiento. No importó, ya que Mangiamelli -reemplazó al poco afortunado Mesón- se desentendió de quienes no confiaron en sus patadas y, con un penal y un drop, puso el 18 a 12 que ya registra la historia.

Quedaron cinco minutos de yapa. Un par de inoportunos knock-ons casi le dan otra oportunidad de Francia. Pero en el terreno ya mandaba la combatividad de los Pumitas. Con ese fragor que no se aprende en los entrenamientos, los muchachos argentinos se unieron en el último maul. Y bien juntitos siguieron hasta que los gritos les dijeron que la misión estaba cumplida. Otra epopeya se había consumado.

Los festejos

Fue una fiesta completa, con el colorido de diez mil personas colmando las instalaciones del Buenos Aires Cricket & Rugby Club, con la emoción de una definición no apta para cardíacos y el desborde desenfrenado del final, cuando los Pumitas festejaron el tan anhelado éxito.

En la cancha inaugurada recientemente se vieron algunas banderas argentinas y chicos con las caras pintadas de celeste y blanco.

Infinidad de promotoras, los infaltables mosquitos de estos calurosos días de Buenos Aires y la tierra que rodeaba el alambrado perimetral, fueron también protagonistas como los colados o cazadores de autógrafos con su insistente y molesta prédica para conseguir una birome y perseguir a la figura deseada.

Así vimos a un personaje destinado a la organización del torneo y veedor de la FIRA. Angel Guimerá, un brasileño de orígen francés que dejó una interesante reflexión:"Estamos muy contentos con la organización del certamen. Se logró el récord de público para una final, las sedes y los estadios etuvieron bien distribuídos y lo que más le asombró a los dirigentes fue el estilo inglés, por el orden y la puntualidad, que tienen los argentinos para el rugby". Y también nos dejó un dato importante que será la casi segura participación para el torneo de 1998, en Toulouse, de Australia, Nueva Zelanda y Canadá.

La llegada de los Pumitas

Ya se acercaba la hora del partido y el aliento comenzó a escucharse mientras galeses e irlandeses dejaban la cancha luego del partido por el tercer puesto.

La tensión crecía mientras la banda militar Tacuarí del Regimiento de Infantería I de Patricios entraba para entonar los himnos. Eran las 15,50 horas y todo estaba preparado para la gran final.

La entrada de los equipos fue en medio de los aplausos, mientras en la tribuna enfrente al palco de autoridades se veía una bandera dirigida a Rodrigo Campoamor que decía: "gracias Rodri, tu hichada". Raúl Sanz, al mejor estilo Timoteo Griguol, tocó la cabeza de cada uno de los jugadores y trató de volcarles el fuego sagrado para la ocasión.

El "ruso" se acercó al banco, miró las tribunas y dijo: "¡mirá lo que es esto!", en alusión a la imponente vista que ofrecía el estadio.

El show de los entrenadores

LLegaron los himnos, primero el argentino y los primeros rezongos de Sanz porque no se había tocado el del rival en primer orden.

Con el dominio de los Pumitas en los primeros minutos llegaronn algunos cambios de opinión entre los conductores del seleccionado. Mientras Benzi, más callado y reflexivo, buscaba asegurar el resultado, Sanz, sanguíneo y temperamental les pedía a sus jugadores que se liberen y ataquen a los franceses.

Y así se sucedieron las indicaciones mientras el 6 a 0, por los dos penales de Mesón acercaban cierta tranquilidada al banco argentino.

Cuando empezó a levantar Francia las caras cambiaron de gesto y el silencio que envolvió al estadio fue el más fiel reflejo de lo que estaba pasando.

Benzi pedía tranquilidad y Sanz explicaba que si el equipo jugaba tácticamente podía perder el partido. Y entonces, los penales de Teulet pusieron más nerviosismo hasta el final del primer tiempo.

El entretiempo se escapaba entre la insoportable música de los parlantes, la tensión general y la prédic a de los entrenadores para poder torcer la historia de un partido que se complicaba.

Y ese segundo tiempo fue una mezcla de tensión y ansiedad de la que nadie pudo escapar Francia se adelantó en el score y las esperanzas parecían escaparse. Sabatté se fue expulsado y Sanz en un moviento nervioso rompió la pata de la silla en la que estaba sentado y mientras planeaba junto a Benzi la entrada de Mangiamelli.

Con la recuperación del conjunto argentino llegaron los cantos de todo el estadio. Hubo gritos hostiles de todo el cuerpo técnico cuando el árbitro anuló un try que pareció legítimo y en el penal y el drop final de Mangiamelli, la cancha se convirtió en un pandemonium.

Y con el final, la alegría contenida por tanta emoción rompió contra todo los aspectos organizativos. Los gritos se convirtieron en delirio y las voces se unieron en coro con el grito de "dale campeón".

Y entonces se vieron lágrimas y abrazos de todos los jugadores, dirigentes y público en general.

Se los vio a Benzi, Handley y Sanz en un apretado abrazo y a Luis Colignon, presidente de los seleccionados juveniles, feliz por el deber cumplido .

La entrega de los premios fue el final de la historia. Las manos de Gerardo Lazcano Miranda levantando el preciado trofeo, y una multitud protagonista como siempre festejando un nuevo regalo de los Pumitas en Semana Santa.

Rarezas y paradojas de un triunfo emblemático

Cuando se podía ganar con cierto aire se hizo todo al revés y se facilitó la reacción de un rival inferior. Cuando la derrota era inexorable apareció el inmenso corazón de los pibes argentinos para torcerle el brazo a la adversidad. Por esos carriles paradójicos, contradictorios y casi neuróticos, los Pumitas transitaron hacia una coronación sufrida, pírrica.

No fue lo único que terminó saliendo al revés en esta tórrida tarde de Pascua. El papel de héroe lo asumió un apertura, Juan Mangiamelli (Duendes, de Rosario), reservado durante 58 minutos entre los suplentes, supuestamente por su poco confiable patada. ¿Cómo se definió el partido y el título? Con un penal y un drop de Mangiamelli, quien, para colmo, estaba más frío que un freezer...

Sin apartarnos de los hechos extraños, los Pumitas se quedaron con 14 hombres por un exabrupto de Juan Sabatté, el único que parecía capaz de quebrar la resistencia francesa, con su temperamento, su despliegue físico y sus condiciones técnicas. Pero el Pumita de mejor rendimiento en este torneo se descontroló y metió un planchazo descalificador, que le valió la merecida expulsión.

Era el momento para desmoronarse definitivamente. Y sin embargo, con el fuego que le aportó Javier Belloto, con las pelotas que bajaron del line los mellizos Lazcano Miranda y con la inyección de fe que transmitió cada corrida de Campoamor, los chicos argentinos pasaron a dominar emocionalmente el clásico. Quedó claro: los Pumitas se sintieron mucho más cómodos en su papel de víctimas, de punto. Y aquí surge el gran atenuante, la excusa para explicar semejante situación: la previsible presión del entorno, la mochila de obligaciones que nadie, en su sano juicio, les colocó sobre el lomo. Pero que, involuntariamente, existió. Y cómo.

Ganarle a Francia. De prepo si es posible. La paciencia, al diablo... Que no podemos ser menos que otros Pumitas campeones. Y además jugando como locales. Que fuimos el equipo de mayores privilegios en la preparación. No podemos fallarle a esta multitud que vino a apoyarnos. Y mucho menos a mis compañeros del club o a mis viejos...

No hace falta tener 18 años y estar vestido con una camiseta blanquiceleste para imaginar que esos pensamientos sobrevolaron por la concentración en las horas previas, siguieron viaje a San Miguel durante el partido y desviaron el foco de atención: cómo quebrar a Francia, que marcó bien en el centro de la cancha y usó con maestría el pie para liberarse.

Finalmente y a partir de una sobredosis de coraje se ganó, pero los Pumitas quedaron en deuda con su juego. Para algunos de ellos habrá revancha, siempre y cuando mantengan la tendencia y puedan quemar etapas sin tantas urgencias.

Ayer era imposible abstraerse del clima. Y salió un partido visceral, irreflexivo e inmanejable para los 18 años de Andrés Querol o Gerónimo Mesón. Y, por favor, que no se tome como una crítica descarnada hacia ellos. Al fin y al cabo, lo más difícil en esta vida es decidir...

La entereza anímica fue el valor elogiado

Coincidencia: distintas personalidades del rugby nacional pusieron énfasis en la garra demostrada por los campeones.

Mientras miraban con emoción a los juveniles argentinos, que, confundidos entre la gente, daban la vuelta olímpica, distintos hombres del rugby argentino dieron su opinión sobre la nueva conquista de los Pumitas: Hugo Porta: "No vi demasiado al equipo como para hacer un análisis profundo, pero como hincha estoy muy contento por este título, y creo que son justos campeones.. Fue una final durísima. Lo que más rescato es la firmeza para defender y la convicción de este plantel, las armas que utilizaron para sobreponerse a la adversidad."

José Luis Imhoff: "Estos chicos sacaron a relucir los valores tradicionales del rugby argentino:la garra, el corazón. Se olvidaron de su propio ingoal y pensaron en el de enfrente. Habrá que perdonarles algunas equivocaciones tácticas, que cubrieron con una extraordinaria fortaleza interior."

Pedro Sporleder: "A este plantel lo seguí con atención, y viví esta final con una gran intensidad.Me acordé mucho de la que jugamos el "90 en Treviso, también con Francia.

"Fue muy importante haber ganado en nuestro país, demostramos una vez más que acá hay jugadores muy valiosos. ¿Quienes me gusataron? El hooker (Sabatté) y los segundas línas, sobre todo el capitán (Gerardo Lazcano Miranda), porque demostró tener una gran personalidad ."

Luis Gradin: "En un principio pareció que ambos conjuntos se respetaron, marcaron bien y no dejaron que el adversario avanzara con profundidad. En la calidad de obtención estuvo la diferencia, en ese aspecto del juego los Pumitas fueron ganando la batalla."

Héctor Silva: "La final fue como un test-match. Se cometieron errores, pero con la garra los chicos se convirtieron en indiscutibles ganadores."

Héctor Méndez: "Estoy muy orgulloso de esta generación de jugadores. Fue un clásico más con Francia, muy complicado. La entrega de los Pumitas fue admirable; en ese punto se encuentra la justificación a este éxito." Angel Guastella: "En un encuentro con un contacto feroz, los argentinos demostraron una mejor actitud anímica. Después de la expulsión del hooker fue como que se soltaron, estaban un poco contenidos por la presión."

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