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María Rosa Gallo: actriz con mayúscula

En casi seis décadas con el teatro interpretó todos los clásicos; en la TV y en el cine compuso personajes fuertes. La gran actriz falleció ayer, a los 83 años
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8 de diciembre de 2004  

A punto de cumplir 84 años, el próximo 20 de diciembre, falleció ayer a la tarde la actriz María Rosa Gallo, quien se encontraba internada a causa de un cuadro de neumonía.

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Definir a María Rosa Gallo como una grande de la cultura nacional es recurrir a una simplificación que no expresaría su capacidad artística. Porque María Rosa fue un paradigma inigualable. Su talento interpretativo la hacía idónea para el drama y muy especialmente para la tragedia, para lo cual se había preparado en Italia.

Enumerar la lista de obras que protagonizó sería interminable y probablemente se incurriría en la omisión de algún título importante. Basta con sintetizar que, en la piel de María Rosa, todos los personajes alcanzaron una gran dimensión. No se dejaba tentar, aunque no faltó en las pantallas de cine y televisión (“Perla negra”, “Zíngara”, “ 22, el loco” y varios ciclos de teatro), por los papeles fáciles. Todo lo contrario, cuando más complejo el personaje, más se sentía seducida por él. “Debo decir que mi profesión me llenó de placer, todos los personajes que interpreté, en el teatro desde 1943, en el cine desde 1945, y luego la televisión, me costaron mucho, pero me dieron enormes satisfacciones”, reconoció la actriz, al cumplir los 80 años.

Su padre había sido un obrero gráfico, español republicano, que cantaba y tocaba la guitarra, y ella asegura que el amor por el teatro se lo transmitió él. Así fue como una de las primeras decisiones juveniles la guió hasta el Conservatorio Nacional de Música y Arte Dramático, del cual egresó en 1943 con medalla de oro. "Tuve a un excelente maestro como Antonio Cunill Cabanellas", reconocía sin tapujos.

Pero los vaivenes políticos de 1947 determinaron su pronto exilio. "Yo trabajaba en el Presidente Alvear, en «Prontuario», cuyo empresario y productor era Luis Sandrini. Empezó a circular por todos los teatros de Buenos Aires una nota de adhesión a Perón y a Eva Perón. Ni mi marido (Camilo Da Passano) ni Orestes Caviglia ni yo quisimos firmar. Entonces, no pudimos seguir con la obra ni conseguimos trabajar en otra. No tuve más remedio que irme del país. De Buenos Aires me fui a Chile a hacer una temporada con la misma obra y además para hacer tiempo y poder embarcarme a Italia, porque ya lo habíamos decidido. Llegué a Roma y me puse a estudiar inmediatamente en la Academia de Arte Dramático y me sentí cómoda de inmediato con dos grandes profesores Silvio D´Amico, el director, y Orazio Costa, en actuación." Allí nació su hija Alejandra y a su regreso al país, en 1957, nació su segundo hijo, Alejandro.

Después, comenzó su labor en teatro, cine y televisión, con una frecuencia casi ininterrumpida. Trabajó junto a los mejores directores y actores, como lo confirma la lista que encabeza Alfredo Alcón. Formó parte de elencos oficiales del Teatro Nacional Cervantes y del Teatro San Martín, pero también pisó los escenarios independientes.

El 30 de octubre de 1977, al finalizar una función de "La casa de Bernarda Alba", donde se hacía cargo del papel protagónico, cayó al piso porque el corazón le jugó una mala pasada y pudo superar la dolencia gracias a una operación en la que le realizaron varios by-pass. Sin embargo continuaron problemas pulmonares y posteriormente la colocación de un marcapasos, pero eso no le impedía trabajar, aunque le dolía que le ofrecieran pocas oportunidades de hacerlo.

En 2001 tuvo una fractura en la cadera mientras actuaba en "El cerco de Leningrado", con Alejandra Boero, y tuvo que ser operada de cataratas. A partir de ese momento sintió que ya no la llamaban para trabajar, aunque tuvo su aparición en "La niñera".

En los últimos años subió al escenario para interpretar "Las extras... o ellas", junto a Ana María Campoy, que terminó siendo su último trabajo. Las razones de salud no la frenaban, como siempre estaba dispuesta para encarar otros desafíos: "No puedo sentarme a esperar que alguien me llame, así que me voy a preparar para darle vida a textos nuevos y a viejas sensaciones".

En cincuenta y ocho años en el teatro interpretó desde "Las troyanas", "Sólo cuando me río", "Fedra", "El conventillo de la Paloma", "Confesiones de una sirvienta", "El farsante más grande del mundo", hasta "Locos de verano", "Orfeo desciende", "Amoretta", "El amasijo", "El casamiento de Laucha", "La casa de Bernarda Alba" y "El jardín de los cerezos", sólo por mencionar algunas obras.

"Siento que hice todo lo que quise. No creo que exista algún personaje importante que haya querido interpretar y no lo haya hecho todavía", decía no sin cierto orgullo.

En cine, su producción alcanzó las 26 películas y aunque nunca renegó de ninguna, ella sabía que la fuerza expresiva que podía desplegar sobre un escenario la pantalla no lograba captarla en su totalidad. Es que esa relación que ella podía mantener con el espectador sentado en su butaca era de tal fuerza que podía percibir la emoción del público que capitalizaba para invertir en su personaje.

Fue una gran intérprete y aunque recibió todos los premios a los que una actriz puede aspirar (Molière, María Guerrero, Martín Fierro, Talía, el Konex de Platino y de Brillante y el ACE de Oro), nunca los necesitó para demostrar su valía actoral. Siempre será recordada como una gran actriz, pero tenía una gran fuerza expresiva, esa que solamente poseen las elegidas, y es esa condición la que la convierte en irreemplazable.

Sus restos son velados en la Legislatura y el sepelio se realizará hoy, en el Panteón de Actores de la Chacarita.

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