Si hace pop, es Bee Gees

Robin, uno de los hermanos Bee Gees, habló en exclusiva con La Nación en su estudio de Miami

3 de abril de 1997  

MIAMI.- Los tres mosqueteros de los dulces sonidos pop aún siguen juntos. Aunque para estos trovadores de siglo xx, no fue siempre muy firme aquel viejo axioma del "todos para uno y uno para todos". .

Cantan juntos desde su infancia en Australia, cuando animaban en el cine la espera de las películas. Pero su fama comenzó al regresar a su Inglaterra natal, hace ahora treinta años. Una carrera llena de éxitos rotundos pero también de críticas demoledoras, de deserciones y regresos y rencillas internas por el liderazgo. En fin, cosas de hermanos que se cocinan en cualquier familia.

Pero aquí están hoy, dispuestos a dar una nueva batalla con "Still Waters", el disco que se coloca en el puesto 31 de su larga colección de ediciones y que incluirá una gira mundial que posiblemente los lleve por primera vez a la Argentina antes de fin de año.

Las batallas de Barry, Maurice y Robin no son a capa y espada sino a fuerza de voces dulces, baladas diéticamente edulcoradas y melodías contagiosas con las que consiguieron vender más de cien millones de discos a lo largo de su carrera.

Falsete y música disco. Dulces canciones pop en los sesenta, siempre a la sombra de los inalcanzables Beatles y ritmos danzarines que marcaron los setenta de Tony Manero y su "Saturday Night Fever". Luego, los ochenta, un universo pop en el que sus canciones resultaban casi naif, aunque su legión de seguidores siguió comprando sus discos. Una verdadera saga de canciones que todos hemos bailado en fiestas de adolescencia.

Hace un largo tiempo que han dejado en el recuerdo sus trajes multicolores para refugiarse en un look más sobrio, adecuado a los homenajes que reciben ahora, incluida su entrada en el Rock and Roll Hall of Fame. La fiebre parece haber vuelto a subir, en este fin de siglo que no deja de mirar hacia atrás. Recorridos los sesenta, ahora le toca el turno de la revalorización a la música disco en este 1997 en el que se cumplen se cumplen veinteaños del estreno de esa película en la que John Travolta protagonizó al muchacho del Brooklyn que conquista al mundo con sus habilidades de discoteca.

Tres en acción

Los hermanos Gibb están en su estudio de grabación de Miami Beach. Un bunker de oscuridad en medio de la ciudad, con paredes llenas de discos de oro y platino. Entre tanto trofeo también está la guitarra de Andy, el hermano menor que murió por una sobredosis en 1988. Bajo la guitarra está su foto, feliz, en aquellos buenos viejos tiempos. Robin recibe a La Nación allí, en ese lugar donde todo se cocina. El mismísimo estudio. Banquetas altas y distantes son el marco para un encuentro en el que siempre se mantendrán las distancias.

-¿Ha cambiado algo la forma de trabajar en el estudio para este nuevo disco?

-No básicamente, siempre estuvimos grabando, haciendo discos. No hay un corte, como algunos creen.

-Sus primeros éxitos fueron en los sesenta, una década clave marcada por el movimiento hippie y la lucha de los jóvenes por su lugar. ¿Cómo se ubicaban ustedes?

-Veíamos todo eso pero nos concentrábamos en lo nuestro. Nunca tratamos de seguir a nadie, sino de liderar. Teníamos una suerte de máxima, que decía que si sigues a alguien grande sólo serás un seguidor, nunca un grande tú mismo. Y estábamos decididos a que la gente nos siguiera a nosotros.

-Entre 1968 y 1969 estuvieron por disolverse. Vos intentaste una carrera solista, lo mismo que Barry. Poco antes Maurice había dicho que en dos años más no existirían los Bee Gees. ¿Cómo vivieron y superaron ese momento?

-No recuerdo esa frase de Maurice, aunque es posible que la haya dicho. Sí es cierto que estuvimos distanciados, pero después volvimos a estar juntos. Nada importante.

-En ese momento editaste un disco solista y más tarde, en 1982 y 1983, otros dos. ¿Qué buscabas con esa producción individual, y qué la diferencia de tu actividad con el grupo?

-Es una pregunta verdaderamente compleja ya que la diferencia es muy difícil de definir. Tiene que ver tal vez con la expresión individual, con que es más íntimo lo que realizo solo.

Simplemente yo quería hacer algunas canciones particulares que no expresaban las mismas cosas que solemos hacer los tres juntos. Pero nunca pensé seriamente en una carrera como solista, era sólo hacer algunas canciones por una necesidad profunda de expresión.

-En 1978 actuaron y cantaron en la película "Sgt. Pepper`s Lonely Hearts Club Band". ¿Qué tal les resultó colocarse en ese lugar, en el de un beatle?

-Realmente no lo disfrutamos nada, lo hicimos por una obligación contractual y te puedo asegurar que fue horrible compartir esa película con Alice Cooper y Aerosmith.

-Un año antes había sido el furor de la película "Saturday Night Fever" y de la banda de sonido que ustedes compusieron y que resultó la más vendedora de la historia. Sin embargo los críticos de rock fueron muy duros y los tildaron de inventores de la moda disco, algo así como un enemigo del rock. ¿Que sentían entonces?

-Creo que se trataba de música, simplemente, un paso más en nuestra carrera, pero no lo llamabámos disco music; ese fue un término inventado por la prensa. Y con el tiempo, fuimos reconocidos. Muchos tocan nuestros temas y hemos ganado varios premios en este último tiempo. En febrero un Brit Award por nuestra contribuación a la música y el próximo mes entraremos al Rock and Roll Hall of Fame. Pero quiero dejar en claro que no lo sentimos como un fin sino como un principio, como un reconocimiento. Alguna gente piensa que cuando te dan premios es porque estás acabado, pero nosotros tenemos música para rato. En cierta forma es un acto de justicia, porque no hay muchos artistas en el mundo que puedan decir que tres generaciones han disfrutado de una misma música, que han hecho canciones que duran para siempre. Somos una parte de la cultura pop, y eso es lo que los premios vienen a demostrar.

Gorjeos perduraron por 30 años

LONDRES (The Sunday Times).- Tres hombres adultos gorjeando con voces afeminadas siempre espantan. Peor aún, las bandas familiares siempre tienen algo de extraño, a lo Trapp.

Sin embargo, lo más extraño en la carrera de los Bee Gees es que hayan sobrevivido a 30 años de participación en la industria de la música pop y aún conserven el aura de lo novedoso, combinada con la elasticidad necesaria para producir otro single, "Alone" que suena exactamente igual a los anteriores.

Los Bee Gees perduran en la memoria como unos bufones con pantalones de marinero, muestras vivientes del arte refulgente de la ortodoncia, artistas de la basura pop que cantan como Pinky y Perky.

Durante casi dos décadas, los extraños los han saludado adoptando la pose de John Travolta en "Fiebre del sábado por la noche" -pecho afuera, brazo alzado- más por burla que por admiración. Y otra paradoja: si bien han vendido más discos que cualquier otro artista -salvo Michael Jackson, los Beatles y Elvis Presley- sus admiradores son reticentes. Si usan sus camisetas, lo hacen en la intimidad. No vemos grupos de clones suyos en los aeropuertos.

Ya podrían archivar su fijador en aerosol. Si alguien ronda por ahí el tiempo suficiente, se convierte en un clásico y, pese a la artritis de Barry, los Bee Gees todavía pueden pararse en un escenario sin andadores ortopédicos. Barry tiene 50 años y sus hermanos mellizos 47.

Los hermanos Gibb no son los únicos rockeros que han aprendido a sobrevivir pero, mientras Mick Jager se niega a envejecer de una manera ridícula y Bowie se reinventa a sí mismo periódicamente, los Bee Gees se empeñan en resistir a todas las tendencias siendo lo que siempre han sido:rockeros de mediana edad.

Un misterio de difícil resolución

Fieles a la forma de las bandas familiares, los hermanos Gibb experimentaron el clásico desarrollo forzado en el "invernadero" paterno. Su padre, Hugh Gibb, dirigía una banda. A los 6 años aprendieron a cantar piezas para tres voces sin acompañamiento. Cuando actuaban en los cines de Manchester, su padre, parado al fondo de la sala, los instaba a sonreír.

Los otros chicos les tenían antipatía y ellos reaccionaron incendiando lotes y comercios. En 1958, luego de que Barry fuera condenado a dos años de libertad condicional, Hugh los llevó a Australia para mantenerlos fuera del reformatorio. Allí, los Bee Gees siguieron atentamente el nacimiento y la adolescencia de los Beatles. Quedaron fascinados.

Nueve años después, de regreso en Inglaterra, fueron adoptados por Robert Stigwood, socio de Brian Epstein, el manager de los Beatles. Tuvieron éxito con varios discos simples. Maurice se casó con Lulu y, en 1969, los comentaristas señalaron la "desintegración definitiva" de la banda, mientras los Gibb emprendían la carrera convencional del rock: disolución del grupo, alcohol, drogas, divorcio y años yermos.

El productor musical Arif Mardin les ayudó a perfeccionar su falsete. En 1978, estalló el síndrome de la fiebre sabatina que eclipsaría lo punk y devendría en punta de lanza de la música disco. Los Bee Gees volvieron a consagrarse pero, aun teniendo 5 canciones entre los 10 primeros puestos del ranking, pronto fueron ridiculizados. "Por unos diez años, padecimos una especie de lepra", le comentó Barry a Melvyn Bragg.

Soportaron humillaciones implacables: en 1980, los HeeBeeGeeBees -tres cantores cómicos, apodados Gary, Morris y Dobbin Glib triunfaron con "Meaningless Songs in Very High Voices".

Arreció la lluvia de risitas zumbonas, los comentaristas se empeñaron en condenarlos al olvido... y los Bee Gees siguieron escribiendo canciones imbuidas de una sensibilidad milagrosa en hombres que, a veces, pueden parecer plúmbeos. ¿De dónde les viene exactamente? Todavía hoy, la respuesta es un misterio que ni ellos mismos pueden resolver.

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