Espíritu danés en Tres Arroyos

Desde su arribo a fines del siglo XIX, contagiaron al lugar su amor por la tierra y su incesante lucha por el progreso
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24 de diciembre de 2004  

TRES ARROYOS.- El paisaje de Tres Arroyos no es igual al de cualquier ciudad de la provincia de Buenos Aires: por sus calles circulan autos que poseen calcos con la sigla DK o los colores rojo y blanco, muchas de las construcciones poseen un acentuado estilo sajón, en las casas se preparan postres con nombres difíciles de pronunciar, en las entidades bancarias o restaurantes no es raro escuchar a gente conversando en un idioma extraño o en un castellano con acento particular, algo cerrado.

Tres Arroyos posee un espíritu propio, particular, que se caracteriza por el amor a la tierra, la tenacidad y la constante lucha por el progreso. Este espíritu lleva más de cien años de historia, comenzó en los campos de la zona, pero pronto se extendió a la ciudad e hizo de ella un lugar pujante, con ímpetu propio. Este es, en gran medida, el legado de un grupo de inmigrantes inquietos y trabajadores, provenientes de una pequeña península europea, donde los inviernos son muy fríos y las lluvias, abundantes: Dinamarca.

La historia comenzó a escribirse a finales del siglo XIX cuando un grupo de daneses radicados en Tandil, en su afán de progreso, partieron hacia los pagos de Tres Arroyos, alentados por los arrendamientos más baratos y desoyendo los consejos de sus compatriotas, que, según cuenta la tradición oral, les decían: "Nunca dará resultado la agricultura allí; no llueve, la tierra es arenosa y estéril, ni siquiera el pasto crece, sólo domina la paja brava".

Pero ellos igual partieron y la empresa dio sus frutos. Nicolás y Blas Ambrosius, dos hermanos dinamarqueses, fueron los primeros en sembrar trigo y, sin imaginarlo, sentaron las bases de lo que hoy es uno de los principales centros productores de este cereal y sede de la Fiesta Provincial del Trigo, que se realiza desde 1968, año en que quedó establecida por decreto.

"Para toda esta zona ha sido muy importante la presencia de la colectividad y, fundamentalmente, su acción en favor de la actividad agropecuaria", dice el contador Luis Alberto Cousseau. Y añade: "En los cincuenta años que llevo trabajando con ellos, aprendí que cuando hacen una consulta, la deciden y la ejecutan, no se quedan en una discusión permanente ni en un discurso constante de lo que pueden hacer; la antítesis de lo que somos los argentinos".

La capacidad de acción de estos hombres y mujeres introvertidos y de pocas palabras, pero muy amables y trabajadores, no sólo ayudó para que la cultura y las costumbres danesas se infiltraran en la vida tresarroyense, sino que también propició la fundación de prestigiosas instituciones de neto corte danés, como la Asociación Mutual Dan -aseguradora contra granizo y mutual médica-, la Sociedad Protestante del Sud -centro religioso luterano danés-, el hogar de ancianos El Atardecer -construido por las colectividades danesa y holandesa-, el Colegio Argentino Danés de Micaela Cascallares y diferentes clubes daneses diseminados entre los campos del partido de Tres Arroyos.

Años de trabajo y sacrificio

Hoy, los miembros de la colectividad gozan de un buen pasar, que se han ganado gracias al duro trabajo, pero vivieron tiempos en los que las necesidades estaban a la orden del día. "La mayoría de los daneses inmigrantes llegaron como peones de campo y les fue muy dificil progresar; arrancaron de muy abajo, la tuvieron que pelear y luchar muchísimo", cuenta Eduardo Dam, nacido circunstancialmente en Dinamarca, productor agropecuario y cónsul de su país en Tres Arroyos. "Don Pedro Haugaard (uno de los primeros daneses que progresó, compró tierras y construyó una estancia) traía gente de Dinamarca, y les daba trabajo; todos querían venir. Tenía una estancia muy grande. Se calcula que llegó a contar con medianeras para trabajar 60 mil hectáreas, cuando todavía los arados eran tirados por caballos", cuenta Pablo Pedersen, un integrante de la colectividad que vive en el Hogar El Atardecer junto con su esposa, Lilia.

En los primeros años de su presencia en la Argentina, fueron las cartas enviadas a familiares y amigos las que contagiaron el entusiasmo para que miles de campesinos en crisis se animaran a cruzar el Atlántico y se internaran en la pampa bonaerense, sin más herramientas que sus propias manos y su cultura de trabajo. "Esto era un paraíso para un dinamarqués recién llegado", dice Lilia Pedersen. Y era un paraíso por dos razones: primero, porque escapaban de una dura crisis económica que azotaba a Dinamarca por esos años, y segundo, porque se encontraban con grandes extensiones de tierras para labranza, desconocidas en su pequeño país.

Así, poco a poco, apellidos como Anderberg, Keergaard, Rybner y Olesen, entre otros, comenzaron a ser frecuentes en Tres Arroyos. Los campos desérticos fueron ganados por montes, jardines y casas de chorizo, que unos años más tarde se convirtieron en grandes residencias de estilo danés. Para el censo nacional de 1914 los dinamarqueses ya constituían el 1.2 por ciento de la población del partido de Tres Arroyos.

En su mayoría, eran chacareros provenientes de Jutlandia, una zona rural de su país de origen, y no de Copenhague, la capital. A ello se debe que, tanto su idioma como sus tradiciones sean propias del campesinado danés y no de los habitantes de las grandes ciudades.

En un principio ese idioma extraño para los lugareños fue el mayor obstáculo a superar. "Mi abuelo vino a trabajar con sus tíos -Nicolás y Blas Ambrosius- y mi abuela jamás aprendió a hablar el castellano. Los lugareños que se empleaban en las estancias danesas aprendían el danés, porque no se hablaba otra cosa, y en Tres Arroyos, en las grandes tiendas y en las cooperativas, siempre había alguien que hablaba danés, siempre", relata Mirna Ambrosius Skou, que reconoce, con un poco de melancolía, que con el correr de los años el idioma se ha perdido. "Los más grandes hablamos danés, pero nuestros hijos ya no", se lamenta.

Axel Dam, sobrino de Eduardo Dam, coincide con ella: "Mi generación no habla el idioma, es algo que no se va a recuperar".

Pero lo que el paso del tiempo no logra borrar entre esta gente, que trabaja a la par de sus empleados y hace un culto de la puntualidad, es su gran afición por el campo.

"Hay familias que llevan cuatro generaciones firmemente arraigadas al campo que compró su bisabuelo", señala Aldo Bidán, el primer pastor no danés que imparte sus sermones en la Iglesia Dinamarquesa de Tres Arroyos. Y explica que "han buscado por todos los medios que siga siendo la empresa familiar de sus orígenes, cuando la crearon sus mayores".

A un siglo de que las primeras oleadas de daneses inmigrantes pusieran por primera vez un pie por estos pagos, el amor de sus descendientes por el trabajo de la tierra garantiza el predominio de los trigales en la geografía del lugar y la consolidación de esta zona como la capital triguera de la provincia de Buenos Aires.

Axel Dam, que cursa tercer año de Administración Agropecuaria, en Buenos Aires, representa una clara muestra de ello. "A mí me gusta la vida de campo. Además, me entusiasma seguir con lo que han hecho mis antepasados", confiesa. Y agrega: "Cuando termine la carrera, vuelvo a Tres Arroyos para seguir con la actividad agropecuaria".

Otro signo distintivo de estos altos y rubios "vikingos", de ojos claros, obsesivos con sus tareas y muy estrictos en la educación de sus hijos, ha sido su afán cooperativista. "Así como, en su momento, la mayoría de los productores daneses tuvo el empuje y la visión para montar cooperativas, desde hace varios años, son pioneros en los grupos de trabajo, que hoy están organizados en todo el país", destaca el pastor Bidán.

Eduardo Dam participa de uno de estos grupos. "Hace 22 años estamos en el grupo de Cooperativa La Pampa; el grupo sigue y la cooperativa no, aunque el espíritu es el mismo. Nos juntamos para ver en qué podemos mejorar, en qué podemos salir adelante. En cierta medida, hacemos lo mismo que hacían nuestros abuelos: nos juntamos para que lo que ensaya uno lo podamos aprovechar todos."

Y fue ese mismo espíritu emprendedor el que dio origen, en 1923, a la Chacra Experimental de Barrow, ubicada a pocos kilómetros de la ciudad cabecera y que actualmente está compuesta por tres entes: el INTA, el Ministerio de Asuntos Agrarios y una Cooperadora que la administra (cuya comisión está integrada en un 80 por ciento por descendientes de daneses).

Festejos y tradiciones

Pero no sólo la cultura de trabajo y el idioma viajó con ellos desde el frío y distante país nórdico, sino que también trajeron sus costumbres y tradiciones, que se mezclaron con las de la apacible vida pueblerina de Tres Arroyos.

Muchas de ellas siguen en pie y desafían el paso del tiempo, como las fiestas de verano, donde se realiza el tradicional tiro al pájaro; las horas de canto en danés, los viernes, en el Hogar El Atardecer; el folklore, y las comidas típicas. De todos estos festejos y tradiciones, provenientes de la tierra del escritor Hans Christian Andersen y del filósofo Sören Kierkeggard, los que despiertan más entusiasmo entre los adultos son los Ocho Días en el Colegio Argentino Danés, de Micaela Cascallares. Los Ocho Días, paradójicamente, duran cinco y consisten en un ciclo de conferencias en las que se diserta sobre temas de interés para la colectividad y que cuenta todos los años con un conferencista central enviado por el gobierno de Dinamarca.

Varios de los participantes permanecen en el Colegio, recreando los tradicionales hojskole (escuela de educación informal para adultos, en Dinamarca) y viven en un ambiente que recuerda a la vieja tierra escandinava. "Los que estamos en la comisión pasamos diez días en el colegio y hacemos 30 kilos de masitas de diferentes sabores, se carnea un chancho y se hace la salchicha danesa, porque todo lo que se come durante los Ocho Días es auténtica comida danesa", explica Mirna Skou.

Carmen Poulsen, una dinamarquesa que llegó a Tres Arroyos para trabajar como empleada doméstica, gracias a un aviso que publicó en el diario Syd og Nor (impreso en lengua danesa), resume con su experiencia el entusiasmo que este encuentro provoca en los miembros de la colectividad. "Hace muchísimos años que no falto a esta fiesta, me carga de energías y de nuevas sensaciones que me acompañan durante todo el año".

Tal vez, esas energías y sensaciones sean las mismas que bajaron de los barcos daneses hace más de un siglo, y se instalaron en una incipiente Tres Arroyos, ciudad a la que estos hombres y mujeres contagiaron su espíritu luchador y perseverante, que llega hasta nuestros días.

Dos obras que llenan de orgullo

Entre la infinidad de motivos que la colectividad danesa en Tres Arroyos, tiene para enorgullecerse, se destacan dos instituciones que ya son un clásico en esta ciudad: el hogar de ancianos El Atardecer y la Asociación Mutual Dan.

El Atardecer es un ejemplo de lucha y trabajo llevado a cabo por las colectividades danesa y holandesa de Tres Arroyos. Lejos de parecer un hogar de ancianos, amén de que los inquilinos ronden entre los ochenta y noventa años, es una casona enorme que cuenta con salas de estar, un piano, comedor, lavadero, cocina, jardines y departamentos individuales o dobles que son equipados por los inquilinos, algunos tienen teléfono particular, televisor y hasta computadora. "Compramos el terreno y después empezaron los impuestos, no sabíamos de dónde sacar un peso y empezamos con mercados de pulgas", recuerda Lilia Pedersen, que además de mandarle una carta a la reina de Dinamarca pidiendo donaciones, hizo plumones, cocinó y recorrió campos en busca de cereal, junto a otros integrantes de la comisión.

Actualmente, el Hogar está totalmente terminado y en su interior se respira un aire fresco. "Toda la gente que viene de Dinamarca dice que está a la altura de lo que hay allá, que es un lujo; pero de lujo no hay nada, hay mucho espacio, eso sí", reconoce Pedersen.

La Asociación Mutual Dan, por su parte, está presente en la ciudad de Tres Arroyos desde 1927, cuando un grupo de colonos daneses se reunió para crear un seguro contra granizo, puesto que en la cosecha anterior había causado fuertes daños en sus sembrados. La iniciativa tuvo eco y ese mismo año se registraron 145 pólizas. Hoy, la Asociación Dan brinda servicios como aseguradora y mutual de salud, y cuenta con 576 socios de Tres Arroyos y la zona.

Otro aspecto distintivo: su religiosidad

La religiosidad es otra de las características que distinguen a los daneses. Desde los primeros tiempos, viajaban los pastores de Tandil para oficiar misas en los campos y esto permitía que la colonia se reuniera. Después de las misas muchos se quedaban a dormir en la "casa-templo" del día (cuando aún existían las de chorizo, pasaban la noche descansando arriba de los recados), sobre todo cuando todavía no había automóviles y se trasladaban a caballo.

Con el correr de los años, Tres Arroyos se independizó de Tandil, pero la Iglesia continuó siendo itinerante y las misas siguieron oficiándose en los campos. Más tarde, se creó el cementerio danés (donde son sepultados todos los descendientes de daneses) y, en el mismo lugar, la Capilla.

Actualmente, en Tres Arroyos está la Escuelita Bíblica a la que asisten niños y adolescentes y donde se lee algún pasaje de la biblia que luego se comenta.

La hora de canto en el Hogar El Atardecer también está relacionada con la religiosidad, dado que las canciones que allí se entonan figuran en los cancioneros de la Iglesia, en la que el pastor Bidán oficia misa bajo los preceptos del culto luterano, la religión oficial de Dinamarca.

Bidán es el primer pastor no dinamarqués. Llegó a Tres Arroyos en 1974 y dos años más tarde fue becado para estudiar las tradiciones de la Iglesia Evangélica Luterana de Dinamarca. La llegada de este pastor marcó una nueva apertura ya que las misas ahora se celebran en castellano. Aunque siempre está presente algún salmo en danés.

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