Crece el número de alumnos en las universidades del conurbano

Son instituciones que ofrecen carreras no tradicionales, vinculadas con las necesidades de la zona
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27 de diciembre de 2004  

Hay universidades públicas sin aulas superpobladas ni carreras tradicionales, en las que muchos estudiantes inauguran la tradición universitaria en sus familias y cuyas investigaciones comienzan con demandas puntuales de las localidades en las que tienen sus sedes. Se trata de las seis universidades públicas del conurbano bonaerense, nacidas durante la década del 90, que hoy reúnen a unos 58.000 estudiantes y 2800 docentes, y que registran las más altas tasas de crecimiento en su cantidad de alumnos.

Según cifras de la Secretaría de Políticas Universitarias, dependiente del Ministerio de Educación de la Nación, en los últimos cuatro años la matrícula se elevó, según la institución, entre el 7,6% y el 32,5%, mientras que el promedio de crecimiento para todas las universidades del país fue del 4,8 por ciento. Al mismo tiempo, la UBA registró un descenso en su cantidad de nuevos inscriptos en los últimos dos años (actualmente tiene 324.068 alumnos).

Estas universidades tienen carreras innovadoras -Seguridad Ciudadana, Ecología Urbana, Gestión del Arte y la Cultura, Biotecnología-, con planes de estudio que permiten retrasar la elección de la carrera, cambiarla fácilmente o elegir las materias para cursar. Ubicadas en zonas en general desfavorecidas -Bernal, Los Polvorines, Remedios de Escalada, Caseros-, llevan la posibilidad del estudio superior a jóvenes que de otro modo no la tendrían, porque no pueden trasladarse a diario para hacerlo o porque ser universitarios ni siquiera estaba dentro de lo que imaginaban como posible.

Otra marca distintiva es su vinculación con los problemas de sus regiones. Son ejemplos de ello el programa de Desarrollo Local de la Universidad Nacional de General Sarmiento (UNGS), que ofrece asesoramiento jurídico gratuito, trabaja con organizaciones locales y da apoyo a actividades productivas, como microemprendimientos y cooperativas. O sus programas de actualización académica para docentes de profesorados y de la EGB. O el Observatorio Pyme, del que forman parte las universidades de San Martín, La Matanza y Quilmes, junto con la Universidad de Bologna, que intenta construir un mapa de las pequeñas y medianas empresas de sus localidades, su estado y necesidades, para diseñar políticas. O la capacitación en derecho constitucional, penal y derechos humanos, para los integrantes de la nueva fuerza policial Buenos Aires 2, que se realizó en la Universidad Nacional de La Matanza y seguirá también en la de Lanús.

Más pequeñas, organizadas por departamentos, algunas lograron instalar políticas que en otras universidades hubieran sido controvertidas, como exámenes y cupos de ingreso y colaboraciones voluntarias mensuales de los alumnos. Pero estas universidades no están exentas de polémica. Se menciona una calidad académica dispar entre ellas, se les cuestiona la apertura de sedes en la Capital para dictar posgrados -lo que no coincidiría con su modelo regional de institución- y el hecho de que muchas surgieron empujadas por la presión de "padrinos políticos" -legisladores oriundos de cada zona-, cuya influencia se sigue citando cada vez que alguna partida extra se distribuye en el presupuesto.

"El tamaño es una de las principales diferencias con las universidades grandes. En esta universidad la llegada al rector es más sencilla. Además, las carreras que ofrecemos son innovadoras y no tenían desarrollo en la región metropolitana", sintetizó Daniel Gómez, rector de la Universidad Nacional de Quilmes (UNQ), con sede en Bernal, unos 12.000 estudiantes y una oferta que incluye Biotecnología, Administración Hotelera, Composición con Medios Electroacústicos y Arquitectura Naval. Volcada a la investigación, con desarrollos importantes en biología molecular, alimentos e historia, una de sus marcas distintivas fue el desarrollo pionero de un campus virtual, en cuyas carreras de grado y posgrado a distancia cursan hoy 3000 alumnos, y una activa editorial.

En 1989, se creó la Universidad Nacional de La Matanza (UNLM), la más poblada. Según contó el rector, Daniel Martínez, el 50% de los estudiantes son de esa zona, y en la otra mitad la mayoría proviene de la ciudad de Buenos Aires. "El 90% de los chicos tiene padres que no fueron a la universidad. Son chicos que además tienen mayor compromiso: tenemos una tasa de graduación de entre el 35 y 40 por ciento", dijo. Después de varios años de crecimiento continuo de la matrícula, la UNLM hoy tiene unos 21.000 estudiantes.

Mirada local

Cuando se le pregunta al rector de la Universidad Nacional de General Sarmiento (UNGS), Silvio Feldman, qué diferencia esa institución de sus pares "grandes", menciona la "interacción con el medio para enfrentar problemas socialmente relevantes". Con 8000 estudiantes, las carreras de la UNGS están organizada por ciclos: el primero, brinda una formación básica según áreas del conocimiento y permite el acceso a los ciclos superiores de carreras, como Urbanismo, Estudios Políticos, Economía Industrial e Ingeniería en Tecnología de Manufactura. Tiene 150 docentes-investigadores, en áreas como neurociencia computacional, historia cultural, economía popular urbana y políticas educativas.

Otra marca está en el origen social de sus alumnos. El sistema de becas de ayuda económica alcanza el 20% de la matrícula y representa el 3,5% del presupuesto. "A muchos chicos les asustan las universidades grandes; las menores dimensiones también influyen en la tarea docente: tenemos mejor relación profesor-alumno. Somos instituciones más flexibles, con mayor capacidad de articular ofertas de formación e investigación que respondan a demandas sociales", dijo Daniel Malcolm, rector de la Universidad Nacional de San Martín (Unsam). Con una sede porteña donde tiene una activa oferta de posgrados, la Unsam lleva adelante "acciones institucionales innovadoras", como dijo el rector, tales como una incubadora de empresas, el polo tecnológico Constituyentes y la formación de emprendedores.

Muchas de estas universidades atraen a equipos de investigadores de otras universidades, en especial de la UBA, en busca de ambientes con menos burocracia. "Aquí no hay un grado de politización tan alto, entonces, los investigadores pueden concentrarse en su trabajo específico. Y también proveemos lugar para investigadores jóvenes, que en muchas universidades grandes tienen cerrados los ascensos", dice Malcolm.

Una de las dos universidades más nuevas del grupo, creada en 1995, la Universidad Nacional de Tres de Febrero (Untref) tiene casi 5000 alumnos, curso de ingreso de cinco meses con cupo para sus carreras, una sede en Buenos Aires para el dictado de posgrados, un museo en su sede de Caseros e inauguró hace poco su campus virtual."La diferencia fundamental está en la relación que se establece con el entorno social, que hace que estas universidades sean vistas por la gente como más accesibles", dijo su rector, Aníbal Jozami.

Aunque en sus inicios la mayoría de los estudiantes de las universidades del conurbano eran adultos que no habían podido estudiar antes, con el paso del tiempo se fue haciendo mayoritaria la población de alumnos recién salidos del secundario. Por eso, a menudo se cita a estas universidades como "competencia" para la UBA. Pero la rectora de la Universidad Nacional de Lanús (UNLa), Ana Jaramillo, lo relativiza. "Muchos estudiantes de la zona vienen por la cercanía, pero muchos de los que ingresan no tenían antes en su imaginario la posibilidad de estudiar en la universidad", dijo. En la UNLa se dictan, por ejemplo, Enfermería, Audiovisión, Turismo, Gestión Ambiental Urbana y Trabajo Social, además de posgrados y ciclos de licenciatura para docentes. En una muestra de su vinculación con la zona, la UNLa tiene una activa orquesta, un programa de actividades de verano para chicos y el centro interactivo de ciencia y tecnología "Abremate".

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