Se aprobó en la Cámara baja la reforma laboral

Pese a la oposición del PJ, el proyecto obtuvo 138 votos contra 88 en Diputados.
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25 de febrero de 2000  

Con el sorpresivo rechazo del bloque peronista en pleno, la Cámara de Diputados aprobó el proyecto de reforma laboral acordado el martes último entre el Gobierno y un sector de la CGT.

El debate llevó doce horas antes de que 138 diputados votaran favorablemente la norma, a las 23.50 de anoche. El voto negativo de 88 legisladores de la bancada peronista preocupó seriamente a la Alianza, que hasta anteayer apostaba a que el acuerdo con la CGT se traduciría en un apoyo del PJ a la norma.

Nueve diputados de la Alianza, entre ellos Alicia Castro, de extracción sindical, votaron también en contra de la reforma, pero eso estaba previsto por el oficialismo.

Los argumentos de quienes se opusieron fue básicamente el mismo: que la ley no beneficiaría a los trabajadores. La posición favorable al proyecto sostiene, en cambio, que ayudará a fomentar la creación de empleo.

La iniciativa aprobada establece un período de prueba de tres meses que podrá ampliarse a seis, la descentralización de los convenios colectivos, la continuidad de los aportes gremiales de los trabajadores y la caída de los convenios de ultraactividad, entre otros puntos.

Poco antes de la medianoche, el bloque de la Alianza amagó con modificar un artículo, referido a los aportes sindicales de los trabajadores, pero una llamada del presidente Fernando de la Rúa al Congreso frenó al oficialismo. La siguiente preocupación del Gobierno es el Senado, donde prevalece la incertidumbre sobre el futuro de la reforma.

Aprobaron el proyecto sin apoyo del PJ

La norma impulsada por el Gobierno tuvo el voto favorable de 138 diputados, 93 se opusieron y hubo tres abstenciones.

A un día de que el Gobierno sellara un acuerdo con un sector de la CGT y en medio de una movilización de protesta convocada por el ala dura de la central sindical, la Cámara de Diputados aprobó en general el proyecto de ley de reforma laboral, que esta madrugada se votaba en particular.

Luego de doce horas de debate ininterrumpido en el recinto, la mayoría del bloque de diputados de la Alianza logró el apoyo del cavallismo y de los legisladores de partidos provinciales para avanzar con una ley reclamada con insistencia por el presidente Fernando de la Rúa y cuestionada por un amplio sector del sindicalismo.

Los diputados del justicialismo, que un día antes se mostraban en favor de la iniciativa, ayer, sorpresivamente, cambiaron de actitud y decidieron romper con el acuerdo CGT-Gobierno. Esto generó malestar y cierta preocupación en la Alianza (de lo que se informa por separado).

A su vez, un grupo de nueve diputados de la bancada oficialista se mostró contrario a la iniciativa de flexibilización laboral y cuestionó los puntos principales del proyecto.

De esta manera, 138 diputados votaron en favor del proyecto de reforma laboral, 93 lo hicieron por la negativa y tres se abstuvieron.

De los 93 legisladores que votaron en contra del proyecto acordado entre la CGT y el Gobierno, 84 eran del bloque peronista y nueve de la Alianza (ver aparte).

Los legisladores aliancistas que responden al gremio opositor de la Central de Trabajadores Argentinos (CTA), los frepasistas bonaerenses Marcela Bordenave y Jorge Giles, aceptaron un pedido que les había hecho el ministro de Trabajo, Alberto Flamarique, y se retiraron del recinto en el momento de la votación para facilitar el número de votos favorables a sus pares oficialistas.

Las tres abstenciones fueron de los justicialistas Claudio Sebastiani, María Mosso y Juan Domingo Zacarías.

Lo aprobado

El proyecto de ley de reforma laboral que ayer se aprobó en general contempla, entre otras cosas, un período de prueba de tres meses que se podrá ampliar a seis, la descentralización de los convenios colectivos, la continuidad de los aportes gremiales que hacen los trabajadores para la "caja" de los sindicatos, la creación de una comisión bicameral del Congreso para realizar un seguimiento de los convenios colectivos de trabajo, la obligatoriedad de las empresas de brindar información sobre su situación económica, la creación de una unidad de arbitraje obligatorio para pactar los convenios que no pudieron ser acordados en forma pacífica y la caída de los convenios de ultraactividad (aquellos que datan de 1975 y 1988 y que se renuevan cada año en forma automática), para ser reemplazados por otro convenio.

Durante las diez horas del debate del proyecto de reforma laboral sólo se registraron menciones dispersas y menores del acuerdo sellado entre el Gobierno y la CGT de Rodolfo Daer.

Al parecer, ello no respondió a un simple olvido, sino a una estrategia política esgrimida por la Alianza, que temió ser cuestionada por el justicialismo y por los frepasistas duros. Sucede que durante la jornada de ayer, tanto públicamente como en forma reservada, los peronistas y los frepasistas críticos se expresaron en contra del consenso alcanzado por el Gobierno con un ala del sindicalismo que, a su entender, está desprestigiada ante la sociedad.

Una sesión aburrida

En líneas generales, la sesión resultó aburrida y no se percibieron sobresaltos ni debates profundos entre los peronistas y los aliancistas.

Pero al promediar el tratamiento en particular del artículo nueve de la norma (aquel que se refiere a la continuidad de los aportes gremiales por parte de los trabajadores), la Alianza se dispuso a eliminar esa cláusula, teniendo en cuenta que los justicialistas no habían avalado parte de lo acordado entre la CGT y el Gobierno. Allí la oposición interrumpió airadamente para exigir que no se cambie ese párrafo, porque de esa manera podría peligrar el sustento económico de los gremios. Finalmente, De la Rúa llamó a sus legisladores y les pidió que mantuvieran lo acordado, por lo que no hubo ninguna modificación.

También hubo pequeños pasajes de tensión cuando, por ejemplo, el titular de la Comisión de Trabajo, Juan Carlos Passo (UCR-La Pampa), criticó al gobierno de Carlos Menem por haber dejado un alto índice de desocupación. Ello generó la rechifla de los legisladores justicialistas.

A su turno, Gerardo Martínez (PJ-Buenos Aires) criticó el proyecto de ley del oficialismo porque entendió que esa iniciativa "privilegia el capitalismo por encima de los trabajadores". Y añadió que es un proyecto "pedido por el Fondo Monetario Internacional (FMI) que lo único que busca es la precarización del empleo".

La legisladora crítica de la Alianza Alicia Castro emitió un acalorado discurso que fue aplaudido efusivamente por los diputados peronistas, mientras que la Alianza respondía con un incómodo silencio.

"La receta de la reforma laboral para mejorar el nivel de empleo fracasó en el mundo. No debemos seguir un pensamiento neoliberal que ha penetrado en todos", dijo la sindicalista de los aeronavegantes. Inmediatamente utilizó un golpe bajo hacia la Alianza y el peronismo al sostener: "No quisiera ver al partido de Yrigoyen (por la UCR), al de Germán Abdala (por el Frepaso) o al de Perón (por el PJ) votando por una ley que va en contra de los trabajadores".

El diputado Alfredo Atanasoff (PJ-Buenos Aires), uno de los artífices del acuerdo Gobierno-CGT, improvisó un discurso "lavado" donde destacó la necesidad de avanzar con los consensos entre el oficialismo y la oposición.

El diputado Carlos Balter (Demócrata de Mendoza) dijo que la reforma laboral "no es la solución definitiva, pero significa un aporte para resolver el problema del desempleo".

Desde la Alianza, la diputada Margarita Stolbizer destacó que la iniciativa "recuperará el poder de negociación en un escenario caracterizado por una tasa alta de desempleo". Y en una suerte de respuesta por elevación a la diputada Castro, Stolbizer dijo que "el partido de Yrigoyen va a reflotar el derecho de huelga que derogó Menem".

Otro crítico de la Alianza fue el diputado Héctor Polino, que destacó "las buenas intenciones del Gobierno", pero añadió que "no creemos que la norma solucionará el problema del desempleo".

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