Confesó uno de los detenidos en el caso Cabezas

Es Miguel Retana; dijo que pertenecía a la banda e inculpó al ex policía Prellezo
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11 de abril de 1997  

DOLORES (De nuestros enviados especiales).- "¡De esto no se habla nunca más! ¿Está claro?". La orden fue dada a sus cómplices por el ex oficial inspector de la Policía Bonaerense Gustavo Prellezo minutos después del asesinato de José Luis Cabezas, y cuando el cadáver del fotógrafo aún ardía en un descampado vecino a General Madariaga.

Fuentes judiciales seguras de esta ciudad revelaron algunos pasajes del extenso relato del detenido Héctor Miguel Retama, quien entre otras cosas admitió ante el juez José Luis Macchi que en enero último fue convocado a Pinamar por Prellezo porque "había que apretar a un fotógrafo".

Sin embargo, Retama dijo que no estuvo presente en el momento del crimen, ya que, en forma imprevista, el ex oficial inspector lo envió a Valeria del Mar.

"Me contrataron para pegarle una paliza a un fotógrafo y justo cuando tenía que hacer el laburo me mandan a pasear", aseguró el detenido.

Retama dijo también que el 25 de enero último, algunas horas después del asesinato, escuchó que Prellezo decía: "Se pudrió todo. Lo tuvimos que bajar porque reconoció a un bol...".

El secretario del juzgado de Dolores, Mariano Cazeaux, dijo a La Nación que el testimonio de Retama "encaja perfectamente" con el resto de las pruebas acumuladas en el expediente.

El juez Macchi no tenía claro anoche cuál de los detenidos fue el autor material.

El jefe de la Policía Bonaerense, Adolfo Vitelli, advirtió que existen aún "muchos puntos oscuros".

La primera confesión apuntó a Prellezo

Miguel Retana, quien rondó la casa de Andreani en la noche del crimen, declaró varias horas y acusó al ex oficial detenido

DOLORES.- "Se acabó, de esto no se habla más", habría ordenado a sus cómplices el ex oficial inspector Gustavo Prellezo, poco después del asesinato de José Luis Cabezas y cuando el cadáver del fotógrafo aún ardía en el hoyo cavado en las afueras de Pinamar.

El testimonio es parte de la extensa declaración realizada por Héctor Miguel Retana, uno de los cuatro detenidos anteayer por su presunta participación en el homicidio del periodista de Noticias en la que incriminó seriamente al ex policía y refuerza la presunción de que éste habría sido quien ejecutó al reportero gráfico, dijeron fuentes oficiales.

Retana, fue trasladado hasta el despacho del juez José Luis Macchi, ayer a las 18, y expuso ante el magistrado durante ocho horas.

"Su testimonio es asombrosamente parecido a muchas de las actuaciones que ya constan en el expediente", afirmó el secretario del juzgado, Mariano Cazeaux.

Contó todo

Y si bien el funcionario declinó dar otros detalles de los dichos del sospechoso, al resguardarse en el secreto del sumario vigente, un allegado a dicha sede judicial confió a La Nación que Retana aseguró que no estuvo presente cuando se asesinó a Cabezas aunque reconoció que fue uno de los individuos que merodeaban por los alrededores de la casa del empresario postal Oscar Andreani, el 24 de enero a la noche y durante las primeras horas de la jornada siguiente.

Ante el juez, según la fuente, Retana explicó que fue llamado por Prellezo, a fines del año pasado, junto a Horacio Anselmo y Carlos Sebastián Braga y Luis José Auge, con el propósito de realizar un "trabajo" importante en Pinamar, durante el mes de enero último.

Retana se refería a la intención del convocante de organizar una banda para robar viviendas y "otras cositas", bajo su protección y la de otros oficiales que prestaban servicios en la zona.

Así, el cuarteto se trasladó a dicho balneario y se alojó en un departamento que les alquiló el titular del destacamento de Valeria del Mar, oficial principal Sergio Camaratta, aunque el pago de la renta corrió por cuenta del mismo Prellezo, aseguró Retana.

A mediados de enero habrían sido llamados nuevamente por Prellezo, quien les dijo que estuvieran atentos porque "había que apretar a un fotógrafo".

De acuerdo con sus dichos, no tuvieron más novedades hasta que el 24 de enero, Prellezo les avisó por teléfono que esa noche "se hacía lo del fotógrafo".

A lo de Andreani

Retana explicó que estuvo en las cercanías de la casa del empresario a bordo de un Fiat Uno blanco e inclusive, reconoció que cuando estaba apostado esperando la salida de Cabezas, se acercaron al vehículo "una mujer petisa, de unos 50 años, acompañada por otra", las que, tras golpearle el vidrio de la ventanilla, le preguntaron que hacía allí.

Esta revelación confirma lo declarado por Diana Solanas y Cecilia, las vecinas de Andreani que, además reconocieron a Pedro Villegas, el concubino de Margarita Di Tullio, como uno de los ocupantes del auto.

También señaló que poco después, Prellezo mantuvo un diálogo con uno de los custodios de Andreani -sería Miguel Bogado, otro de los principales testigos de esta causa-.

A pasear

A continuación, Retana aseguró que cerca de las dos, junto a Auge y Gustavo González, individuo que fue detenido en La Plata en las últimas horas, abandonaron el lugar y se dirigieron al pub Coyote, de Valeria del Mar.

"Me contrataron para pegarle una paliza a un fotógrafo y justo cuando tenía que hacer el laburo, me mandan a pasear a Valeria", le habría dicho a Macchi.

El reencuentro con los otros participantes en el homicidio de Cabezas se produjo a las seis cuando, tal como explicó Retana, escuchó a Prellezo decir: "Se pudrió todo. Lo tuvimos que bajar porque reconoció a un boludo".

Luego, uno de los hombres le contó lo que había pasado, mientras Prellezo permanecía callado hasta que concluyó el relato.

El grupo permaneció varios minutos en silencio, hasta que el ex oficial exclamó: "Se acabó, de esto no se vuelve a hablar".

Por lo visto, tuvieron que pasar poco más de dos meses para que uno de los acólitos de Prellezo se decidiera, por fin, a desobedecer aquella orden.

Faltan muchos datos, pero la causa avanza

Paraguas: según varias fuentes la banda del ex policía Prellezo contaba con la protección de al menos un oficial de la Costa.

DOLORES.- Todavía no se sabe quién mató a José Luis Cabezas, mucho menos por qué, pero parece que la investigación avanza.

Ayer, por primera vez, un detenido reconoció haber participado en el secuestro del fotógrafo, aunque Héctor Miguel Retana rápidamente aclaró que no había visto el asesinato.

Según el secretario del juzgado a cargo de José Luis Macchi, Retana aportó datos cruciales. "Su relato es muy coincidente con lo que hay en la causa, y describe los hechos con muchos detalles", fue la valoración de Mariano Cazeaux.

Horas después que Retana pidiera hablar con el juez, y prestara su maratónica declaración indagatoria, fuentes judiciales y policiales confirmaron que fue detenido Gustavo González, otro presunto integrante de la banda que habría participado del homicidio del periodista de la revista Noticias.

También, a última hora fue trasladado a esta ciudad en comparendo compulsivo Anastasio Prellezo, padre del presunto jefe de la banda.

En una razzia de 24 horas que empezó en la madrugada de anteayer, fueron arrestados Carlos Sebastián Braga, Retana, González, Gustavo Prellezo y su esposa, María Silvia Belausqui.

Todos ellos, junto con los prófugos Horacio Anselmo Braga y Luis José Auge formarían parte de una gavilla que se dedicaba a robar casas de veraneo en la zona de Pinamar. También fue encontrado, en la casa de Prellezo, el Fiat Uno que habrían usado los asesinos.

De acuerdo con una abrumadora variedad de fuentes policiales, la banda de Prellezo trabajaba al amparo de al menos un policía de la costa, Sergio Camaratta. El problema es que, según fuentes judiciales, los investigadores todavía no han terminado de probar esa relación, circunstancia que por el momento impide trepar en la pirámide de responsabilidades para acercarse al autor intelectual.

Fuentes cercanas a Macchi aseguran que el juez nunca creyó la historia del famoso artículo periodístico sobre casa robadas como posible móvil del crimen, y los investigadores tampoco compran que todo termina en una bandita de asaltantes de temporada.

Pero por el momento tienen otras preocupaciones. Por ejemplo, buscan vincular a la banda de Prellezo con la de Pepita la Pistolera, cuyos cinco integrantes siguen presos por dos razones básicas: uno de ellos fue reconocido en la escena del secuestro, y otro guardaba el revólver que habría matado al fotógrafo.

Fuentes confiables aseguran que el juez no cree que Luis Martínez Maidana, procesado como autor material del crimen, haya disparado la bala asesina.

"Pero hasta que no hable, no explique qué hacía con el arma, el juez no lo va a soltar", dijo la fuente.

El nexo entre las dos bandas sería Jorge Alberto Cabezas, otro ex policía detenido.

Jorge Cabezas y la banda de Pepita se especializaban en las mismas modalidades delictivas: autos truchos y tráfico de drogas.

La subbrigada de investigaciones de la costa sigue el primer tema. La División Narcotráfico avanza sobre la otra pista. Mientras tanto, Inteligencia aporta datos sobre cruces telefónicos.

Los resultados se conocerán en los próximos días. Otra vinculación que se investiga es a través del llamado "patrón de la costa", un ex oficial acusado de liderar una superbanda de policías corruptos. "El patrón" al menos conocía a Camaratta, Prellezo y Cabezas. Y un testigo encubierto de la causa afirmó que vio a Pepita la Pistolera salir de la casa del "patrón" en Santa Teresita, días después del asesinato, antes de ser apresada.

Tampoco se olvidan del hasta ahora testigo clave Carlos Redruello, cuyo papel en esta historia podría cambiar en breve, si se termina de comprobar que tuvo un rol más activo en la tragedia del que él se atribuyó.

Pero la inquietud inmediata del juez y de los investigadores pasa por sacarles la verdad a los flamantes detenidos de la banda de La Plata.

Retana empezó bien, pero nadie que oyó su declaración se la creyó del todo.

Su tropiezo más evidente fue cuando tuvo que confirmar que mantuvo una conversación, a las 3.15 , con la testigo Diana frente a la casa de Andreani. A esa hora, según Retana, él estaba tomando algo en el boliche Coyote, de Valeria del Mar, el mismo que Camaratta usó como coartada para la noche del crimen en una entrevista que le concedió a La Nación hace más de un mes.

Quedaron a la vista las bandas "mixtas"

Focos: es evidente que hay pequeños grupos delictivos organizados dentro y fuera de la Policía Bonaerense y que han sido insuficientes las medidas correctivas.

LA PLATA.- El giro que tomó la causa por el asesinato del reportero gráfico José Luis Cabezas puso en evidencia, de modo irrefutable, la presencia de bandas organizadas que actúan dentro de la Policía bonaerense.

Esa evidencia, en un primer análisis, viene a sustentar el anunciado propósito del gobierno provincial de reestructurar los cuadros de esa fuerza para eliminar de ella focos delictivos y de corrupción que Eduardo Duhalde dimensionó como "pequeños pero muy nocivos".

Sin embargo las acciones desarrolladas hasta el momento no aparecen como suficientes para semejante propósito.

Reforzar Asuntos Internos

En primer lugar, la actual estructura de Asuntos Internos de la Policía Bonaerense resulta sin duda insuficiente para detectar a esos grupos de malvivientes enquistados en la repartición.

Es cierto que a su actividad se debe la separación de decenas de efectivos incursos en actos delictivos. Pero también es evidente que su cometido resultó insuficiente para sacar a luz la actividad de una organización violenta que, como la vinculada al caso Cabezas, operó durante muchos años en la costa atlántica.

Sin embargo, entre los anuncios formulados hasta el momento, no existe ninguno referido al refuerzo de esa estructura interna destinada al control de los propios efectivos.

Las modificaciones se operaron en la composición de la Secretaría de Seguridad, pero no en la Jefatura de Policía.

Tampoco se avanzó sustancialmente en lo que el gobernador anunció en el acto en que Eduardo de Lázzari asumió como Secretario de Seguridad de la Provincia. En esa oportunidad Duhalde anunció la introducción de la figura del "controlador", luego rebautizado como el Defensor de la Seguridad.

Control de la policía

El propio De Lázzari reconoció esa necesidad: "Debe incrementarse -dijo- el control sobre la propia actuación policial no sólo desde los poderes del Estado, específicamente desde esta Secretaría de Seguridad, sino también desde la órbita de las instituciones ciudadanas de carácter intermedio ligadas al quehacer barrial, comunitario, empresarial, etcétera, debidamente representadas y fuera de todo partidismo político".

Pero también es necesario dotar a la Policía de un control interno capaz de vencer la parte nociva del "espíritu de cuerpo", que tantas veces ha servido para encubrir actitudes no recomendables.

Hoy la sociedad se pregunta cuántas bandas como la ligada al caso Cabezas actúan en el territorio bonaerense, especialmente en zonas en las que, como en este caso, la delincuencia -por caso, la gavilla de "Pepita"- tenía de contar con la anuencia de una organización integrada por policías para poder actuar.

El caso Cabezas pone en evidencia otras puntos de duda que se muestran con toda claridad cuando, por ejemplo, trasciende que la intervención del Gobernador, en persona, fue necesaria para llegar al final del camino en esta investigación.

Es cierto que Duhalde tiene especial interés en solucionar este caso que llegó a poner en la cuerda floja su carrera política. Pero también es cierto que no debiera ser necesaria la participación del primer mandatario para llegar a la verdad en un caso penal.

Tal vez resulte necesario que el gobierno emplee más a fondo el bisturí para lograr esta extirpación de males que no puede demorarse.

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