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Tato Bores, símbolo del humor político

Fue conocido por sus sketchs y monólogos; criticó a la política argentina con ironía inteligente; murió el 11 de enero de 1996, pero aún hoy sus palabras se recuerdan
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8 de enero de 2005  • 20:15

Parte de la historia política argentina fue narrada en la pantalla chica con una crítica sutil admirable. Humor y política fueron las palabras que Mauricio Borensztein, más conocido como Tato Bores, supo unir y hacer inseparables. Fue quien hizo reír a los argentinos con sus monólogos, condimentando la realidad con relatos y frases cómicas. Hombre multifacético, formó parte de la programación de la radio, participó en el cine, integró escenarios teatrales y se consagró con un frac, una peluca, anteojos de marco grueso y un habano, en la televisión.

La sagacidad de sus comentarios hizo furor entre los televidentes, tanto que hasta el día de hoy se recuerdan sus famosas frases: "El que sabe, sabe y el que no es jefe", "Vivir se puede pero no te dejan" y "Así que mis queridos chichipíos, la neurona atenta, vermouth con papas fritas y ¡¡¡GOOD SHOW!!!...," entre otras.

No fue un chistoso más. Supo utilizar su inteligencia para construir un personaje que decía lo que nadie se animaba a expresar, ensamblando su viveza con la crítica dura hacia los políticos y la manera de ser de los argentinos. Expresiones que no murieron en el olvido, porque enunciaban ideas que trascendieron el tiempo. Una ironía inmortal vino de la mano de este cómico nacional que nació el 27 de abril de 1927.

La televisión fue su fuerte y los televidentes signaron esa fortaleza cada vez que encendían el televisor. Fue un clásico de los domingos; por sus programas desfilaron famosos y políticos. Pocos se salvaron de ser mártires de las palabras de Tato y de las risas de los argentinos.

Grandes compañeros de Tato fueron la lluvia de papelitos, los patines y el famoso teléfono negro con el que dejaba en jaque con sus comentarios al presidente de turno.

Son inolvidables también, el plato de fideos que convidaba a quienes serían víctimas de sus entrevistas, el champagne con el que brindaba, y sus tantos personajes, uno de los más famosos el arqueólogo Helmut Strasse.

Una mala pasada le jugó su propio humor. En varias oportunidades, Tato se vio atrapado, con su propia sátira, en procesos judiciales. El más conocido se produjo tras poner en el centro de uno de los pasajes de "Tato de América" a la jueza federal María Romilda Servini de Cubría. Ella se enteró antes de que saliera al aire y lo demandó. Por este motivo, parte del programa fue censurado previamente y, provisoriamente, no se difundió. Ese domingo de 1992, en lugar del fragmento en cuestión, se emitió un cuadro negro que decía: "Censura judicial". No sólo Mauricio Borensztein creyó errónea la medida, también muchos de sus colegas y miembros de la justicia estuvieron en desacuerdo. Tato presentó un recurso extraordinario ante la Corte Suprema de Justicia contra la medida cautelar que había adoptado la Cámara Federal de Apelaciones en lo Civil y Comercial. Finalmente, el fallo que prohibía la emisión del segmento fue revocado, y se autorizó su difusión.

El humorista político y actor gozó de popularidad televisiva con "Tato siempre en domingo", un éxito que emprendió en 1961; luego le siguieron los siempre recordados "Tato de América" (1992) y "Good Show" (1993), entre otros.

Sus tres hijos, Alejandro, Sebastián y Marina, que crió junto con su esposa Berta, no sólo conformaban su familia. Fueron también parte de su carrera. Dos de ellos, Alejandro y Sebastián, produjeron sus programas a partir de los ´80; y aún después de su muerte, el 11 de enero de 1996, los tres hermanos decidieron ponerlo nuevamente en pantalla. Ellos mismos se ocuparon de recolectar el material, y salió al aire "La Argentina de Tato" (1999).

Aunque recorrió la radio, el teatro y el cine, su presencia en la televisión dejó una huella insuperable de humor político en la pantalla chica. Fueron más de 30 años de risas, sketchs, críticas y buenos monólogos (tuvo grandes libretistas como Landrú, César Bruto, Aldo Camarotta, y Santiago Varela, entre otros), tiempo que utilizó para ganarse el respeto de todos los argentinos y ser recordado hasta el día de hoy como uno de los más grandes humoristas del país. El actor cómico de la Nación , como bien lo llamaron, se convirtió en un símbolo del humor político de la televisión argentina, difícil de olvidar...

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