EL NAUTICO

Los 90 años de una pasión sanisidrense.
(0)
26 de febrero de 2000  

El repaso nos obliga a transportarnos a principios de siglo. El lugar, la estación de San Isidro. Punto de encuentro de historias de hoy, de ayer y de siempre. Como ésta, también en una jornada de verano. Los apuntes nos trasladan a un encuentro casual entre Benjamín Nazar Anchorena, José María Pirán y Juan M. Obarrio, primer director del hospital de esa localidad. La conversación, mientras esperaban el tren, derivó en la necesidad de pedirle al gobierno de la provincia de Buenos Aires el envío de una draga con el fin de realizar los trabajos para habilitar el puerto. Inmediatamente, Pirán deslizó su inquietud por la fundación de un club. Se había puesto en marcha el motor de una realidad que festeja 90 años. Porque un 26 de febrero como hoy, en el salón de actos de la municipalidad, un grupo de vecinos constituía la asamblea que le dio forma al Club Náutico San Isidro.

El proyecto cobró una fuerza inusitada. No había pasado más de un mes y medio y esos pioneros consiguieron, a través de una ordenanza municipal, la concesión temporaria de la isla Sarandí, cuya escritura se firmó en 1951. La aventura seguía adelante hacia ese terreno virgen, por entonces lejano, que a través de precisos e inteligentes trazos de la mano del hombre se fue convirtiendo en un lugar único. Distinto. Al que después de un período a pie, se empezó a llegar con un viejo tranvía tirado por mulas, que partía desde la estación del bajo (hoy Tren de la Costa). Un lugar que en 1924 inauguró su edificio central, símbolo de la ribera norte. Y todo envuelto en la intención de desafiar al Río de la Plata.

El presente lo encuentra con 13.800 socios que sienten al Náutico, ubicado en la avenida Mitre 1999, como su segunda casa. Que establecen una química única en la combinación de lo deportivo con lo social. Que le dan vida a las 50 hectáreas de la Isla Sarandí y que contemplan el paulatino crecimiento de las otras 100 hectáreas que constituyen la Isla B, como la llaman muchos, aunque en realidad lleve el nombre de Nazar Anchorena.

Más de 760 embarcaciones son las que por estos días laten con el yachting, deporte madre, que no sólo le entregó al Náutico victorias en el orden local, sino que también supo de triunfos de sus socios en los mundiales y de nombres que representaron a la Argentina en los Juegos Olímpicos. Que desanda también su orgullo en las categorías Soling, Laser, J-24, Europa, 470 y con el resurgimiento de la Clase Grumete. Que organiza asimismo regatas de Fórmula, entre las que se destaca la prueba de ida y vuelta entre Buenos Aires y Punta del Este, organizada juntamente con el Yacht Club Argentino y el Yacht Club Uruguayo, que cierra el Campeonato Río de la Plata.

Pero el estatuto de la entidad indica que el objeto del Náutico es "promover y fomentar toda clase de deportes, especialmente los náuticos, y cultivar entre sus asociados vínculos sociales".

El actual presidente de la entidad, Adrián Obarrio (54 años, ingeniero industrial), le da una vital importancia a ese legado. "El espíritu de la gente del Náutico es vivirlo, disfrutarlo. Por eso, el aspecto familiar y social es una de las características más importantes del club. Y es algo que pudimos comprobar, por ejemplo, en el último Año Nuevo, con 4500 personas que se acercaron para festejar", afirma.

Son uniones estrechas que se fortifican después de desafiar los 18 hoyos de golf, compartir una de las 18 canchas de tenis, disfrutar de un día de sol en cualquiera de las tres piletas, jugando al voleibol o al squash, en la disputa de unos atrapantes campeonatos de fútbol o conversando en cualquiera de los seis restaurantes.

Así es el Náutico. El club que creció bajo las consignas de una firme tradición. O el que esconde mil y una leyendas. Como la de Lillian Harrison, que en 1923 se convirtió en la primera mujer en cruzar a nado el Río de la Plata de Colonia a Buenos Aires. Es el Náutico que ya lleva organizados, con el fervor que le imprimen Chon Urien y Bebe Molina Berro, dieciséis campeonatos internacionales de veteranos de tenis; el lugar de las fiestas de chicos, adolescentes y grandes, que además de la música entregó veladas con María Creuza o con Los Chalchaleros, entre otros. Y el que, para no ser menos en estos tiempos, navega con su página por los mares de Internet.

Esta aventura, que hoy al mediodía será homenajeada con un desfile de las embarcaciones y un vino de honor, tras ese encuentro casual, se constituyó con 57 soñadores. Noventa años después, al Náutico le sobran motivos para sentir plenamente el orgullo de ser una de las grandes pasiones de los sanisidrenses.

Campeones mundiales

Esta es la nómina de los socios del Club Náutico San Isidro que fueron campeones mundiales en yachting: Carlos Vilar Castex (Snipe, 1948 y 1951), Juan Vilar Castex (Snipe, 1948 y 1951), Miguel Saubidet (Optimist, 1981; Snipe, 1985), Julio Saubidet (Cadet, 1981), Raúl Saubidet (Cadet, 1981), Santiago Lange (Snipe, 1985, 1993 y 1995); Martín Di Pinto (Optimist, 1990); Cristóbal Saubidet (Snipe, 1990); Francisco Paillot (Cadet, 1991); Juan Pablo Eizayaga (Cadet, 1991); Gonzalo Pollitzer (integrante del equipo campeón de Optimist, en 1996, y campeón en Cadet, en 1999), y Martín Manrique (Cadet, 1999).

Esta nota se encuentra cerrada a comentarios