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Boqueteros: aún no cobraron los damnificados

Están preocupados porque las promesas de pago no se cumplieron; se sienten defraudados; pocos avances en la pesquisa del asalto a las cajas de seguridad del Banco Crédito Argentino.
Ricardo Larrondo
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20 de abril de 1997  

Como tirios y troyanos en la antigua Grecia, damnificados y autoridades bancarias cruzan lanzas desde hace casi cuatro meses para dilucidar cuánto y cómo se pagará, o tal vez no, a los más de 160 clientes del Banco Crédito Argentino cuyas cajas de seguridad de la sucursal Palermo fueron robadas a través de un prolijo túnel de 50 metros de largo.

En el campo de batalla, los bancos, por una parte, entienden que el servicio de las cajas de seguridad es como si fuera un simple contrato de locación en el que se pone en juego la confianza de la entidad crediticia que no pregunta qué es lo que se deposita. Por el otro, los clientes que confían casi ciegamente en la seguridad que le ofrece el banco.

La piedra de la discordia se lanza, como en este caso, cuando alguna de estas partes se quiebra con o sin voluntad. En esta ocasión, sólo surge una coincidencia entre ambas partes: se sienten robados.

Averiguaciones realizadas por este matutino establecieron que serían 164 las cajas violentadas durante el robo y que gran parte de los damnificados concurrieron a la compañía de seguros Siglo XXI, que estaría vinculada con la entidad bancaria, para entablar tratativas que, hasta el cierre de esta nota, no habían llegado a un final feliz.

No fueron pocos los damnificados que dieron a La Nación su opinión sobre el caso, pero la mayoría de ellos prefirió, por ahora, no darse a conocer para que no fracasen las gestiones que llevan adelante con las autoridades bancarias, pues temen que luego no les reconozcan, por las buenas, los valores que tenían guardados en sus cajas y terminen la cuestión en un interminable juicio en el fuero comercial.

"Me siento defraudado"

No obstante ello, algunos pocos optaron por dar la cara y dialogar con La Nación por el duro momento que están viviendo.

"Sinceramente me siento defraudado, pues desde hace 21 años que soy cliente del banco y, por este hecho, jamás ninguna autoridad bancaria ha dado a conocer sobre que hubo un robo o realmente qué pasó. Todo de lo que nos hemos enterado del robo fue a través de los medios de comunicación.

-¿Por ser un cliente de tanto tiempo, no lo citaron para darle alguna explicación de cómo ocurrieron los hechos?

-Lo único que recuerdo que, además de cobrarme el uso del mes de enero de la caja de seguridad (el robo se descubrió el 6 de ese mes) el día que nos enteramos del robo y estábamos agolpados frente a la sucursal, salió un vocero del banco, que dijo ser Gonzalo Verdormar Weiss, quien nos prometió: "Quédense tranquilos que el banco se va hacer cargo de todo". Pero, hasta ahora, todo eso fue sólo palabras.

El enojo y las gesticulaciones de Jorge D`Amico evidenciaban que su situación frente al banco está igual que el día después en que se descubrió el robo.

La misma irritación se advirtió en el doctor Luis Garbarz, otro de los damnificados por el robo, quien también fue llamado por la misma compañia aseguradora, pero hasta el momento no tuvo respuesta alguna sobre un supuesto resarcimiento.

"Desde hace varios años que soy cliente del banco y nunca pensé que pudiera ocurrir algo así. Esto demuestra no poseía las medidas de seguridad suficientes y, si las tenía, resultaron ser muy ineficaces. Por lo que tengo entendido, no se cumplían con los requirimientos mínimos.

-¿Estima que el banco debe resacirlo por todo lo que usted tenía guardado en la caja de seguridad o sólo el monto mínimo que estipulan los contratos?

- Por todo lo que acabo explicarle, pienso que el banco va a tener pagar por todos los valores, que eran muy importantes y que le había confiado al banco.

Durante el diálogo surgió un sugestivo interrogante entre los damnificados, que podría transitar entre lo místico y lo real.

"Este robo tiene un misterio total. En el banco no se sabe cómo entraron, hubo una alarma que funcionó y que la policía fue, pero no vio nada. Además, en el banco me dijeron que la gaveta había sido abierta a hachazos, pero luego, al verla personalmente, sólo estaba violada la cerradura. Digamos que son cosas extrañas que hacen dudar del banco", afirmó exaltado D`Amico.

El mismo pensamiento lo sostuvo durante la charla la doctora Nydia Zingman de Domínguez, profesora de la UBA de Contratos Civiles y Comerciales, y abogada de algunos damnificados.

"La construcción no responde a las normas del Banco Central, no había ronda de un custodio dentro del banco, las alarmas funcionaban mal desde hacía tiempo y no fueron revisadas debidamente. Además, cuando la alarma suena no se pudo entrar donde estaban los boqueteros. Creo que todo esto no es serio".

-¿Se puede presumir que hubo connivencia entre los ladrones con algún empleado infiel del banco o con algun policía?

- Llama muchísimo la atención que hallan estado las fichas de los clientes de las cajas de seguridad en el recinto donde estuvieron los boqueteros y no en el lugar que se guardaban normalmente. Parece una colaboración de algún empleado del banco. Tambíén sorprende que los ladrones estuvieron tanto tiempo realizando el boquete, por lo que hicieron tanto ruido y que nadie haya advertido nada y más cuando hubo denuncias ante la policía vecinos y de empleados de la farmacia Colón que sentían constantes ruidos. Es muy extraño. ¿no?

¿Podrán recuperar lo perdido?

A casi cuatro meses de ocurrido el espectacular robo de los boqueteros sigue flotando el interrogante sobre la confiabilidad que brindan las cajas de seguridad y en especial, lo que muchos daminificados preocupados han llamado y preguntado en los últimos tiempos a La Nación sobre si volverán a recuperar todo lo perdido y cómo deben actuar entonces.

Con vasta experiencia en la cuestión, se le trasladó la inquietud a la doctora Zingman de Dominguez, quien fue clara y hasta optimista.

"Debo recordarle que -respondió la letrada-, como en el caso Kogan contra el Banco de Mendoza por daños y perjuicios, que sentó clara jurisprudencia en la materia, muchas veces alcanza para obtener una indemnización el presentar pruebas sobre el origen de los fondos, la moral y la ética del accionante lo cual constituyen indicios de que el damnificado no busca una aventura judicial para ganar dinero, sino que recurre a esa vía para obtener la reparación del daño patrimonial y moral que le tocó vivir Por eso, la gente no debe perder la esperanza."

Una modalidad que no se detiene

  • 11-10-92: $ 20.000.000, de las cajas seguridad de la sucursal Palermo del Banco Mercantil Argentino.
  • 2-10-93: $ 1.700.000 de la sucursal Berazategui del Banco Tornquist.
  • 5-6-94: $ 1.800.000 de la sucursal Avellaneda del Banco Quilmes
  • 14-8-94: $ 1.150.000 de la sucursal Mar del Plata del Banco Nación.
  • 12-6-94: $ 280.000 de la sucursal Quilmes del Banco Provincia.
  • 6-10-95: $ 515.000 de la sucursal Rosario del Banco provincial de Santa Fe.
  • Muy apurados, los delincuentes dejaron 100 mil pesos en joyas

    Exitosos: nada se sabe de estos astutos boqueteros; el juez Calvete ordenó cerrar el túnel que cavaron, pero aún no se determinó quién podrá hacer el trabajo.

    ¿Qué será de los boqueteros que el primer fin de semana de 1997 dieron un golpe maestro a la sucursal Recoleta del Banco Crédito Argentino? Nadie lo sabe. El juez de instrucción Adolfo Calvete sigue sin descanso distintas pistas para identificar a los autores del robo pero, hasta el momento, no tuvo éxito.

    Según el resultado de una de las dos pericias que el magistrado ordenó hacer en el marco de esta investigación, los ladrones -que trabajaron todo el invierno para cosechar en verano-, por el apuro dejaron tiradas joyas valuadas en un monto promedio de 100 mil dólares.

    La otra medida que dispuso Calvete fue una amplia pericia que permitirá determinar qué herramientas utilizaron los ladrones, cuánto tiempo por día sin salir a la luz podrían haber pasado los boqueteros, cuántas personas habrían trabajado en la obra y algunos otros detalles todavía oscuros. Los peritos oficiales y los propuestos por las partes redactarán un informe que todavía no fue remitido al juez.

    Sin embargo, como los trabajos dentro del túnel ya finalizaron, llegó el momento de tapar la obra de ingeniería que los ladrones cavaron durante seis pacientes meses.

    Nadie puede cerrar el túnel

    Altas fuentes del juzgado de instrucción N° 15 explicaron a La Nación que "se envió un oficio a la comisaría 17a. para que se cierre el pozo (con las debidas medidas de seguridad), pero nos contestaron que ellos no podían hacer el trabajo".

    Fue así que la orden fue remitida al Gobierno de la Ciudad. Sin embargo, el arquitecto Eduardo Saralegui, titular de la División de Auxilio, explicó que ellos no están en condiciones de tapar el túnel que atraviesa la avenida Las Heras y recorre 50 metros por debajo de la avenida Callao. Hasta el momento, nadie sabe quién realizará el trabajo inverso al que con éxito hicieron los boqueteros. Fuentes de prensa del Gobierno Ciudad, aseguraron no poder despejar esta inquietud.

    Mientras tanto, un policía sigue de consigna en el local de Callao 1519, desde donde los delincuentes comenzaron a construir el túnel que les permitió saquear 164 cajas de seguridad repletas de objetos de valor.

    Su contrato de locación fue firmado el 24 de junio del año último y los malvivientes aseguraron al agente inmobiliario Martín Llauró (h.) que allí instalarían un negocio de una importante empresa francesa.

    Nadie está detenido por este hecho. Un remisero, cuyo nombre había sido usado por los ladrones, fue detenido por esta causa y liberado por falta de méritos después de su indagatoria. El uruguayo Claudio Silva Silva y Néstor Edgardo Scalabito del Valle -sospechosos en un primer momento-, ya no están afectados a la causa.

    La sucursal cuenta con 1144 cofres de seguridad y 874 quedaron intactos. De las 270 cajas que abrieron, 106 estaban vacías. El cartel que en la vidriera de la entidad bancaria anunciaba: "Cajas de seguridad: un lugar reservado para todos sus valores", ahora está escondido en algún rincón de la sucursal.

    ¿Dónde disfrutarán del dinero ajeno los ilustres boqueteros? ¿Podrá dar con ellos la Justicia?

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