El radioteatro vuelve a escena en el dial

El tradicional género vuelve a cobrar vida en las emisoras porteñas
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23 de abril de 1997  

El radioteatro se murió. No hay mejor testimonio que hacer una recorrida por el dial. Incluso para muchos de los cultores del género, el radioteatro está muerto y sin posibilidades de resucitar.

Sin embargo, se nota que tímidamente, entre sus cenizas, se aviva una pequeña llama. Sin grandes pretensiones, en el dial actual empiezan a ubicarse mini-radioteatros tanto en FM como en AM.

Mario Pergolini, en su programa "Cuál es" (Rock & Pop), incluye un pequeño fragmento radioteatral. Ya lo había intentado en 1988 en el ciclo "Malas compañías".

David Di Napoli está dirigiendo en Radio Splendid otro mini radioteatro, dentro del programa "Café de las artes".

En FM La Tribu, Héctor Oliboni, incluye un radioteatro en el ciclo "Espectáculos por la cola".

También en la Rocka se encuentra un exponente del género. En el programa "Radioinfierno", conducido por Jorge Casal, se emite "Family".

Finalmente, FM Tango también ofrece su propuesta "Naftalina, para que nadie se apoliye", con César Guzzo y Ariel Carranza.

Claro que esto no significa un resurgimiento ni mucho menos. Se plantean mini-radioteatros, algunos, con una mirada crítica y satírica sobre determinados aspectos de la realidad y con poco rigor artístico. Buscan más el entreteniemiento personal del que lo realiza.

Otros, por el contrario, continúan la línea tradicional aunque se remitan a acontecimientos históricos.

Lo llamativo es que el género encuentra un espacio en la FM y por iniciativa de gente joven.

Con buenas intenciones

El radioteatro tuvo su momento de mayor auge a partir de la década de los 40, cuando los actores se vestían de gala para trabajar en los radioteatros y la audiencia fiel los seguía cuando se presentaban en diferentes salas del país. La radio reinaba por antonomasia y sin competencia y el radioteatro era su mayor atracción. Estimulaba el juego individual y personal de la imaginación.

Las grandes parejas protagónicas, asociadas sin inconvenientes a las características de los personajes solían acaparar la atención de la familia, donde la imaginación personal era el ingrediente que creaba el marco escenográfico a las pasiones humanas.

Toda una época de esplendor que se mantuvo durante algunas décadas, hasta que el género empezó a languidecer y sin que nadie se diera cuenta desapareció.

Hubo intentos de resucitarlos. En 1984, Raúl Portal, director artístico de Radio Argentina, convocó a Eduardo Rudy y Susy Kent para protagonizar "Bernadette".

Gabriel Pandolfo escribió en 1988 "Extraños en la calle", que se emitía por Radio Continental, con Miguel Angel Solá y Juan Leyrado, encabezando un importante elenco, y, en 1991, Rodolfo Graziano intentó "Radiocine nacional", en Radio Nacional.

Pero, frente a la realidad actual, son las voces de aquellos protagonistas las que no alientan muchas esperanzas con respecto a un resurgimiento del género.

Las voces legítimas

"En la mente de los directores de las radios, un radioteatro es un viejazo -dice Alberto Migré, autor de inolvidables radio y telenovelas- . En la voluntad de los actores está la esperanza de reflotarlo. Pero, es una cosa que terminó. La programación actual son discos y noticias. Claro que poner ahora un radioteatro es mucho más caro. Hay que pagar ensayos, cachés de muchas personas. ¡Qué mente creativa maneja la radio! Son todos negocios con las grabadoras de discos. Esto es muy cruel, más allá de los radioteatros, creo que el hecho artístico tendría que existir. Yo estuve en diálogo con Radio Mitre, pero insertar un radioteatro en una programación es demodée .

-¿Qué pasa con el oyente?

_Sé que el oyente agradecería un radioteatro, sobre todo a la noche que escuchan radio las mujeres mayores de 40, pero se sabe que el público no manda.

-¿Decididamente no tiene esperanzas?

"Ojalá se pudiera hacer. No se puede ir contra la corriente. Hay un no inicial de quien maneja la emisora. Si no hay complicidad para hacerlo...."

Otras campanas

A pesar del poco entusiasmo por el resurgimiento que demuestra la gente que tanto tuvo que ver con el género, esta actitud tiene que ver con el desaliento.

Esto sucede también con Nora Massi, directora del ciclo "Las dos carátulas", con 47 años de emisiones ininterrumpidas.

"El radioteatro episódico, que tanto hizo en su momento y tuvo tanta difusión, dudo que vuelva. Creo que está muerto. Ya no está en la dinámica de la gente el sentarse a escuchar. Los unitarios sí tienen posibilidades. Yo apuesto a un radioteatro de suspenso a la medianoche."

Para Hilda Bernard, protagonista de tantos radioteatros las perspectivas tampoco son auspiciosas.

"No creo que alguna vez pueda volver el radioteatro que conocimos. Ahora importa la imagen. Todo es comentario y más comentario. Lo nuestro era la palabra y la imagen la fue matando. ¿Quién escucharía ahora "Esos que dicen amarse"? Además cambió la gente. Antes, la gente joven tenía sueños. Ahora, no creo que a los jóvenes les interese el romanticismo."

Otra voz es la de Celia Alcántara que si bien se inició en la radio alcanzó la máxima repercusión en la televisión.

"Creo que el radioteatro debería volver. Tenía más calidad que el teleteatro. El negocio de los discos mató al radioteatro. Cuando se paga por pasar discos, a quién le puede interesar no cobrar para hacer un radioteatro. Creo que depende del Estado resucitarlo."

Mientras tanto, aquellas voces del género ya no se escucharán. Sólo en la evocación nostalgiosa de los memoriosos que disfrutaron de esos encuentros radiofónicos, cuando el aparato de radio reinaba en el comedor de la casa familiar.

Epoca de lágrimas junto al dial

El primer radioteatro, según registra Carlos Ulanovsky en el libro "Días de radio", fue "Una hora en la pampa", de carácter folklórico, dirigido por Francisco Mastandrea. Le seguiría José Andrés Pulido, creador de "Chispazos de tradición", que a fines de la década del 20 logra imponer una fórmula particular para el radioteatro.

"La pulpera de Santa Lucía", de Héctor Pedro Blomberg, "Por la señal de la cruz", "El cantor misterioso", "La caricia del lobo, "La familia de Pancha Rolón" , fueron algunos títulos que alcanzaron la popularidad. Por aquel entonces reinaban Angel Walk y Olga Casares Pearson como pareja protagónica.

En la década del 40, los dramones fueron dejando espacio para nuevos temas novelescos: sentimentales ("El precio del amor", "Vestida amor", "Así es el amor"), gauchescos ("La mazorquera de Monserrat", "La estrella de sangre", "El puñal del tirano", maternales ("Virgen y madre", "El gran secreto de mi madre", "Las madres perdonan siempre").

En esta época comienzan a aparecer las grandes plumas del radioteatro: Yaya Suárez Corvo, María del Carmen Martínez Payva, Silvia Guerrico, Eifel Celesia, Roberto Valenti, Alma Bressan, Abel Santa Cruz, Nené Cascallar y el jovencito Alberto Migré.

También empiezan a sobresalir las voces, inconfundibles, de los actores que llevaron al género a su máxima expresión: Mecha Caus, Nidya Reynal, Francisco de Paula, Delfy de Ortega, Juan José Miguez, Roberto Durán, Sergio Malbrán, Nelly Hering, Enzo Bellomo, Alfredo Suárez Serrano, Atilio Veronelli, Pedro López Lagar, Nora Cullen y Gloria Ferrandiz, entre muchos otros..

En 1950 se realizó la primera transmisión de un ciclo que sobrevivió durante 47 años a los vaivenes políticos y económicos de LRA Radio Nacional: "Las dos carátulas. El teatro de la humanidad". En este caso, según aclara su actual directora Nora Massi, no es un radioteatro, sino teatro llevado a la radio."

El principio del fin

Pero la nueva década trajo también algunos cambios en los contenidos y en la preferencias.

De esta manera, el dial se dividía entre la línea criollista y del suburbio, que desarrollaba, entre otros, Juan Carlos Chiappe, (Radio del Pueblo, Antártida, Porteña y Provincia) y el sentido estético que Armando Discépolo trataba de imponer al frente del elenco estable de Radio El Mundo, con versiones de teatro y de películas ("Radio Cine Lux"). Había otra tercera línea que ya estaba asentándose en el gusto popular, la sentimental, y en ese campo se lucía Celia Alcántara ("La última verdad", "Simplemente María", "Rafael Heredia, gitano") y Alberto Migré ( "0597 da ocupado" y "Esos que dicen amarse").

Estos textos hacían suspirar a las radioyentes, que se estremecían ante las palabras amorosas de Sergio Malbrán cuando susurraba "Amada mía" o de Oscar Casco con su ya antológico "Mamarrachito mío". Sucumbían además ante la pasión vocal de Fernando Siro y la nueva voz del joven galán de Julia de Alba, Alfredo Alcón.

Pero, esa audiencia también se solidarizaba ante el sufrimiento que expresaban Hilda Bernard, Celia Juárez, Iris Láinez, Dora Ferreiro.

No faltaba el espacio para la audiencia infantil y allí estaban, invandiendo precoces imaginaciones, Tarzán y Tarzanito, Sandokán, Poncho Negro, Batman y Robin o el León de Francia.

Pero la llegada de la televisión, en 1951, trajo consigo un mundo de imágenes que fue desplazando lentamente a la imaginación.

En la década del 60, el radioteatro se resistía insistiendo con las compañías de Juan Carlos Chiappe, Roberto Escalada, Oscar Casco y Susy Kent, Ricardo Lavié y Beatriz Taibo, Rosa Rosen y Ernesto Bianco, Eduardo Rudy y Julia Sandoval.

Pero, el género iba agonizando. La vista, endulzada con la imagen, fue tapando el oído que se hizo sordo ante los pedidos de auxilio del radioteatro, mientras se iba hundiendo hasta desaparecer entre la información y la música que llegaba en forma de disco.

Catalán, el hacedor de los sonidos

Fue una dinastía de especialistas en efectos sonoros, de la cual Ernesto Catalán es el único de la familia que aún mantiene los secretos del hacer sonidos.

Nicolás Catalán, el precursor, se inició casi a comienzos de la radiofonía.

Era el acompañante de las voces, el que reproducía en sala todos los sonidos que exigía el libreto. Era el viento, el mar, la lluvia, los pasos sobre las piedras, el galopar nocturno, la puerta que se abría, el cerrojo que chirriaba. Todo eso fue familia Catalán.

En Parque Patricios, don Ernesto tiene su oficina, un depóstio de misterios, cuyas paredes están adornadas con pinturas que delatan su afición por ese arte.

Allí, sobre un tablero de dibujo, empieza a colocar los objetos, apenas unos pocos elementos para generar un universo de sonidos. A ellos también le llegó la electrónica y los CD de múltiples efectos sonoros.

En la charla, no puede dejar de evocar el momento en que llegó a Radio El Mundo con pantalones cortos, acompañando a su tío Nicolás. Allí aprendió el difícil arte de crear lo verosímil a partir de lo irreal y hacer fácil lo que parece imposible.

_¿Cómo hacían para crear los sonidos?

_Recurríamos a las cosas que teníamos a mano y después tratábamos de perfeccionar el sonido. Lo que no existía lo inventábamos.

_¿No existían los discos con efectos sonoros?

_ Sí. Yo tenía como cinco mil discos de efectos grabados, pero se prefería los sonidos en sala. Salvo aquellos que eran difíciles de reproducir como los aviones a reacción o muchedumbres.

_¿Se trabajaba sólo con radioteatros?

_No. También se utilizaban en los programas cómicos, como los de Luis Sandrini o "El relámpago". Se trabajaba donde se necesitaban.

_¿Se sigue utilizando en la actualidad un especialista en efectos sonoros?

_No con la misma frecuencia, pero yo sigo en actividad. Ahora estoy en un radioteatro breve que se emite por Splendid, "El club de las artes".

Haciendo ruido

De todo el arsenal de Ernesto Catalán vale la pena señalar algunos ejemplos.

  • Para una secuencia donde había que grabar el sonido de un globo aerostático se buscó una garrafa de soldar que prendía y apagaba.
  • Para los disparos, tiene un revólver a gas con cargador de balines. Otro recurso es golpear dos tablas especialmente diseñadas, o dejar caer la tapa de un piano preparado para que no resuene.
  • Puertas, en miniatura, con diferentes cerrojos: de heladera, de coche, de calle, de armario, metálica, de madera.
  • Cuatro escalones para los ascensos y descensos de escaleras.
  • Dos medios cocos sobre piedras para reproducir el galope de un caballo.
  • Dos medios cocos con cascabeles para dar vida a un sulky.
  • Un bastidor cuadrado con cubos de madera suspendidos con soga que, al golpearlo contra el suelo, recreaba la marcha de soldados.
  • Un cajón de madera, tipo frutal, con papas adentro, que al sacudirlo semejaba una manada de caballos.
  • Una máquina de hacer viento: un rodillo dentado de madera con manivela, que gira sobre con una loneta.
  • Una almohadilla de cuero rellena de arena para lograr el efecto de una trompada.
  • Las tablillas de madera para simular una cachetada.
  • Una jeringa para reproducir el descorche de una botella.
  • Nuevos cultores del género

    Alejados del antiguo formato, los nuevos radioteatros tienen distintas características según la costumbres y la edad de la gente que los produce. Es un género que hoy se retoma con distintos estilos, según el caso. Con un tono más bien histórico, "Café de las artes", en Radio Splendid, rescata, los sábados, sucesos de la historia como la invención del tren, que el guionista y dramaturgo Elio Galipolli teatraliza, ambientando la acción en la época junto a un grupo destable de actores que coordina David Di Napoli, y que integran entre otros Clara Vaccaro, Luis Campos, Antonio Hugo, Cutuli o Amancay Espíndola.

    En radio La Tribu, el programa "Espectáculos por la cola", rescata, desde hace dos años, grandes obras argentinas y las teatraliza de la mano de Héctor Oliboni, Manuel Bello y el actor invitado del día. Las obras llevadas a "Homenaje al teatro argentino" son clásicos como "Yepeto", de Cossa, "Prueba de amor", de Arlt o "El acompañamiento", de Carlos Gorostiza.

    Tomando temas más cotidianos, "Naftalina, para que nadie se apoliye", los viernes y sábados a medianoche César Guzzo y Ariel Carranza satirizan junto a invitados y tangos. La vuelta al clásico de la radiofonía también es probada en radios con un público joven, como La Rocka o la Rock`n Pop, esta última de la mano de Mario Pergolini. En ambos casos ofrecen un radioteatro basado en el humor yla ironía.

    En el programa"Cuál es", de la Rock`n Pop, el radioteatro de los mediodías satiriza temas de actualidad en cortos capítulos que finalizan con la semana . Pergolini, Eduardo de la Puente y Marcelo Gantman juegan con sus voces al estilo de los doblajes mejicanos o puertorriqueños.

    La Rocka ofrece un radioteatro los miércoles al mediodía que toma la familia como objetivo de sus sátiras. El título es "Family" y su guionista, Conrado Gaiguer, se encargó de crear personajes bien peculiares para sustentarla.

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