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Susana Rueda: "Enfrento una provocación permanente"

La representante femenina del triunvirato cegetista, que integran también Hugo Moyano y José Luis Lingeri, afirma que recibe constantes presiones para "que juegue con las reglas del sindicalismo masculino". Admite que ve con simpatía al Gobierno, pero aclara que no es kirchnerista, sino peronista. "Ahora hay que redistribuir lo que se generó", dice
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27 de febrero de 2005  

Según quien la mire, Susana Rueda tiene una cara distinta. Hay quienes la ven como una más en el reino de los gremios "gordos" porque, de hecho, está sostenida por un sector de ellos: su jefe político, Carlos West Ocampo, lidera el sindicato de la Sanidad. Sin embargo, no son pocos quienes leen su incorporación a la Confederación General del Trabajo, en julio del año pasado, como un aporte hacia un nuevo sindicalismo.

Algo es seguro: se trata de la primera mujer que llega a la cúpula de la central obrera, lo que no parece un hecho menor.

La pelea pública que viene sosteniendo con sus coequipers, José Luis Lingeri, de Obras Sanitarias y Hugo Moyano, de Camioneros, a quienes acusó, sin nombrar, de formar parte de un sindicalismo de guardaespaldas y autos blindados, avivó la versión de que su cargo en el triunvirato cegetista está prendido entre alfileres. Pero las cosas nunca suelen ser lineales.

Es que el contrariado trío se entrevistó la semana última con el ministro Roberto Lavagna, con quien evaluaron lo que será el eje de la demanda sindical para este año: la redistribución de la riqueza. Más tarde, el dúo Moyano-Lingeri se reunió con Néstor Kirchner, aunque a este encuentro VIP no invitaron a su rival de la Sanidad.

-A ver si nos ayuda a aclarar cuál de las versiones de Rueda es usted.

-Primero, que la CGT haya tenido el gesto transformador de incorporar a una mujer en su conducción, ya habla de un cambio democratizador. Pero al estar aquí también debo defenderme frente a una provocación permanente para que juegue con las reglas del sindicalismo masculino, con el que tengo muchas coincidencias pero también grandes diferencias.

-Quienes la promovieron también pudieron haber pensando que una mujer mejoraría la imagen de la cuestionada CGT, pero con la intención final de no cambiar nada.

-Sí. Esa puede haber sido la intención de algún sector, pero no de quienes me conocían, que saben bien que yo no soy una persona para la foto. Lo mío es la transformación de la realidad de los trabajadores, y especialmente de las mujeres. Y este no es un tema menor; es político y hasta ideológico. Le doy un dato: de cada diez puestos en negro que se crearon últimamente, siete fueron para mano de obra femenina.

-Lingeri dice que usted los ataca en los medios, pero que dentro de la CGT los trata de "Josecito" y "Huguito"

-(Se ríe a carcajadas) Yo no he hecho declaraciones públicas agresivas personales contra nadie.

-Pero cuando usted denuncia a un "sindicalismo de autos blindados y guardaespaldas" está hablando de las viejas prácticas de una CGT a la que se pretende cambiar.

-Yo sigo intentando que no haya confrontación, pero lo cierto es que hay un intento de marginarme y, frente a eso, ofrezco debate. Sé que estos cruces pueden provocar distintas lecturas, que seguramente no le interesan a los trabajadores, que nos eligieron para construir unidad y defender sus intereses.

-Se lo pregunto de otro modo. Cuando (Omar) Viviani (moyanista) dice que en la CGT están hartos de usted, ¿hay un debate por estilos distintos o se trata de una pelea por el poder entre los "gordos"?

-Que tengamos distintos puntos de vista y podamos confrontarnos enriquece la lucha, por eso no me gustaría entrar en cuestionamientos personales. Nosotros tenemos ahora una oportunidad trascendente, que es colocar el reparto equitativo de la riqueza en el centro de discusión de los temas que le interesan al país. Este es un tema que no se discutía desde hacía 30 años porque estábamos a la defensiva del neoliberalismo que, a través de los distintos gobiernos, cargó en contra del modelo sindical argentino.

-Más allá del neoliberalismo, sabrá que varios sindicalistas, de los más conocidos, están atornillados a sus gremios desde hace años y tienen un nivel de vida que no pueden explicar.

-No conozco la vida personal de los compañeros. Por otra parte, los respeto profundamente porque cada uno representa a una organización con una enorme cantidad afiliados que confían en ellos. Desde ese punto de vista, me merecen confianza en el debate político-sindical que tenemos que afrontar este año, que es la recuperación del poder adquisitivo de los trabajadores.

-¿Es kirchnerista?

-No, soy peronista. Ahora, creo que el gobierno de Kirchner está llevando adelante una defensa de nuestros intereses en la negociación de la deuda externa y del trabajo argentino. Apruebo la colocación de algunas barreras comerciales, como tienen otros países; que abra horizontes no convencionales para la comercialización; el desarrollo de una política de salud fortaleciendo la atención primaria. También, que la acción social esté destinada al fomento productivo?

-Está bien, digamos que le gustan muchas cosas. ¿Por qué, entonces, no quiere definirse como kirchnerista?

-Porque desde el sindicalismo yo aporto a un país diferente, como plantea Kirchner, y no le agrego nada a su estrategia que diga o no que soy kirchnerista.

-Se dice que Kirchner tiene un acuerdo con Moyano para que sea el único jefe en la CGT.

-...Yo no lo sé, honestamente.

-¿Y no le preguntó a Moyano, esta semana, en la antesala de la entrevista con Lavagna?

-(Sonríe) No? Digamos que, si el presidente Kirchner considera que Moyano es el secretario general que debe tener la CGT, deberá convencer a cada organización sindical de que eso es lo mejor. Yo sigo creyendo que lo mejor es la unidad, que aún no se construyó. Si en el congreso de julio del año pasado tuvimos que elegir un triunvirato fue porque no hubo consenso para que hubiera uno solo. El triunvirato introdujo, además, una nueva forma de gestionar, justamente para no seguir fomentando el individualismo, ni la cultura del miedo.

-Se especula con que podrían correrla de escena enviándola a Washington como representante ante la Confederación Internacional de Organizaciones Sindicales Libres o, incluso, con una postulación como candidata a senadora por Santa Fe.

-Mire, hasta el 14 de julio, fecha del próximo congreso, está el compromiso de la elección que hicieron los compañeros por un año. Por otra parte, la representación en Washington no es incompatible con mi cargo actual porque nadie tiene que irse del país.

-Ustedes están reclamando un salario mínimo de 745 pesos. ¿De qué lado lo ve a Kirchner en la discusión con los empresarios?

-Pareciera que del lado de la distribución de la riqueza. Pero para eso, primero hay que terminar la negociación de la deuda externa. Tenemos que ver cómo ganamos en distribución, sin perderlo después. Seguimos en un momento muy difícil del país, donde hace falta ponerse la camiseta argentina y un compromiso de todos. En este sentido, creo que la responsabilidad social empresaria, al menos de algunos sectores, es todavía una deuda pendiente en Argentina. Nosotros no discutimos que los empresarios quieran su rentabilidad; lo que está en cuestión es el margen.

-Parece que se viene un año de conflictos gremiales.

-No, yo no creo. Lo que empieza es un debate por cómo redistribuimos lo que se generó, y mucho dependerá de la actitud empresaria que eso derive o no en un conflicto.

-En los últimos meses tuvimos huelgas que derivaron en mejoras salariales, y eso marca un camino. Los telefónicos, los subtes, ahora los docentes.

-Esto es así si miramos sólo la ciudad de Buenos Aires; en el conjunto del país vemos que la conflictividad se encauza hacia la negociación.

-Las clases podrían no comenzar en varias provincias por el conflicto docente

-Bueno, pero esto también pasó el año pasado, y después se resolvió. Hay que ver cómo se desarrolla la situación. Lo que digo es que la construcción de consensos básicos es otro tema pendiente porque, junto con la salud, los docentes están entre los más postergados. Estamos hablando de pilares sociales porque una persona tiene que estar sana y educada para poder tener oportunidades en la vida.

-Hágame un resumen de lo deberían ser los ejes centrales de debate sindical, además de una recomposición salarial.

-Hay que aclarar el panorama en el tema salarial porque no existen parámetros iguales para todos, y está claro que no puede haber techo en la discusión. Estamos tratando de que se eleven gradualmente los mínimos. Por ahora, la preocupación inmediata es incorporar los 100 pesos al salario y que sean remunerativos. Por otra parte, hay 3 millones de argentinos que trabajan 60 horas semanales, que no se pagan, cuando la ley impone un máximo de 48. Esto reduce mucho más los sueldos.

-Usted propone reducir la jornada.

-Es algo a repensar, pero primero hay cumplir con las 48 horas. Lo ideal serían 40 horas semanales porque no hay cultura del trabajo cuando unos no trabajan nada y otros, el doble. Fíjese que la mayoría de los accidentes de trabajo se produce fuera del horario normal del trabajador. Otra línea es disminuir el trabajo en negro, que así está el 44 por ciento de la gente trabajadora, y también un importante sector empresario.

-Le cambio totalmente de tema. ¿Sus hijos van a colegio público o privado?

-Mi hija mayor siempre ha ido a colegio estatal y los otros dos a una escuela privada chiquita, en Santa Fe.

-Usted sabrá que muchas mujeres no se animan a crecer por miedo a quedarse solas, sobre todo cuando ella es más que él en el mundo público ¿Cómo maneja usted esa situación?

-Digamos que fue un camino. Cuando tuve que tomar la decisión de aceptar este lugar, mi marido me dijo: "Tal vez, sin saberlo, siempre trabajaste para esto; me parece que es tu momento". Era el respaldo que necesitaba. El afecto es fundamental en todos los vínculos humanos, aunque en el sindicalismo, a veces, se interpreta mal.

El perfil

Trabajadora de la salud

Tiene 49 años, está casada y tiene tres hijos. A los 20, empezó su militancia gremial en Santa Fe. Representa al gremio de la Sanidad. Durante 11 años, en su provincia, ocupó la secretaría general del gremio que agrupa a los trabajadores de la Salud.

Experiencia internacional

Durante cuatro años, presidió Uni-Americas Mujeres, una suerte de rama femenina de la Unión Network Internacional. En el ámbito internacional, representó a la CGT ante organismos multilaterales, como el FMI, el Banco Mundial y la OIT.

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