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El universo cotidiano

Pablo Gorlero
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16 de marzo de 2005  

"Hotel melancólico". Dramaturgia, puesta en escena, dirección general y escenografía: Mariela Asensio. Con Leticia Torres, Silvia Oleksikiw, María Laura Kossoy, Federico Schneider, José Márquez y Darío Lipovich. Dirección musical, arreglos y música original: Darío Lipovich. Luces: Leandra Rodríguez. Vestuario: Constanza Palou Flórez. Asistentes: Leonor Argumedo y Evangelina Tedesco. En La Carbonera, Balcarce 998. Los viernes, a las 22. Duración: 65 minutos.

Un perfecto patio de pensión que remite a una versión más setentosa de aquellos conventillos de principios del siglo XX; una mujer con un vestido "mersa", agachada y haciendo burbujas con un juguetito. A su alrededor, sólo lo cotidiano. De repente irrumpen los demás personajes del "Hotel Melancólico", y todos interpretan una canción en el minúsculo baño del lugar.

Es una obertura perfecta para pintar, de una sola pincelada, lo que va a ser la pieza: una sucesión de estampas comunes y mundanas que adquieren gran volumen gracias a una dramaturgia riquísima. La obra está basada, principalmente, en las acciones y los vínculos e interrelaciones entre cada uno de estos habitantes de la pensión. Son criaturas que caminan en una línea que linda la desesperación y la tranquilidad exacerbada. Cada escena tiene un concepto básico dibujado, en la mayoría de las veces, desde el absurdo. Así, las temáticas fluctúan entre la soledad, el deseo, los vínculos, el placer, la tolerancia, los celos y la envidia. Mariela Asensio supo muy bien qué es lo que quería contar y llevó a los agonistas de su puesta por la línea del humor, el ridículo y el absurdo, en una forma artesanal que es capaz de yuxtaponer morbo con ternura.

La joven directora trazó su dibujo no sólo a través de la dramaticidad, sino también de la poesía, la música y el canto. En su texto intercaló los poemas "Carta del obsedido" y "Nadie es de nadie", del libro "Cierta curiosidad por las velas", del periodista Reynaldo Sietecase, y seis canciones variopintas, como las guaranias paraguayas "Quisiera ser" y "Recuerdos de Ypacarai"; "Non, je ne regrette rien", de Edith Piaf y Marc Heyal, y "Mil caderas" y "Reflejo de ojos negros", de Darío Lipovich.

Estas inserciones musicales nutren a la pieza de vitalidad, a veces como puentes entre escenas, otras simplemente como otro trazo de cotidianidad, como quien silba o tararea, o como pinceladas que aportan a la melancolía del lugar.

Asensio puso los acentos en las acciones. "Hotel melancólico" funciona básicamente sobre acciones psicofísicas y, hasta en los silencios, los personajes accionan.

Buenos actores

A su vez, Asensio tuvo la suerte de contar con un excelente elenco para dar vida a estos personajes de apariencia sencilla y elemental, pero de almas densas. Es evidente que la directora trabajó muy bien con los actores las características más intrincadas de cada uno, porque todos demuestran conocerlos muy bien.

Leticia Torres -de reconocida labor en el grupo Clowns No Perecederos y el Triple de Clown- se revela aquí como una actriz completísima para tener en cuenta. Tiene un personaje tan rico como difícil: una figura que se desdobla y por momentos es mujer y por otros es un cusquito hiperkinético. Reparte ladridos y obsecuencia por un lado y soledad, angustia, celos y desesperación por otro. Demuestra un dominio corporal que recuerda aquella memorable actuación de Peter Handke en "La insoportable ascensión de Arturo Ui". Su trabajo no es sólo postura, sino también actitud, intensidad y conocimiento de su criatura.

Federico Schneider es un actor interesante que demuestra frescura y potencia a la vez, en un personaje rico en matices; Silvia Oleksikiw también evidencia un buen dominio corporal y un excelente manejo del humor; María Laura Kossoy hace un trabajo muy difícil, como es hablar en otro idioma poniendo en juego una constante atención sin descuidar la relación con sus compañeros; José Márquez pone actitud e intensidad, y el músico Darío Lipovich no les va en zaga a sus compañeros y compone un personaje rico.

Se utiliza muy bien el amplio ámbito de La Carbonera, y la pensión queda representada perfectamente con elementos típicos ya casi en extinción. El vestuario está confeccionado acorde con los requerimientos, en tanto que la puesta de luces es correcta.

Una delicia encontrar a una joven dramaturga y directora como Asensio y a un elenco talentoso.

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