Ludmila Semenyaka en el canto del cisne

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18 de mayo de 1997  

Con el refinado estilo del Kirov, donde estudió y el fuego que caracteriza el Bolshoi, donde fue estrella máxima, la leningradense Ludmilla Semenyaka (44) vuelve a Buenos Aires para presentarse, el 29, a las 21, en el Teatro Coliseo. Con su parteanire, Valeri Maximov y un elenco de solistas presentará un programa que incluye el vals y la polonesa de "Eugenio Onegin", "Chopiniana", los pas de deux "El Cascanueces", "Pájaro azul", "La fille mal gardée", "El Corsario", "El lago de los cisnes", "Don Quijote", "Esmeralda", "Llamas de París" y "Arlequinade", y los solos "Muerte del cisne", "Plegaria", Gopak" y "Petroushka". Hacía cuatro años que Semenyaka no bailaba aquí: su última aparición fue en el Teatro Colón para estrenar "La Bayadera",conAndrei Fedotov, en la versión de Natalia Makarova. También fueron memorables sus interpretaciones de "La bella durmiente" (con Constantin Zaklinsky) y de "El lago de los cines" (con Julio Bocca yRaúl Candal). Con solistas del plantel moscovita hizo los pas de deux de "Giselle" y de "El Cascanueces", entre otros.

Su personalidad alía la maestría del estilo clásico, una elegancia de línea que es la clave de la escuela rusa y la intensidad de su tempramento. En cada papel, Semenyaka ha traducido especiales características, lo que la lanzó al firmamento de las grandes bailarinas de Rusia. En el Bolshoi realizó todo el repertorio tradicional, desde que comenzó con "El lago de los cisnes". Fue en esta compañía, drigida por el coreógafo Yuri Grigorovitch, donde Semenyaka desarrolló todo el espectro del ballet clásico.

En su país le dicen "el milagro de las piernas largas" y, seguramente, Semenyaka no sólo impuso su talento excepcional sino también un tipo de físico, que ahora es el que se busca en las grandes compañías rusas. Su sensibilidad interpretativa le permite tanto volcarse a las características angelicales de Odette, a las maléficas de Odile y a las encantadoras de Aurora como a las dramáticas de Lady Macbeth y a las trágicas de Giselle, sin dejar de lado la sensualidad de Carmen y la picardía de Kitri.

Regresa a la Argentina para hacer la función en el Coliseo y presentarse en elTeatro Argentino de la Plata ( el 24 y 31 y el 1 de junio), en Jujuy, por el Mozarteum (el 25), en Salta (el 26), en Tucumán (el 27), en Córdoba (el 28), y en Mendoza (el 30).

Emocionada con la idea de que pronto bailará para el público argentino, "que es maravilloso", Ludmilla habla, desde Moscú, de su actividades y proyectos.

Bodas de plata

Hace poco, el Tesatro Bolshoi y su compañía de ballet le dedicaron una función de homenaje a sus veinticinco años en la danza, donde ella bailó "Las sílfides" y una obra de Mikhail Lavrovski, hijo del célebre coreógrafo Leonid. Quizás, para Ludmilla, en esta función comenzó el adiós a la escena.

"Estoy pensando en retirarme para dedicarme a otras cosas, como la docencia y la reposición de obras clásicas. Es una decisión dura;debo reflexionar. Aunque me presento en todo el mundo y estoy bailando mucho, hay ciclos que deben finalizar. No me pone contenta, pero tampoco debo estar trsite; sí, fuerte."

Semenyaka decidió renunciar a su cargo de prima figura del Bolshoi para actuar como invitada tanto en esta compañía y en el Kirov como en el extranjero. Dejar su plantel fue una decisión tan dura como la que desearía tomar ahora. Sin embargo, recuerda con enorme afecto a todos, sobre todo, a Grigorovitch, a quien considera un gran creador y quien supo llevar muy bien las riendas del Bolshoi.

Dentro de pocos días, apenas finalice sus presentaciones aquí, actuará en el Kirov, el 7 de junio, con Farouk Ruzimatov en "Giselle", paradigama de toda bailarina.

"Es el segundo acto el que más conmueve y yo siempre lo he entendido muy bien. Ultimamente he sentido cambios en mi interpretación del primer acto. No sé si es la palabra, pero creo que le doy más sensualidad. Quizás, Giselle es más apasionada de lo que se piensa" , dice .

Está dichosa con una propuesta que le hicieron para dar clases y preparar tanto a parofesionales como a estudiantes. Pero como experiencia inédita más la alegró la invitación de la compañía de Donetsk, Ucrania, dirigida por Vadin Pisariev, para realizar la puesta de "Raymonda", que ella protagonizó.

"Pisariev tuvo confianza en mí y me alentó en algo que nunca había hecho. Así como bailo mucho con ese elenco, montar una obra clásica del calibre de Raymonda me fascinó."

En estos últimos años actuó mucho en su país, en todas als república de la ex Unión Soviética, en Japón y en Europa. Contenta porque su hijo Ivan está cursando su primer año escolar, Ludmilla continúa su vida en el ballet con otras perspectivas.

"Algunas de mis últimas interpretaciones fueron Tema y variaciones, de Balanchine, Cuatro estaciones, de McMillan, y Romeo y Julieta, la versión original de Leonid Lavrovsky, con el Bolshoi: me encantan tanto la coreografía como el personaje. A su país llevo Muerte del cisne, una obra que adoro y que nunca vieron por mí, además de Chopiniana (Las Sílfides), el adagio de El lago de los cisnes y una obra neoclásica de un coreógrafo nuevo, Plegaria. Tengo enormes deseos de volver a su país, aunque todo será vertiginoso, pero, en mi sentimiento, con solo pisar la Argentina ya estaré feliz."

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