Impostores de película

Debut: el director Alejandro Macci plasmó en una película el último proyecto de María Luisa Bemberg.
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20 de mayo de 1997  

"Primero leí el guión, luego leí el relato de Silvina Ocampo y me gustó más el guión y me gusta más la película que el cuento. ¿Por qué? Porque la hice yo."

Así, sin vueltas, el joven actor Antonio Birabent se refiere a su relación con Sebastián, el personaje (con el nombre cambiado, respecto de la nouvelle) que le tocó, en "El impostor", la realización del debutante Alejandro Maci, basada sobre un cuento de la autora nombrada y que debió ser la séptima película de María Luisa Bemberg, quien, antes de su muerte, había comenzado la adaptación.

"¿Por qué lo digo? -insiste Birabent-, porque la película me obligó a descubrir gente que no conocía, porque en la película viví muchos cuentos que no tenía y no uno solo, y porque el cuento lo leí en mi casa y, solo, en casa, a veces me aburro. Me dio gran placer hacer la película. En cambio, el cuento lo leí como un observador extraño, mientras en el rodaje sentí que lo estaba escribiendo con mis compañeros."

Antonio Birabent es una de las tres jóvenes figuras que encabezan el elenco de "El impostor". Sus compañeros son Walter Quiroz, que encarna al "impostor" del título, es decir el producto de la imaginación concreta de Sebastián, y la joven Belén Blanco es Margarita, la vecina del poblado en quien Juan, el "impostor" encuentra su afecto. Los tres nos acompañan en este encuentro informal y un poco juguetón.

Al preguntarle si la película es el cuento, Antonio no duda: "Es más que el cuento".

Belén Blanco, en cambio, leyó el texto de Ocampo, después del guión, "pero antes de hacer la película", se ataja. Respecto de la relación entre el relato y el film, Belén sostiene que "no encuentro la relación, porque descubrí a Silvina Ocampo sólo cuando leí el cuento. Antes no la conocía. No estoy inmersa en su mundo y lo que entiendo es que Alejandro Maci logró elevar ese cuento: le puso de todo. Disfruté mucho el guión, porque la adpatación es muy buena. Mi Teresita, por ejemplo, no es igual que en el cuento. El guión le dio una vuelta a Teresita que a mí me gusta y que es de Maci."

Walter Quiroz es el "impostor" de la película, el personaje que Sebastián (Birabent) crea en su imaginación suicida. Fue el adolescente protagonista de "El viaje", la última realización de Fernando "Pino" Solanas. "El guión de Solanas no era tan rígido: el libro que recibí de "El viaje" era uno y terminó siendo otro, más de acuerdo con el imaginario personal del director en ese momento. Este me encanta, porque es una adaptación riquísima".

Respecto de la forma de narrar el cuento, Quiroz cree que es un texto difícil de contar, "porque es una historia fantástica y llevar a los actores y al equipo a una atmósfera donde todos cuentan el mismo cuento es complicado. Me alegra el resultado."

El trabajo de Antonio Birabent en la trama es soñar a Juan, pero en la vida profesional debió soñar a Walter Quiroz. "Con Walter hicimos un trabajo tan intenso, durante tres meses previos a la película, casi teatral, que llegó un momento en que no podría haberse hecho con otro que con Walter. Si no hubiera sido él, tampoco hubieran contado conmigo. Se convirtió en el ser necesario para contar un cuento en común."

Tras una prueba juntos, llegaron al papel. "A Walter no lo conocía y desde que terminó la filmación no nos vemos. Con poca gente, en mi vida, conviví tres meses. El buen resultado se debe a que hubo muchos trabajando juntos durante mucho tiempo. La película tiene poesía y cuenta poesía, pero va a llamar la atención no sólo por lo que narra sino por el trabajo que hay detrás."

Entre "El viaje" y "El impostor", Walter Quiroz actuó en la película brasileña "Perfume de gardenia", a las órdenes de Guilherme de Almeida Prado, "un director muy interesante -confirma el intérprete-, que logró éxito en La Habana". Cambiar de director es uno de los conflictos de cualquier actor. "Sin embargo, mis tres películas tienen que ver con lo iniciático, el viaje que comienza y que no termina. "El impostor" comienza con un viaje".

Un viaje con naranjas

"El último viaje, el más preocupante es éste -sonríe Quiroz-, éste del final, hacia el estreno, en que uno empieza a desprenderse de la película y siente que ya no le pertenece."

Hay una sugestiva toma del film en la que se advierte que una jarra de naranjas estratégicamente ubicada es un recurso para lucimiento del director de fotografía, Ricardo Aronovich: "Fueron las naranjas que se exprimieron más rápido en el mundo -ríe a carcajadas Belén Blanco- y las exprimieron con cuchara." "El trabajo con Aronovich es una experiencia única", confirma Quiroz. "Hubo una polémica -interviene Birabent- que demuestra el temperamento de Aronovich: se empecinaba en que las naranjas se exprimieran con cuchara. Hubo que aceptarlo porque se trata de un cuento fantástico".

En sus lugares, los actores están un poco chamuscados, lo que lleva a preguntarles si las entrevistas los ponen nerviosos. De un salto regresan a la posición erguida y Belén, Birabent y Quiroz responden que no. "Sólo que ahora hay que pensar el conjunto, hablar de la película sin la imaginación fragmentada de cuando empezás a leer el guión. Ahora se nos viene encima lo que hicimos, aunque sabemos que la película es muy buena", replica Antonio.

"Algo nos pasa en esta situación -Quiroz responde al presumible nerviosismo- porque uno se forma para los resultados y esto está hecho y no hay vuelta atrás. Hay que hacerse cargo." "¡Es que hicimos una película especial...!", Birabent con sostenido interés por corroborar lo que cree a muerte.

"Frente a una caricatura de personajes de los años treinta, los llenamos de vida -opina Belén- y por eso estos seres van más allá."

Belén Blanco tiene interesantes antecedentes en la televisión. Buscamos establecer su opinión y la de sus compañeros de elenco respecto de ese medio y su relación con el cine. "Trabajé en "Nueve lunas" a las órdenes de Héctor Olivera y ahora con Alejandro Doria. Siempre con directores valiosos. Más allá de la vorágine de la televisión, se puede trabajar muy bien." Frente al papel de la hija televisiva de "El Rafa", Belén entiende que la modalidad de trabajo es la misma. "Yo me dedico del mismo modo en el cine que en la televisión. No podría diferenciar dentro de mí a qué le pongo algo de mí y a qué no. Mi entrega es la misma en un medio o en el otro, aunque los tiempos sean otros. En televisión tenés sólo dos días para contar la vida de alguien; en la película tuvimos dos meses. En el teatro me ocurre lo mismo."

Belén vive sola y en su casa abundan las paredes para enojarse con ellas cuando se lleva mal con alguien. "Por eso, aunque sé que mi carrera es cambiar decompañero en cada oportunidad, trato de llevarme bien con todos." El razonamiento de Belén tiene que ver con la pregunta acerca de cómo la afectan, siendo tan joven, los cambios de galanes en cada actuación. "En mi discusión con las paredes, como nunca escucho lo que me dicen, siempre les gano por más paredes que sean", concluye.

"Yo trato de hacer todo lo que mejor puedo, cada vez, para darme placer y para divertirme," son palabras de Antonio Birabent, de quien suponemos que hacer películas, por los largos tiempos del rodaje, puede resultarle aburrido: "¡No! Nada es aburrido para mí. No conozco el aburrimiento, que es una pérdida de tiempo. Es fabuloso poder hacer a Sebastián, conocer gente, ponerme ropa no habitual y que además me paguen".

En estos días, en "Verdad consecuencia", por televisión, encarna a un padre soltero. "Salgo del estudio y me olvido de todo. Yo tiendo a facilitarme las cosas. Hay tantas complicaciones que nos acechan en la vida real que busco facilitar mi vida. No me hago preguntas y cuando veo la película, mi reacción es ingenua y verdadera."

Lejos de casa

La filmación de "El impostor se llevó a cabo entre octubre y noviembre de 1996, en la estancia "La Rica", a diez kilómetros de Chivilcoy. Para Belén Blanco ésta es su tercera aparición en la pantalla grande, después de "El caso María Soledad", de Héctor Olivera, y "Picado fino", de Esteban Sapir. Antonio Birabent sólo actuó antes en "Tango feroz", de Marcelo Piñeyro. Ahora está trabajando con Eliseo Subiela y al lado de Julieta Ortega en el film "Pequeños milagros". Su personaje es el de un astrónomo que busca vida extraterrestre. "Yo no soy el protagonista -aclara Antonio-, la protagonista es Julieta. Se enamora de ella por Internet y un día la ve en la parada del colectivo".

Walter Quiroz admite no haber hecho demasiada televisión, "pero algo hice, por supuesto, como para poder vivir de ella". Su formación se ciñe al espacio del teatro, con maestros como Agustín Alezzo y Carlos Gandolfo. "Uno se está siempre formando y tanto que, no bien apareció este guión, fui a verlo a Gandolfo para que me diera una mano en el trabajo de imaginar."

"Lo mismo me pasó a mí -más serio, Birabent-. Ni bien me dieron el guión, fui a verlo a Julio Chaves, mi maestro, también en busca de apoyo. El resto lo puso Maci, el director."

Birabent considera "frustrante" verse en esta película: "Me da alegría verla, pero si tuviera que hacerla de nuevo, cambiaría todo. Haría otro personaje. Es divertido pensar que no hay una sola manera de interpretar a Sebastián. Verme es frustrante y divertido".

"Yo también cambiaría todo -Belén juega con las palabras de su compañero de elenco-, cambiaría todo, aunque no concibo otra manera de actuar."

"A mí queda el recuerdo de los paseos con Belén y con Walter por la bóveda estrellada de las noches en Chivilcoy y con mis deseos de dormir en el cuarto que armaron para Sebastián, pero no me dejaron", Antonio Birabent pone cara de soñador mientras hurga en un inmenso bolso en busca de unos anteojos de sol que se coloca y ya no se quitará ni cuando la fotógrafa se lo pida. "El público no vio esos paseos bajo el cielo estrellado, pero va a notarlo en la película."

En cambio, Walter Quiroz -"entiendo lo que dicen ellos"- prefiere no hablar de frustración, "porque se sufre tanto esperando un trabajo interesante que, cuando uno lo consigue, es mejor preservarlo. Después del tránsito, uno desearía siempre algo perfecto, pero es mejor decir que estoy feliz por haber participado en la película."

Ayudados por el video o por la televisión, los tres actores, en general, coinciden en que vuelven a verse en sus anteriores películas. "Voy a ir todos los martes, a la primera de la tarde, a ver «El impostor»", confiesa, exagerado Birabent. Sólo Belén le pone algún reparo a verse en la pantalla: "Puedo ver la película tres o siete veces, pero sólo por la película, no por mí." "A mí me interesa saber cómo la va a recibir la gente, por eso voy a ir tantas veces", se cruza Birabent.

Con una gran experiencia por delante y buenas expectativas por la presentación de "El impostor", Belén, Walter y Antonio guardan una frase que les dijo el director a ellos y a los técnicos, al concluir el rodaje: "Me gustaría volver a trabajar con todos ustedes."

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