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"No me convertí en discípulo de ninguna idea"

Juan Carlos Kreimer
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3 de abril de 2005  

Está escribiendo Contracultura para principiantes, la historia de un proceso que comienza en Big Sur, California, a comienzos de la década del 50, con Jack Kerouac y los poetas beatnik, y culmina en Nueva York, en 1980, con el asesinato de John Lennon. Juan Carlos Kreimer es periodista, ensayista (El varón sagrado), novelista (Necesitaba que me lo dijeras, Volvé cuando seas grande) y editor.

"Comencé trabajando como redactor junto con grandes maestros como Edmundo Guibourg, Olga Orozco, Carlos Burone, Ernesto Schoo. Siempre recordaré las correcciones que Ernesto hacía en mis notas, que más bien parecían prolijos bordados. Pero a mediados de la década del 70 sentí que necesitaba otra cosa, y me fui a Europa", recuerda.

Llegó a Londres en 1975, cuando la ciudad se preparaba para celebrar las bodas de plata de la reina. Sin embargo, no todos eran felices: la nueva generación estaba con bronca, se sentía postergada. Sus ídolos revolucionarios de la generación anterior se habían vuelto ricos, famosos, distantes e indiferentes. Entonces, la nueva generación comenzó a desarrollar un estilo propio y así nació el punk.

"Conseguí trabajo como acomodador en el Arts Theatre Club, algo así como la casa del teatro. Trabajaba todos los días, de 18 a 24; cortaba las entradas y después me aburría. Comencé a escribir una novela sobre el desarraigo y se la llevé a una agente literaria que me dijo que no sabía leer castellano, pero que se la enviaría a una amiga de Barcelona. La amiga opinó que el texto era bueno, pero sin posibilidades de publicación en ese momento, pero me hizo una contraoferta: que en 20 días escribiera un libro sobre el movimiento punk.

–¿Aceptó?

–Claro, fue uno de los primeros libros que se publicaron sobre el tema, pero no fue fácil. Yo andaba con una melena larga y los punk me miraban con desconfianza, me veían como un viejo o, peor, como un hippie tardío. Un día hice tripas corazón y me hice rapar. Cuando pude mirarme a un espejo dije: Dios, ¡qué cara de loco! Pero a partir de entonces los punk me vieron como a uno de ellos, me contaron todo, me invitaron a sus fiestas y pude terminar el libro. Fue un éxito y comencé a trabajar como corresponsal y a enviar notas a medios españoles. Incluso, en el Arts empezaron a tratarme de otra manera porque era el acomodador que escribía para diarios extranjeros.

–¿Cuándo regresó?

–No fui muy oportuno. Se me ocurrió regresar el 2 de abril de 1982, el día en que la Argentina invadía las Malvinas. Imagínese, yo venía de Londres y me daba la sensación de que todo el mundo me miraba con cara de sospecha. Estuve barajando varios proyectos siempre a partir de la pregunta: ¿qué le hace falta a la gente? En el ínterin volvió la democracia y pensé que todos necesitábamos algo que nos permitiera reencontrarnos, curar nuestras heridas y volver a creer. Así, en octubre nació Uno Mismo, una revista donde se trataban temas que todavía no eran muy conocidos, por eso al principio fue resistida. Luego, esos temas se divulgaron y, como en todos los medios se hablaba de ellos, dejamos de ser novedosos. Mis colaboradores eran médicos, psicólogos, antropólogos, profesores de yoga y meditación, gente muy valiosa, pero que no sabía redactar y, así, yo tenía que reescribir una publicación de 64 páginas todos los meses. Hablé con ellos y acordamos reunirnos todos los lunes durante cuatro meses para aprender. Entonces ocurrió algo totalmente inesperado...

–¿Qué?

–Los terapeutas descubrieron que aprender a redactar podría ser un excelente complemento para sus pacientes y comenzaron a enviarme alumnos. Durante cinco años continué el taller, pero estaba abrumado, no tenía ni tiempo ni espacio físico para atender a tanta gente.

–¿Cómo hizo?

–Junté todos mis conocimientos y en 1987 escribí un libro que se hizo famoso: ¿Cómo lo escribo? Continué con la revista diez años más, luego la dejé y volví a barajar proyectos.

–¿Qué se le ocurrió?

–Publicar una colección de libros con temas complejos, pero expuestos de manera muy clara y seria. Con buenos autores y utilizando recursos gráficos eficientes y populares, los comics. La colección se llama Para principiantes y publicamos, en promedio, un libro por mes. Los primeros volúmenes estuvieron dedicados a Freud, Jung, Einstein y Darwin, pero también hablamos de Borges y Gardel, y estamos a punto de presentar el número 103, Psicología Social para Principiantes. La disciplina creada por el médico psicoanalista Enrique Pichon Rivière. Está escrito por la psicóloga Gladys Adamson, que trabajó con el autor durante diez años, desde 1967 hasta la muerte de Rivière.

Consejo

Cuando escribí Krishnamurti para principiantes tuve que leer muchísimo material de una gran sabiduría. Y dejé que esos mensajes penetraran en esa zona de mi mente donde no me creo dueño de nada, ni siquiera de lo que imagino –cuenta Kreimer–. Seguí su consejo: no me convertí en discípulo de ninguna idea, ni de nadie, ni de él mismo. Incluso, intenté no ilusionarme con ninguna de las explicaciones que fui obteniendo.

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