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Cómo será el nuevo Bellas Artes

Alicia de Arteaga
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19 de abril de 2005  

Clima de cambio en el Museo Nacional de Bellas Artes. El director Alberto Bellucci y su equipo ultiman los detalles para la reapertura de las salas del primer piso, que serán destinadas a la exhibición permanente de la colección de arte argentino, patrimonio de nuestro museo mayor.

Desde su fundación, en 1896, por decisión de Eduardo Schiaffino, coleccionista y crítico de LA NACION y primer director, el Bellas Artes ha sido una caja de resonancia de lo que sucede en la escena nacional. Nada más oportuno que este momento, cuando el mundo del arte vive días de efervescencia y Buenos Aires se ha convertido en el destino elegido por miles de turistas llegados de todas partes, para poner en valor el arte argentino con una renovación museológica de fondo y forma.

El nuevo guión permitirá contemplar cuadros guardados por años en los depósitos y obras donadas con cargo de exhibición, que los herederos de los donantes nunca vieron colgadas en las salas de la antigua casa de bombas, reciclada por el arquitecto Alejandro Bustillo para ser sede del MNBA en las primeras décadas del siglo XX.

Oportuna fecha también por la proximidad del centenario del Centenario. En 1910, Buenos Aires vivió los fastos de mayo y la llegada de la infanta de Borbón con el pabellón de exposiciones de Bellas Artes enclavado en la barranca de la plaza San Martín. Hoy le toca al arquitecto Alberto Bellucci, director de tres museos -de Arte Decorativo, de Arte Oriental y de Bellas Artes, por aquello de que "no hay nada más definitivo que lo transitorio"- recuperar la sala mayor del museo, que durante la gestión del anterior director, Jorge Glusberg, se usó para muestras temporarias, para destinarla a la exhibición del patrimonio.

A partir del 27 de abril, el visitante encontrará mayor cantidad de obras expuestas; salas refaccionadas de acuerdo con criterios museográficos actualizados y una selección de cuadros, que va de la década del 20 hasta 1990. Se exhibirán más de 450 pinturas, muchas de ellas por primera vez. Como novedad habrá puntos de descanso, un circuito en braille de esculturas para no videntes y un sistema portátil de visitas grabadas, como las de Philippe de Montebello para el Met neoyorquino. Sin la magnificencia del MoMA, el Reina Sofía o el Ivam, de Valencia, que encararon ampliaciones millonarias, el equipo del Bellas Artes, con la curaduría de María José Herrera, encaró este proyecto financiado en su totalidad por la Asociación de Amigos del MNBA, con acuerdo de la Secretaría de Cultura y apoyo de la Dirección de Patrimonio.

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La primera etapa fue la reapertura de las salas de arte europeo de la planta baja enriquecidas con sesenta obras más en exhibición, a las que podrán sumarse, en breve, tres de los dieciocho cuadros robados en la Navidad de 1980, en un episodio gravísimo nunca esclarecido. Si llegan a buen puerto las negociaciones confiadas en París al embajador Archibaldo Lanús, en línea directa con el secretario José Nun, en pocas horas habrá novedades porque hoy es el "día D". En una breve conversación telefónica, nuestro representante ante el Palacio del Elíseo advirtió que no se trataba de "una negociación fácil".

El lamentable episodio de aquella Navidad se cobró el mayor botín de arte de nuestra historia. Fue un duro golpe para el patrimonio nacional. Los ladrones, que actuaron con toda la calma del mundo y hasta brindaron con un par de whiskies se llevaron valiosas pinturas impresionistas de la colección Santamarina, pilar fundamental de nuestro museo mayor.

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