Analiza el Gobierno reemplazar los planes Jefes y Jefas de Hogar

Los sustituiría por subsidios al desempleo
Andrés Oppenheimer
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28 de abril de 2005  

Por su interés para los lectores de la Argentina, LA NACION publica hoy simultáneamente con el diario The Miami Herald la columna del periodista Andrés Oppenheimer, que aparece todos los jueves en ese periódico.

MIAMI.- Aunque muchos economistas internacionales dicen que la Argentina está encaminada en una senda populista que seguirá ahuyentando a los inversores y generará aún más pobreza, una entrevista con el ministro de Economía, Roberto Lavagna, me dejó con algo de esperanza de que las cosas puedan cambiar para mejor.

Antes de entrar en detalles sobre lo que me dijo Lavagna, convengamos en que hay muchas razones para ser escépticos sobre el futuro del país.

En primer lugar, después de pasar por la peor crisis de su historia moderna en 2001, y suspender los pagos su deuda externa de US$ 88.000 millones poco después, la Argentina es vista por gran parte del mundo como un lugar de alto riesgo para invertir. La visión desde afuera es que los gobiernos argentinos cambian constantemente las reglas del juego y se comportan como adolescentes: culpan a sus predecesores -y al resto del mundo- de todos sus problemas.

Segundo, a pesar de una recuperación notable -la economía ha crecido un promedio del 9% en los dos últimos años y se proyecta un 6% más este año-, las instituciones financieras internacionales pronostican un crecimiento del 3,6% en 2006 y de algo menos el año siguiente.

Existen temores sobre el futuro, porque gran parte de la recuperación se debe a factores externos, como las bajas tasas de interés internacionales, los altos precios de las materias primas y el enorme aumento de las compras de soja por parte de China. Los economistas auguran que estas condiciones no se mantendrán en el tiempo.

Tercero, el presidente de centroizquierda Néstor Kirchner parece más dado a confrontar con los inversores extranjeros que a tratar de seducirlos. Su apasionada retórica en contra de los acreedores internacionales y las políticas ortodoxas de libre mercado hacen que muchas empresas multinacionales no contemplen invertir en la Argentina y lo hagan en países más amigables, como Brasil y Chile.

Señales positivas

Pero en una entrevista de una hora en su despacho, la semana pasada, Lavagna dio señales positivas: dijo que la Argentina va a centrar su atención en atraer inversiones extranjeras y que transformará drásticamente el subsidio estatal Jefes y Jefas de Hogar, que muchos ven como un símbolo de todo lo malo del populismo.

El Plan Jefes Y Jefas fue creado en 2002 para dar ayuda financiera mensual a 2,1 millones de personas. En los hechos, no requiere que los beneficiarios hagan trabajo alguno ni que reciban entrenamiento laboral. Aunque los subsidios son necesarios en épocas de crisis, si no están debidamente supervisados por el Congreso terminan a menudo siendo utilizados con fines políticos.

Un reciente estudio del Banco Mundial señaló que la distribución de estos fondos a través de gobiernos locales "favorece el clientelismo político y la corrupción", además de que el plan fomenta una cultura de dependencia de dádivas estatales. Otro estudio, de la Fundación Atlas, una organización no gubernamental a favor del libre mercado, señala que un 20% de la población argentina ya constituye un "voto cautivo", que depende de los subsidios gubernamentales.

Sin embargo, en la entrevista, Lavagna dijo que el plan ya ha sido reducido a 1,6 millones de personas. Y agregó que se planea convertirlo en un seguro de desempleo, como el que existe en Estados Unidos.

"Espero cambiar este sistema", dijo Lavagna. "Estoy tratando de convencer al Gobierno de convertir esta medida de emergencia en un programa de desempleo, que ofrezca ayuda por un tiempo limitado -digamos, un año- y en que los beneficiarios tengan que buscar un empleo y recibir entrenamiento laboral."

"El Presidente aceptó"

¡Interesante! ¿Pero está Kirchner de acuerdo? Lavagna asintió con la cabeza. "El Presidente aceptó la idea. La única pregunta es cuándo vamos a empezar a hacerlo", explicó. Probablemente, esto sucederá después de las elecciones legislativas de octubre, me dijo posteriormente una fuente del Ministerio de Economía.

Asimismo, Lavagna sugirió que habrá renovados esfuerzos por atraer inversiones extranjeras. Para tener un crecimiento anual del 6% por varios años, la Argentina necesita incrementar las inversiones al equivalente de cerca del 24% de su producto bruto, dijo. Actualmente, la tasa de inversión es de cerca del 21% del PBI.

Claro que, cuando dejé la oficina de Lavagna y le comenté con entusiasmo a varios amigos que la Argentina parecería dispuesta a revertir algunas de sus medidas populistas, muchos me miraron con escepticismo y preguntaron: "¿Y tú les crees?"

A lo mejor no habría que creerles. Pero el mero hecho de que estén hablando de atraer inversiones y de abandonar subsidios manipulados con fines políticos es una buena noticia. Si el Gobierno hace todo esto, el crecimiento de los dos últimos años dejaría de ser un fenómeno pasajero debido a causas externas, y podría ser el inicio de un largo período de prosperidad.

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