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El jazz le abrió sus puertas a Spinetta

Se presentó en el festival porteño
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12 de mayo de 2005  

Una adhesión importante del público marcó la apertura de la cuarta edición del encuentro Jazz y Otras Músicas, que tuvo como especialísimo protagonista al artista de rock Luis Alberto Spinetta, que se presentó con un concierto íntimo en el teatro Presidente Alvear.

A doscientos metros, en el Centro Cultural San Martín, el "Encuentro Django", de guitarras, fue el sostén jazzístico de la inauguración de esta muestra, organizada por el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, que continuará hasta el 24 del corriente. El amor por el estilo que inmortalizó el gran gitano Django Reinhardt provocó una cola casi de cien metros en la entrada del centro cultural para disfrutar de una rica variedad de esa forma de interpretación musical dominada por un zigzagueante swing.

La pesada noche sobre Buenos Aires no hizo, al parecer, más que alentar al público hacia ambos conciertos que le pusieron ambiente populoso a la calle Corrientes, que sacrificará la amplitud de su calzada en pos de una nostalgia, al menos, poco práctica para estos días.

En una sala se homenajeaba a Reinhardt, en la otra, un ícono del rock argentino presentaba, ante un público diferente, piezas de su colección musical, sin otro propósito que llevarle a la audiencia un repaso por su potente mundo interior.

En cuarteto con Claudio Cardone en teclados, Nerina Nicotra en bajo eléctrico y Sergio Verdinelli en batería (en su debut en la banda), Spinetta desarrolló una forma de íntima expresión musical.

El grupo propuso construir un clima de atmósferas, casi sin ataques. El cantante y guitarrista puso el énfasis en el funcionamiento colectivo sobre el que hizo planear su voz. Su timbre y forma de fraseo provocó en la audiencia una conexión con algo tan propio como Buenos Aires.

Eligió composiciones como “Resumen porteño”, “Dos murciélagos” y un tema gigante de los años setenta, “Durazno sangrando”. El cuarteto no trabajó desde los solistas, más bien frente a un público que gusta de las improvisaciones, hizo un trabajo de edificación de climas.

La música de Spinetta mostró que tiene interiores interesantes por la variedad. El grupo sonó cálido y con un ajuste sin pretensiones, más bien libre de los reglamentos que tanto exhibe el rock. Trabajaron desde la intimidad que propuso el guitarrista, que fue creciendo con el correr de los temas.

Algunas novedades como “Fuego gris” sorprendieron a sus seguidores. Al lado de este cronista, una especie de biógrafa no oficial, Nancy Esquef, hizo comentarios sobre cada una de las composiciones hasta que este tema le llamó la atención.

“Siempre dejé entrar al jazz en mi casa, ahora me hace entrar en la suya. Estamos a mano”, dijo el músico respecto de esta heterodoxa apertura. Sin embargo, si hay una voz que también suena a Buenos Aires es la de Spinetta, que, a estas alturas, supera la cuestión de géneros musicales.

En “La herida de París”, el grupo tomó por un camino de mayor potencia, aunque jamás tapó al cantante. En muchas ocasiones, la voz juega como un rumor sobre la melodía. En este tema, el solo del líder marcó un punto interesante en la forma de abordaje. En la primera parte, desarrolló una rearmonización de la melodía y en el siguiente tramo su solo se puso en la tradición del rock, con más distorsión y estiradas. En ambos casos, su improvisación sonó metafórica, como su lírica y es aquí, por ejemplo, donde se revela su talento.

Spinetta consiguió hacer un solo de la misma manera en que escribe. Su toque no es moderno, es aún más valioso, es personal y de esta manera sale de ese juego de estar al día con lo que pasa. Se despidió con “Agua de la miseria” y “Buenos Aires, alma de piedra”, de su último EP. Con su nueva formación, consiguió darle una vez más a su música un espíritu intimista, con atmósferas que realzan la lírica y que, sin esfuerzo, convocan a la audiencia a escucharlo, como en el Alvear, donde se puso de rodillas (al parecer, es habitual, este gesto) para despedirse de un público que disfrutó de uno de sus mundos más íntimos.

A doscientos metros, el guitarrista Ricardo Pellican y otros recordaron la enorme contribución del Reinhardt con la guitarra jazzística.

Esta noche, a las 20, en el Centro Cultural Recoleta, el saxofonista Andrés Boiarsky, con la pianista japonesa Tomoko Ohno, presentarán su disco “Shadows of Spring”, luego subirá a ese escenario la orquesta del trompetista Oscar Serrano, jazz moderno y swing a discreción.

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