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Emotiva historia familiar

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13 de mayo de 2005  

"El cuento del violín". Autor y director: Gastón Cerana. Intérpretes: José Ignacio Tambutti, Alicia Muxo, Vivian El Jaber, Fernando Armani, Maida Andrenacci. Música original: Gabriel Goldman. Escenografía y vestuario: Verónica Lavenia. Caracterización: Emiliana Demedio. Iluminación y técnica: Javier Casielles. Asistencia de dirección: Fernando Diez. En el Abasto Social Club.

Un viejo violín, un Stradivarius de comienzos del siglo pasado, resulta el eje de una historia familiar muy peculiar. En verdad es un objeto más dentro de una casa cargada de objetos y muebles antiguos, donde algunos de sus habitantes pretenden sostener en orden la herencia de una familia en la que sólo un miembro -una tía cuyo retrato parece controlar las acciones de los que allí viven- estuvo ligado al arte.

Pero el violín en cuestión es una buena excusa que le permite a Gastón Cerana, en tanto autor, hacer una exhaustiva recreación costumbrista del hábitat de un grupo familiar del interior de la provincia de Buenos Aires. Su mirada es tan sensible y tan detallista, en cuanto a la definición de personajes y situaciones, que cualquier espectador se sentirá muy próximo a la historia y hasta en muchos casos, seguramente, reconocerá como propias a esas tías, esa casa y esos diálogos que se cruzan mientras cada uno de los seres se muestra a pleno en sus frustraciones, deseos y con tan pocas esperanzas.

"El cuento del violín" es un bello relato que habla también de una generación mayor de argentinos que sigue en pie mientras a su alrededor todo es una dolorosa decadencia. Ni siquiera hay tradición que sostener o, en todo caso, ni siquiera es ejemplo para las generaciones siguientes.

Desde la dirección, Cerana apuesta a los actores, su drama en verdad sólo puede sostenerse si encuentra en ellos la verdad suficiente que sus criaturas reclaman. Y los resultados que asoman en su puesta son muy conmovedores. Las composiciones de Alicia Muxo y Vivian El Jaber son de una gran expresividad. Dos tías fuertes -Bruna y Eduarda, respectivamente- que intentan dar orden y continuidad a ese núcleo familiar que ya no las contiene. Las escenas entre ambas son de una profunda intensidad. Ambas trabajan sobre una cuerda muy rica en la que el humor y el patetismo se dan la mano continuamente.

El mundo de los hombres es menos intenso, pero muy significativo también. El hermano Domingo (Fernando Armani) carga las tintas sobre la ingenuidad y se muestra entre desvalido y aprovechador y el maestro Miguel (Juan Ignacio Tambutti) aporta una faz romántica que le posibilita relatar aspectos de la historia y, a la vez, cruzarse con cada uno de los integrantes de la casa y sobre todo con Paula (Maida Andrenacci), en un sutil y efectivo juego amoroso.

Rico, emotivo y sumamente teatral, este proceso conducido por Gastón Cerana movilizará en cada persona del público muchos recuerdos de infancia y, también, provocará alguna que otra reflexión acerca de una historia de vida por todos conocidas.

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