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Merecido homenaje a Margarita Kenny

En La Scala de San Telmo
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19 de mayo de 2005  

Un acto y un concierto se realizaron para homenajear a Margarita Kenny al cumplir los 90 años, una de las figuras más brillantes del arte lírico nacional que por sus excepcionales condiciones intelectuales transita una vida recoleta, sabia y ejemplar. El homenaje se realizó la última semana en La Scala de San Telmo,

En ese escenario, Horacio Sanguinetti con su sabiduría y admirable don de la palabra, hizo la semblanza de la artista, nacida en Venado Tuerto. Se recordó cómo fue su carrera artística, desde sus estudios con Rosalina Crocco y en Filadelfia, por una beca en la que mucho tuvo que ver el legendario Leonard Warren. Se habló de su incorporación a los elencos de la Opera de Viena, de la admiración de Wilhelm Furtwängler y de sus actuaciones en la Opera de Düsseldorf y en otros teatros.

No se dejó la capacidad de Margarita Kenny para ofrecer con generosidad todo su saber a través de una dilatada dedicación a la docencia, cultivada desde 1964 cuando, junto al notable tenor Max Lorenz, daban clases magistrales en Munich y Salzburgo.

Un breve encuentro con Margarita sirvió para ratificar que en sus noventa años de existencia sigue siendo una fuente inagotable de conocimientos y lección de vida. "Mire, querido amigo -nos dice con pasmosa lucidez y claridad-, una vez el joven director Carlos Kleiber, hijo de Erik, cumplía funciones de sustituto de Erede y debió asumir la dirección de «Edipo Rey», de Leoncavallo, y estando yo en la sala, en uno de los ensayos me pidió que escuchara para saber porque su versión no arrancaba, no funcionaba, cosa que hice de inmediato con oído critico y después de un rato le dije «Sí, Carlos, ya sé por qué no andan bien las cosas, sucede que tus silencios no tienen música»".

Entonces, fue inevitable tocar el tema del arte de Furtwängler: "El era admirable -dice Kenny- es el único que logra pausas que son música. Una maravilla y cada vez que recuerdo mi experiencia con él me siento feliz. Mire, se la cuento -dice con una sonrisa pícara-, aunque no quiero que me pase lo que afirmó alguna vez Santa Teresa de Avila con respecto a la humildad «cuando se dice soy humilde, ya se dejó de serlo» (y ríe de modo contagioso). Bueno, el asunto es que tuve la oportunidad de que el maestro alemán me escuchara, estaba preparando el Rin de Wagner y me probó. Canté y Furtwängler cabeceaba de un lado a otro y no dijo nada. Fuimos a tomar un café y no había noticias, entonces un hombre dijo en alemán «Pobre, esta sudamericana salvaje cree que le dará algo, ¡qué ilusa!». De pronto alguien atendió un teléfono y me avisaron que me había aprobado para ser una valquiria y al rato, otro aviso. «Mire, señorita, el maestro dice que también cantará una de las Nornas.» ¡Y todavía recuerdo la cara de sorpresa del hombre incrédulo! Y a partir de esa experiencia inolvidable hice muchos de mis personajes más queridos, Azucena, Fricka, Brangania..."

Y la charla se hace más emotiva porque surgen de su memoria conceptos maravillosos y al final cuando nos parece prudente dejarla descansar dice Margarita Kenny: "Mire, para una vida larga hay cuatro cosas, Dios, música, amigos y humor, y si quiere... le cuento un cuento gracioso...", y las ocurrencias fueron dichas con regocijo.

Margarita Kenny comenzó como periodista en la revista El Hogar, donde escribía las notas sociales y, de nuevo radicada en la Argentina, se dedicó a la enseñanza.

En el homenaje, actuaron los cantantes Eduardo Cogorno, Gloria Sopeña y Laura Delgado, con los pianistas Eduardo Páez y Enrique Prémoli.

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