Suscriptor digital

La nueva manera de viajar en tren

En los últimos tres años se duplicó la cantidad de usuarios de las líneas ferroviarias; los nuevos prestadores incorporaron mejoras, pero muchos pasajeros reclaman más seguridad y confort.
(0)
10 de junio de 1997  

A tres años de las privatizaciones de los ferrocarriles, la cantidad de usuarios del servicio aumentó el 95 por ciento, según datos aportados por la Comisión Nacional de Regulación de Transporte.

"Un millón y medio de personas, entre vecinos de la Capital Federal y del Gran Buenos Aires, viaja en tren todos los días, casi el doble de los que viajaban antes de las privatizaciones", comentó a La Nación el encargado de las concesiones metropolitanas, Juan Moriñigo.

Moriñigo explicó que en el primer trimestre de 1993, cuando los ferrocarriles eran todavía del Estado, 212 millones de personas viajaron en tren, mientras que en 1996, tomando como referencia el mismo lapso, la cifra ascendió a 413 millones.

Las concesiones ferroviarias comenzaron el 11/4 de enero de 1994. Laprimera línea en cambiar de condición fue la Urquiza, que pasó a manos de la empresa Metrovías por un período de 20 años.

El proceso de privatización se completó el 27 de mayo de 1995, con el traspaso de las líneas Mitre y Sarmiento.

Con las privatizaciones, una serie de aportes tecnológicos e innovaciones materiales en los vagones comenzó a instrumentarse con el fin de que los pasajeros tengan mejores servicios.

Molinetes versus horas pico

Pero, si bien se aplauden las mejoras, quienes viajan a diario sienten que todavía el traslado cotidiano está lejos de ser un momento de confort, de acuerdo con los testimonios coincidentes de usuarios del servicio suburbano.

"Los trenes son y serán una pesadilla", dijo Elías Amado, quien toma el tren en la estación Liniers diariamente a las 7. El pasajero admitió que muchas veces tiene miedo a los piedrazos furtivos que obligan a viajar con las ventanillas bajas.

"Muchas veces tengo miedo dentro del vagón y espero en vano a que aparezca el guarda", acotó.

Elías es uno de los tantos pasajeros para los que viajar es una pesada aventura que se repite irremediablemente todos los días.

Pero, aunque los pasajeros, tal vez apurados y cansados, no tengan tiempo ni ganas de apreciar las modificaciones en los trenes y en las estaciones, éstas son notables.

En Once, la empresa Transportes de Buenos Aires (TBA) instaló 30 molinetes que permiten la entrada y la salida de pasajeros a través de un sistema de tarjetas magnéticas, con lo que se logra mayor orden en el ingreso a los andenes.

Osvaldo Rossi, vocero de TBA, informó que gradualmente se colocarán los 482 molinetes restantes. Dijo que también se instalarán 165 expendedoras automáticas de boletos y 110 máquinas de boleterías en las 54 estaciones que componen las líneas eléctricas del Mitre y el Sarmiento.

Menos humo

Otras decisiones fueron más controvertidas, como la que prohíbe fumar en vagones de los trenes de Ferrocarriles Metropolitanos.

"Antes de julio, los vagones para no fumadores estaban intercalados", comentó Liliana Gallo, una pasajera frecuente de una de las líneas de esa empresa.

Y agregó la joven, quien viaja todos los días desde la estación Chacarita hasta Villa del Parque: "Desde que el cigarrillo se prohibió totalmente, viajar en tren es mucho más cómodo".

Quienes arden de deseos por encender un cigarillo en el largo viaje piensan exactamente lo contrario.

Federico Ovejero, vocero de Ferrocarriles Metropolitanos, sostuvo que se tomó esta medida por las quejas que recibieron de los pasajeros. "En las horas pico, la gente no podía elegir el vagón, entonces, los que no fumaban eran perjudicados por el humo de los cigarrillos", dijo.

Y mencionó los argumentos de la empresa. Como, por ejemplo, el haber tenido en cuenta que el promedio de los viajes es de 30 a 40 minutos. A su juicio, "un período no muy largo para la abstinencia de los fumadores".

Los pasajeros tienen sus opiniones. Una joven madre, con su hijo en brazos, admitió que ella no tiene "de qué quejarse", mientras que Rodolfo Ibarra, un joven abogado que vive en Villa de Mayo, dijo que el ingreso en el vagón, a las 7.15, sigue siendo "toda una hazaña".

Y añadió: "Lo que pasa es que cuando viaja mucha gente, los que están arriba del tren no se apuran para bajar, y los que queremos subir nos quedamos de a pie; porque arranca sin nosotros".

Pero sí hay coincidencia en que aumentaron las frecuencias y en que los horarios se respetan un poco más. "Nuestra línea pasa cada cuatro minutos. Antes lo hacía cada veinte", dijo Ovejero.

Esta nota se encuentra cerrada a comentarios

Usa gratis la aplicación de LA NACION, ¿Querés descargala?