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Jorge Drexler: una vida hecha canción

Este año pasó a la historia como el primer artista en recibir un Oscar por una canción en español. A punto de presentarse en Buenos Aires, el músico uruguayo habló con la Revista acerca de su infancia, su familia, el proceso creativo y los peligros de la exposición mediática
Fabiana Scherer
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29 de mayo de 2005  

El río mezclado con el mar, ése que golpea las costas montevideanas, fue el escenario de la infancia de Jorge Drexler. Allí, el cantante y compositor aprendió a escuchar lo que el agua, en su eterno ir y venir, tenía para contarle. "Sé tanto del río...", desliza desde Madrid, con un dejo de nostalgia, el uruguayo que consiguió el primer Oscar para una canción en castellano y que el 10 y el 11 del mes próximo se presentará en la Argentina. El tema en cuestión, Al otro lado del río, fue compuesto para la película Diarios de motocicleta, del brasileño Walter Salles.

Clavo mi remo en el agua. Llevo tu remo en el mío/ Creo que he visto una luz, al otro lado del río, cantó con la estatuilla en mano a la hora de los agradecimientos, luego de que la Academia no le permitiera cantar su propio tema en la ceremonia de los Oscar porque, supuestamente, su figura no era todo lo popular que la ocasión requería. Ahora su vida, como el río, ya no es la misma.

Dice que siempre lo tuvo claro, que la exposición pública es un arma de doble filo, y cuanto más poderosa, más filosa. "Es algo que siempre he sabido y que estoy tratando de aprender a manejar, sólo que luego de aparecer en la gala de los Oscar no resulta fácil –confiesa–. Lo más peligroso es convertirse en un fenómeno mediático, volverse un personaje para dejar de ser quien sos. Volverse un mito, un ícono. Cuando esto sucede, te convertís en una persona estática, y yo prefiero los seres dinámicos, los que están vivos, los que cometen errores, los que no se creen infalibles. Estoy feliz, muy feliz por el reconocimiento, pero no estoy dispuesto a entrar en ese juego."

El juego al que se refiere es el mismo que desdibuja los límites entre su vida privada y la profesional. Por eso prefiere no hablar de su hijo, Pablo, y sólo referirse a Ana Laan, su mujer, como la cantante que se abrió camino en los Estados Unidos y que pronto lanzará su disco en la Argentina (ver recuadro). "Soy consciente de lo que gano y lo que pierdo con la exposición pública, pero no se la impongo a nadie más."

–¿El riesgo de traspasar los límites no es aún mayor cuando escribís canciones sobre lo que sentís o lo que te ocurre?

–El ser conocido públicamente es un fenómeno colateral al de escribir canciones. Es importante tenerlo en claro en una época en que los chicos se preguntan cuándo van a ser famosos, cuándo van a salir por televisión. Es impresionante el bombardeo al que están sometidos. Ya no se trata de hacer música o escribir canciones, sino de ser famoso sin importar cómo. Hay una gran confusión sobre qué es importante y qué no lo es.

Enemigo de los encasillamientos, Drexler prefiere la denominación con la que lo bautizó su buen amigo Kevin Johansen: "desgenerado", una suerte de antidefinición. Es que aún hoy el músico uruguayo lucha por sacarse de encima el estigma de cantautor. "Busco no encerrarme, ser antagónico. Soy el autor y el cantante de mis canciones, como tantos otros. Sin embargo, a Beck, a Björk y a Yupanqui nadie los llamó así. ¿Por qué restringirme a este término?"

Herencia familiar

No fue hasta 1990 que Jorge compuso su primer tema. El mismo se divierte contando que sólo era un chico universitario de la clase media judía montevideana, que vivía feliz en su departamento y que ya ejercía como otorrinolaringólogo, profesión que heredó de sus padres. Pero la música pudo más.

–¿A quién le deben tus hermanos (Daniel, Diego y Paula, también músicos) y vos esta pasión?

–Mi viejo es un melómano, por lo que siempre tuvimos a nuestro alcance todo tipo de música y poesía. Escuchábamos de todo y explorábamos cada uno de los compositores que se nos presentaban.

A los 41 años, este charrúa reconoce que en su casa no sólo mamó el amor por la música, sino que allí también alimentó esa dualidad de la que hablan sus canciones. De padre judío (lo sacaron de la Alemania nazi cuando tenía cuatro años) y madre cristiana, Jorge fue criado en la tradición judía, pero por sobre todo en el respeto hacia todos los pueblos y religiones. "Siempre fueron muy tolerantes y me permitieron tener por lo menos dos versiones de la realidad", cuenta.

Mantener la mente abierta: de eso se trataba. Sin embargo, la familia Drexler pagó el precio del exilio. En 1979, por cuestiones políticas (sus padres militaban en la izquierda) debieron dejar Uruguay y se instalaron un año en Israel y luego en Egipto.

–En las últimas elecciones presidenciales de Uruguay diste tu apoyo público a Tabaré Vázquez. ¿Fue la primera vez que te pronunciaste de esta manera?

–Me interesa mucho la política, pero no la política partidaria, por eso nunca había dado mi apoyo. Me lo pidieron, lo pensé y finalmente me pareció que era importante hacerlo, en un momento tan decisivo para todos los uruguayos. Que haya llegado al gobierno una tercera opción me parece sumamente renovador. De alguna manera, Uruguay entra en sintonía con su región en el campo político.

Cuando Drexler se quedó con el Oscar a la mejor canción, Tabaré Vázquez lo mencionó en su primer discurso como presidente y lo felicitó por el "Maracanazo" (término que remite a un histórico triunfo futbolístico uruguayo sobre Brasil); también celebró su conquista José Luis Rodríguez Zapatero, jefe de gobierno de España, país donde reside el músico rioplatense.

El amigo Sabina

"¿Te une algún compromiso a Uruguay?", le preguntó Joaquín Sabina luego de presenciar uno de sus shows en Montevideo. Era su forma de invitarlo. Sin dudarlo, Drexler armó las valijas y se fue a Madrid. A los tres días conoció a Ana, la madre de su hijo, y a los dos meses firmó un contrato con una compañía multinacional. Pronto sus canciones encontraron nuevas versiones en las voces de Víctor Manuel, Miguel Ríos y Ana Belén. De aquel viaje pasaron diez años. Hoy, Jorge y Joaquín se ven poco. "Yo soy diurno, él es nocturno. Yo vivo fuera de Madrid, él en la ciudad. Nos queremos mucho, nos vemos poco –dice Drexler–. Lo echo de menos. Sé que está grabando y me gustaría saber qué está haciendo."

El último gran regalo que recibió del jaenés fue el desafío que le impuso: escribir la Milonga del moro judío en décimas, a partir de los versos de Chico Sánchez Ferlosio. Yo soy un moro judío, que vive con los cristianos/ No sé qué Dios es el mío, ni cuáles son mis hermanos, dice el estribillo de la canción que se transformó en un himno el día del atentado terrorista del 11 de marzo en Madrid.

Que su canción sonara en todas las radios le produjo sensaciones encontradas. "La primera vez que la escuché dije no, no quiero que pasen una canción mía en este contexto. Después me di cuenta de que tenía algo para decir y que era a través de ese tema. En pleno momento de intolerancia, en el que los grupos humanos se dividen y se enfrentan, la Milonga… es una canción de convergencia, de empatía y de solidaridad."

Lo importante no es escribir lo que uno vive, sino vivir de lo que uno escribe. La cita de Eduardo Galeano se ajusta a la perfección a las vivencias que empujan a Drexler frente a la hoja en blanco. "La escritura tiene su propia vida, sus reglas, su mundo. Me gusta mucho pensar que la imaginación tiene el increíble poder de hacerte vivir cosas, de ponerte alerta, de conectarte con lo que escribís, de hacerte sentir en el mismo momento en el que estás creando."

–¿Por eso tus canciones suelen estar dedicadas a las personas que te rodean, como tu mujer, tu hijo y tus hermanos?

–En ellas hablo de mí, justamente porque siento lo que escribo. Estoy en contra del automatismo. Canto para ser escuchado, porque tengo cosas para decir.

Las primeras palabras de sus canciones las escribe a mano y en cuanto comienzan a tomar forma se pone frente a la computadora. "Me gusta desprenderlas de mi caligrafía. Las giras me obligaron a volcar mis ideas en una agenda portátil que llevo siempre conmigo, porque las dejaba escritas en hojas sueltas y luego las perdía."

En una de las estanterías que tiene en el living de su casa, en San Lorenzo del Escorial, puso el Oscar de cara a las sierras que rodean el lugar. Lejos del río mezclado con el mar, y desde hace ocho años, el músico uruguayo intenta escuchar los sonidos que se desprenden del cordón de esas rocas que liberan ecos cuando son tocadas por el viento.

"Soy de procesos lentos, muy lentos, y el Río de la Plata me dio su ritmo, que después yo traduje en canciones. Ahora es tiempo de escuchar las montañas."

Para saber más:

www.jorgedrexler.com

www.droatlantic.com

El show

"Va a ser una visita muy emotiva", reconoce Jorge Drexler. Los próximos 10 y 11 de junio, el músico presentará Guitarra y vos, un espectáculo íntimo, de formato pequeño, en el que repasará los temas de su más reciente producción, Eco, e interpretará, obviamente, Al otro lado del río, la canción ganadora del Oscar. "Va a ser un recital implosivo –adelanta–: estaré acompañado por mi guitarra y los samplers." Informes: www.ticketek.com.ar

Ana Laan, la mujer, la cantante

“Estoy muy contento con el excelente momento por el que está pasando Ana”, dice orgulloso Jorge Drexler, su marido y a la vez el músico que reconoce en la voz de la madre de su único hijo el talento de una mujer que se está abriendo camino. Conocida en España como Rita Calypso (su álter ego), la enigmática cantante fue considerada por la crítica especializada “una artista de varieté del siglo XXI”. Pero la mujer, que acompañó en coros y samplers a su marido, lanzó este año su primer disco en los Estados Unidos como Ana Laan. En la Argentina lo hará en junio, de la mano del sello Random Records. Su presentación oficial será en los próximos shows de Drexler en el Gran Rex. “La última persona que presenté fue Paulinho Moska y mirá la repercusión y la aceptación que tuvo entre el público argentino”, dice él. Ella nació en Madrid, pero se crió en Estocolmo, Suecia.

Hija de un español profesor de literatura y una estadounidense, Ana van der Laan, tal su nombre original, siempre se sintió atraída por la cultura de las distintas regiones del mundo, inquietud que se ve reflejada en su música.

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