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Una vida dedicada a su trabajo

Garibotto, feliz de ser magistrado
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29 de mayo de 2005  

Juan Garibotto se dio cuenta de que quería ser juez a los 16 años, en una clase de derecho en el colegio secundario. A los 55 años no se arrepiente. "Estoy feliz de ser juez", dice desde su despacho del Juzgado Comercial N° 2, con vista a la convulsionada plaza Lavalle.

Toda su carrera la hizo en el fuero comercial: fue meritorio, auxiliar, secretario privado de un juez, secretario letrado, prosecretario de jurisprudencia y secretario de la Sala B de la Cámara. Desde 1991 es juez de uno de los juzgados que más causas reciben cada año. En 2003 ganó el premio Excelencia Judicial que entregan el Foro de Estudios sobre la Administración de Justicia (Fores) y el Instituto para el Desarrollo Empresarial de la Argentina (IDEA).

"Se aprecia en el doctor Garibotto -dicen los fundamentos del premio- un afán de dar soluciones a los conflictos, con sentido de justicia y siendo muy equitativo en el caso concreto. Tiene también una notable contracción al trabajo, al extremo de declinar invitaciones académicas por priorizar tareas en el tribunal". El coincide: "Dejé las actividades académicas porque no me queda tiempo ni me da el físico para hacerlo".

En sus pocos ratos libres disfruta de su familia y lee historia. Todos los días se levanta a las 6, prepara el desayuno a sus tres hijos (de 21, 18 y 15 años), lleva a la más chica al colegio y al más grande, al estudio jurídico en el que trabaja. Antes de las 8 llega al tribunal. "No salgo de acá hasta las 7 de la tarde. Ni siquiera bajo a almorzar", dice Garibotto.

"Huelgas acá nadie hace porque un servicio público no puede parar", comenta. Sólo cuando todo el trabajo del día está hecho y no queda nada pendiente, pasa a buscar a su mujer, a quien conoció en la Facultad de Derecho, por la escribanía en la que trabaja y vuelven juntos a casa.

"La soledad es la gran dificultad de un juez. Ordenar un desalojo o cerrar una empresa cuando queda gente sin trabajo es muy duro... Me ayuda pensar que juré aplicar la ley, pero no la hago", dice Garibotto.

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