Hubo luego otras crisis gravísimas, pero en la memoria perdura el recuerdo de la devaluación, alza de precios y tarifas a treinta años del "rodrigazo"

En un solo paquete de medidas, el dólar pasó al doble de su valor, mientras que los combustibles y las tarifas subieron más
Jorge Oviedo
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5 de junio de 2005  

La Argentina no sólo tenía un fenomenal problema político en 1975. El débil y tambaleante gobierno de Isabel Martínez de Perón -que había asumido tras la muerte de su esposo, Juan Perón- no sólo no podía controlar la creciente violencia ejercida por bandas armadas, que hasta contaban en algunos casos con la connivencia o directa participación de funcionarios o integrantes de fuerzas de seguridad. Además, la situación económica se complicaba enormemente.

En 1973, los precios de las exportaciones argentinas fueron favorables y hubo buenas cosechas agrícolas. El gobierno financió la expansión con fuerte emisión y un déficit fiscal de niveles hasta entonces desconocidos.

En 1974, la situación externa se revirtió. Hasta entonces, la estabilidad de precios se basaba en un pacto social y en congelamientos. "Un hecho externo, la suba de precio de las importaciones, hizo más difícil la congelación. Los empresarios que usaban componentes importados reclamaron que se les permitiera subir sus precios bajo la amenaza de dejar de producir. El Gobierno se vio obligado a subsidiar el tipo de cambio de importación, lo que generó pérdidas que absorbió el Banco Central. Empezaron a faltar mercaderías, que se pagaban a precios mayores que los oficiales. En marzo de 1974 la CGT pidió un aumento de salario que fue concedido", recuerda Roberto Cortés Conde en su libro Progreso y declinación de la economía argentina.

En julio murió Perón. En septiembre renunció el ministro de Economía José Ber Gelbard y asumió Alfredo Gómez Morales. En febrero de 1975 la devaluación fue inevitable y el dólar pasó de $ 10 a $ 15. "En marzo se autorizaron nuevos aumentos de salarios. En mayo debían volver a discutirse los convenios colectivos de trabajo y ya habían empezado las presiones de los sindicatos. La presidente, bajo la influencia del ministro de Bienestar Social, José López Rega, designó en la cartera de Economía a Celestino Rodrigo, quien trató de implementar en junio un programa ortodoxo contra la inflación. El dólar pasó de $ 15 a $ 30. Se elevaron los precios de los combustibles y de las tarifas públicas en más de un 100%. Los sindicatos reaccionaron airadamente; se enfrentaron a la presidenta y, aliados con la oposición y los militares, lograron desalojar a quien era virtual primer ministro, López Rega, quien arrastró en su caída a Rodrigo y al breve y traumático experimento antiinflacionario que concluyó, como otras veces, con el resultado opuesto al buscado, salvo que esta vez el salto de los precios fue monumental", explica Cortés Conde.

Por entonces los créditos no se actualizaban por inflación, de modo que para quienes habían comprado algo con crédito, la inflación galopante generada por la loca carrera de precios y salarios no hizo más que licuarles los pasivos.

Ruinas y fortunas

Como la economía es un juego de suma cero, todo lo que alguien ganó lo perdió otra parte. Para quienes habían vendido algo en cuotas o comprado a plazo bienes importados, la situación fue dramática. Lo mismo ocurrió para quienes, por ejemplo, habían vendido un inmueble con la intención de comprar en poco tiempo otro mejor. Muchas de esas personas conocieron la ruina y jamás pudieron recuperarse del durísimo golpe.

"En julio, los precios subieron el 35% y la Argentina entró en una etapa nueva y más difícil. La inflación, a partir de entonces, saltó a los tres dígitos y no bajaría de allí -salvo por excepcionales y breves períodos- en los años siguientes", señala Cortés Conde.

Era el final del proyecto de crecimiento con justicia social del tercer gobierno de Juan Perón. "El desarrollo de lo que se llamó Plan Trienal tuvo lugar en un marco político crecientemente conflictivo, en el que se enfrentaron las dos alas radicalizadas del peronismo: la extrema izquierda, con la violencia de los montoneros, y la extrema derecha, con la no menos violenta Triple A", explica Cortés Conde. "Como resultado del crecimiento deliberado el sector público, sus gastos excedieron el 40% del PBI por primera vez en la historia y el déficit fiscal llegó al 14,5% del PBI en 1975. Las recaudaciones fiscales de 1975 y 1976 fueron extraordinariamente bajas (16,4 % y 18,46% del PBI, respectivamente). Los salarios reales del sector público alcanzaron su punto máximo en 1974 y 1975 y excedieron en casi 25% los del sector privado", detalla.

El historiador opina: "El peronismo enfrentó una situación sin salida que ya se había insinuado en los 50 y de la que escapó gracias a ser derrocado, pero que sufrió agudamente en el trienio 1973 a 1976. Se trataba de la dificultad de conciliar un ineficiente mecanismo de protección con salarios reales altos y lograr el equilibrio externo y estabilidad fiscal y monetaria para dar seguridad a la inversión, Cuando ya nadie quedaba a salvo del fracaso, algunos jefes militares pensaron nuevamente en 1976 que podían rectificar los errores de su intervención anterior y se propusieron ocupar el poder no sólo para erradicar el terrorismo, sino para situar la economía en un rumbo de estabilidad y progreso. Mientras que los métodos ilegales empleados para combatir al terrorismo les restaron legitimidad, terminando en otro fracaso político, no fue menor el que sufrieron en el ámbito de la economía".

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