No se logró imponer una NATO paralela

París y Bonn propusieron un cuerpo armado independiente de la alianza atlántica, pero sus socios frustaron la iniciativa
(0)
18 de junio de 1997  

AMSTERDAM, 17.- "Estoy seguro de que esta va a ser una noche larga, pero muy larga". El comentario del presidente francés, Jacques Chirac, a los periodistas que asistieron a la conferencia de prensa que dio en conjunto con su primer ministro, Lionel Jospin, fue más una constatación de la realidad que una premonición.

Para entonces los líderes europeos ya venían enfrascados en conversaciones desde hacia 12 horas y el ánimo de los que salían de las reuniones estaba lejos de ser de alivio.

La impresión es que el ambicioso borrador del tratado de Amsterdam, listo a preparar a la Unión Europea para los desafíos del siglo XXI, fue modificado para satisfacer los gustos de todos, con lo que ya habría perdido mucho de su atractivo.

La cumbre debería haber terminado a las 15, pero cuando los jefes de gobierno salieron a almorzar su análisis del texto propuesto no había pasado del preámbulo y los tres primeros capítulos.

El tema que los entretuvo desde entonces hasta bien pasadas las 21 fue la propuesta franco-germana de incorporar a la Unión Europea Occidental (UEO) al seno de la Unión Europea (UE) como un brazo armado independiente de la NATO.

Ante la férrea resistencia de Gran Bretaña (Tony Blair calificó la iniciativa de "contraria a los intereses vitales" de su país), Dinamarca, Suecia Irlanda, Finlandia y Austria, el binomino franco-alemán aceptó reducir las pretensiones, manteniendo a la UEO como un "cuerpo autónomo" pero contratado para realizar las tareas humanitarias y de mantenimiento de la paz de la UE.

París y Bonn lograron, de todas formas, crear un precedente al indicar en el tratado que "esta relación puede, en el futuro, conducir a la integración de la UEO con la UE".

"Haber introducido este concepto en esta cumbre nos hubiera sorprendido incluso a nosotros - confesaría más tarde el ministro de Asuntos Europeos alemán Werner Hoye -. Pero el esfuerzo valió la pena" .

Un desconocido

Antes de tropezar en el área de defensa, los Quince ya habían diluído las esperanzas de contar con un "señor Europa" de real porte, al nombrar a un funcionario alemán prácticamente desconocido como "Alto Representante para las Relaciones Exteriores Comunes y la Seguridad" .

De esta forma se procuró buscar un punto medio entre los deseos franceses de contar con una prestigiosa figura política y los británicos, que esperaban darle el cargo a un diplomático.

El hombre que será ahora la "cara de Europa" se llama Juergen Trumpf y, hasta el presente, ocupaba el puesto de secretario general del Consejo de Ministros, algo parecido a ser el asistente administrativo del Ejecutivo europeo. Su principalI distinción parece haber sido asesor en temas europeos de Helmut Kohl.

Este nombramiento generó poca algarabía, especialmente entre los franceses, que aseguran haberlo aceptado "sólo tras saber que Trumpf se encuentra muy cerca de la edad de retiro y eso nos permitirá pronto buscar a alguién con más carisma" .

De acuerdo con lo estipulado por los mandatarios, su función será "asistir al país que presida a la Unión en forma rotativa en temas diplomáticos y encabezar en Bruselas una unidad de análisis de políticas preventivas de crisis internacionales" .

Esto queda lejos de la propuesta coordinación de las políticas de los Quince en materia de relaciones exteriores, que había surgido del análisis de los errores cometidos durante la crisis en Bosnia. La "cacofonía" entre las posiciones de un país y las de otro en esta materia promete ahora seguir paralizando a la UE en la gran arena internacional.

Como era de esperar, sin embargo, se lograron fácilmente acuerdos en materia social, de controles fronterizos y en cuestiones relativamente menores, como la pesca.

Gran Bretaña firmó finalmente el "capítulo social" del Tratado de Maastricht" y Francia logró que las decisiones en materia de empleo se sumen ahora a la lista de aquellas que dejarán de tomarse por unanimidad para decidirse por mayoría calificada. Esto quiere decir que ningún país podrá ejercer en esto su poder de veto.

Alemania, apoyada por España y Gran Bretaña, se resistió a aceptarlo, pero terminó dándole el visto bueno cuando recibió la garantía por escrito de que cualquier gasto que se realice para la creación de puestos de trabajo tendrá que partir de los fondos existentes.

Maniobras de "opt out"

El resto de los temas mencionados por el borrador del acuerdo fue respetado, lo que no significa que todos los Estados lo respetarán.

Los líderes europeos no hicieron otra cosa que sacar de la manga el recurso del "opt out" creado por John Major para exceptuar a su país de las normas sociales y monetarias acordadas en Maastricht, para exceptuarse ellos mismos de aquello que no les apetece.

Es así como Alemania hizo un "opt out" en materia de asilo, para no tener que someterse a las políticas europeas en la materia (que podrían obligarla a aceptar un caudal mayor al que ya tiene de refugiados). Dinamarca obtuvo un "opt out" en la libertad de adquirir propiedades (para impedir que los alemanes puedan "invadirlos" al comprar la mayoría de sus mejores inmuebles) y Gran Bretaña e Irlanda también lograron exceptuarse de la abolición de los controles fronterizos y la puesta en marcha de una única fuerza de gendarmería.

Pero el método de la "Europa a la carta" no sirvió para resolver todos los inconvenientes. Las diferencias en defensa consumieron buena parte de una jornada, obligando a discutir lo que Chirac calificó como "lo más delicado".

La cuestión que dejó, hasta el cierre de esta edición, a los mandatarios atados a las sillas fue la reforma de las instituciones europeas con vistas al ingreso de los países del Este. El borrador propone mantener el tamaño de la Comisión Europea, el cuerpo semi-ejecutivo de la Unión, en 20 comisionados. Actualmente cada país cuenta con uno, con la excepción de España, Francia, Italia, Alemania y Gran Bretaña, que tienen dos por ser demográficamente más grandes.

Pero el ingreso de nuevos miembros obligaría a los países pequeños, como Luxemburgo, a perder su comisionado, o a los grandes a ponerse en el mismo nivel que los pequeños. Francia, Finlandia e Irlanda quieren, además, reducir la CE a 10 o 12 comisionados.

Son estas divergencias, que muchos creen irreconciliables, lo que promete entretener a los líderes hasta las primeras horas de la mañana.

Reflotan las ideas independentistas

Exclusión: la propuesta franco-germana para la defensa de Europa intenta prescidir de los norteamericanos

AMSTERDAM, 17 (De nuestra corresponsal).- El tema que realmente provocó fricción entre los asistentes a esta cumbre europea no fue la unión monetaria, como muchos señalaron, sino la propuesta franco-germana de integrar a la Unión Europea Occidental como el brazo armado de la Comunidad.

La idea de contar con una organización que excluya a los norteamericanos de la defensa del Viejo Continente tiene más de 40 años (desde la creación de la Comunidad Europea de Defensa en 1950 a partir del "Plan Pleven" aprobado por la Asamblea Nacional francesa) pero la Guerra Fría se había encargado de archivar estas ideas "independentistas" .

Fue así como la Unión Europea Occidental fue fundada en 1954 para funcionar, ante todo, como el pilar estratégico de la NATO de este lado del Atlántico frente al peligro del avance de la Unión Soviética. Francia abandonaría en 1966 la integración militar con la NATO pero nunca el seno la alianza.

La caída del Muro de Berlín, la disolución del sistema soviético y la desaparición del Pacto de Varsovia, sin embargo, hizo que el germen "emancipador" volviera a ganar vida.

Con la certeza de poder competir mejor en el mercado de armamentos con los norteamericanos de tenerlos afuera del continente, Francois Mitterrand fue el primero en mencionar el asunto en 1990 a su colega Helmut Kohl quien, con la vista ahora puesta hacia el Este, vio en ella la posibilidad de contar con un cuerpo de defensa efectivo sin ofender a Moscú.

Desde entonces el binomio franco-germano ha tratado de convencer a sus socios europeos de las ventajas de esta " NATO sin los Estados Unidos".

Ruptura inoportuna

Bélgica, Luxemburgo, Holanda los respaldan pero la idea cuenta con fuerte oposición en Gran Bretaña y Dinamarca (que la interpretan como una ruptura seria con Washington en momentos que la NATO acaba de encontrar un punto de cooperación con Moscú) así como de los países neutrales.

Para Suecia, Finlandia, Austria e Irlanda la adopción de la UEO como parte integrante de la Unión Europea constituye de hecho la ruptura de su medio siglo de neutralidad. Una decisión que les costaría mucho explicar a sus ciudadanos que haya tenido lugar en Amsterdam y sin consulta previa.

No cuesta entender, por lo tanto, que encontrarle la cuadratura a este círculo haya obligado a los jefes de gobierno a contemplar seguir discutiendo hasta que ardieran las velas.

El toreo está a salvo

AMSTERDAM, 17 (Diario El Mundo, de Madrid).- Los jefes de Estado y de gobierno de la Unión Europea acordaron hoy introducir en el futuro Tratado de Amsterdam diversas novedades que forman parte de la vida social, cultural y económica de los ciudadanos.

Respecto de las corridas de toros, el Reino Unido ha logrado introducir en la nueva Ley Fundamental un protocolo, con valor jurídico vinculante, que obliga a la Unión Europea a tener en cuenta el bienestar de los animales en el desarrollo de sus políticas.

España, Bélgica y otros países con ritos y tradiciones en las que los animales no lo pasan bien lograron matizar el protocolo cuando agregaron que toda disposición será tomada siempre "respetando las costumbres de los Estados miembros en materia de ritos religiosos, tradiciones culturales y patrimonios regionales".

Fuentes diplomáticas españolas consideran que con ello queda salvaguardada en Bruselas no sólo la fiesta nacional, sino también las peleas de gallos y la caza del zorro.

Blair, artífice del acuerdo entre Francia y Alemania por el euro

Inspiración: el anexo al "pacto de estabilidad" se basa en las iniciativas del líder laborista para combatir el desempleo.

AMSTERDAM, 17 (De nuestra corresponsal).- La Municipalidad de Amsterdam sorprendió a los líderes europeos al obligarlos a abandonar sus limusinas para hacer el trayecto de medio kilómetro entre su hotel y un restaurante del centro de la ciudad ya sea en bicicleta o a pie.

Jacques Chirac y Helmut Kohl prefirieron la vía pedestre, aprovechando para charlar en el camino, pero la mayoría escogió las dos ruedas.

Como si se tratara del Tour de France, los medios de comunicación siguieron de cerca su recorrido.

El primero en treparse a la bicicleta fue Tony Blair, que, tomando la delantera del pelotón, llegó al restaurante con el traje intacto y sin fatiga tras haber sonreído y saludado todo el tiempo al público, en su mayoría holandés, que lo vitoreaba, con carteles con la leyenda "ºTony, queremos que seas nuestro rey!" del otro lado de las barreras metálicas colocadas por la policía.

Más tarde se le sumarían, un poco agotados (a pesar de lo corto del viaje y de las siete velocidades con que contaban las bicicletas), Lionel Jospin y el belga Jean-Luc Dehane, mientras un funcionario empujaba la bicicleta del bien nutrido primer ministro finlandés.

Pero no fue sólo pedaleando la bicicleta como el líder laborista demostró saber el modo tomar la delantera.

Versión europea

Hoy se supo que fue la delegación británica -encabezada por él por primera vez- la verdadera artífice del acuerdo entre franceses y alemanes por la moneda única.

El anexo sobre desempleo colocado ayer al "pacto de estabilidad" no es otra cosa que la versión europea de la "iniciativa sobre empleos" presentada hace quince días en la Casa de los Comunes por el ministro de Economía, Gordon Brown.

Basta con leer el texto para descubrir muchos términos del Nuevo Laborismo, como la "necesidad de incrementar la adaptabilidad de los mercados laborales" y hacer "más empleables a los trabajadores" mediante la inversión en un mejor entrenamiento.

"Es cierto que rescatamos el euro -admitió un funcionario británico al matutino Financial Times-. Pero estaría muy agradecido si esto no trasciende demasiado."

Desde que Blair llegó al gobierno, Gran Bretaña ha dicho que apoya el calendario dispuesto para el comienzo del euro (1999), por más que cree "altamente improbable" que su país se sume a la primera tanda de países que lo adoptarán.

Relativizan el pacto

El ministro de Finanzas Dominique Strauss-Kahn salió a defender el acuerdo asegurando que "por más que Francia suscriba el pacto de estabilidad es aún posible encontrar espacio para un poco de flexibilidad en su aplicación" .

Kahn sostuvo que no es absolutamente imprescindible alcanzar el criterio del 3 por ciento del producto bruto de déficit público para poder adoptar el euro. "Lo importante es que se pueda probar una tendencia hacia ese objetivo -afirmó-. Hace falta que los países traten por todos los medios de alcanzar ese 3 por ciento, por más que no lo logren."

Kahn admitió que "no todo el mundo comparte esta interpretación del tratado", pero llamó a sus correligionarios a "tratar de hacer valer este argumento" antes de marzo de 1998, fecha en la que deberá identificarse a los países listos para ingresar en la moneda única.

Esta nota se encuentra cerrada a comentarios