Sin caídas en la tentación

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9 de junio de 2005  

"El hombre del bosque" ("The Woodsman", Estados Unidos/2004). Dirección: Nicole Kassell. Con Kevin Bacon, Kyra Sedgwick, Benjamin Bratt, Mos Def, David Alan Grier, Hannah Pilkes y Eve. Guión de Nicole Kassell y Steven Fechter, basado en la obra teatral original de Fechter. Fotografía: Xavier Pérez Grobet. Música: Nathan Larson. Edición: Brian A. Kates y Lisa Fruchtman. Diseño de producción: Stephen Beatrice. Producción hablada en inglés con subtítulos en castellano y presentada por Telexcel. Duración: 87 minutos. Para mayores de 16 años.

La historia de un pedófilo que regresa a su Filadelfia natal tras purgar 12 años en la cárcel puede resultar un tema demasiado arduo, provocativo y extremo para un espectador medio que suele apostar por entretenimientos más superficiales y que le permitan evadirse de las ya bastante complicadas vicisitudes cotidianas. Pero, para el segmento de público adulto que prefiera películas inteligentes, exigentes y cuestionadoras, esta opera prima de la joven directora Nicole Kassell es un film que no merece pasar inadvertido.

Verdadera rara avis incluso dentro de la producción independiente norteamericana más radical, "El hombre del bosque" incursiona en un tema riesgoso y complejo sin caer en ninguna de las tentaciones o lugares comunes ni del cine de explotación ni de la denuncia bien pensante, propia de los dictados de la corrección política.

Walter (Kevin Bacon) sale en libertad bajo palabra y consigue un trabajo bastante precario en un aserradero pese a ser un reconocido artesano de la carpintería. Su empleador, sus compañeros, sus familiares y la policía local no tardan en enterarse de un pasado que lo condena y empiezan a hacerle la vida imposible. Lleno de dudas, de miedos y de contradicciones, pero también de una gran fuerza interior, Walter encontrará en Vicki (Kyra Sedgwick, esposa de Bacon en la vida real) un poco de amor y ternura en medio de ese contexto desolador.

Dirección acertada

Película austera e implacable, de esas que no ofrecen resoluciones facilistas ni explicaciones tranquilizadoras, "El hombre del bosque" es un trabajo inquietante y perturbador, especialmente para aquellos que son padres y deban enfrentarse con ciertos (entendibles) prejuicios y negaciones de la sociedad frente a una problemática bastante más extendida de lo que la mayoría está en condiciones de aceptar.

La directora Kassell jamás cede a los golpes de efecto, al sensacionalismo ni al maniqueísmo. Apuesta, en cambio, a la construcción de climas sutiles, a las pequeñas -pero muy lúcidas- observaciones, a una economía verbal y narrativa sustentada en el rigor visual y en el extraordinario trabajo de sus actores. En este sentido, la secuencia en que Walter se reencuentra en el parque con una niña llamada Robin (Hannah Pilkes) es un ejemplo del mejor y más puro cine.

Más allá de la utilización de algunos simbolismos elementales e innecesarios (como la trillada fábula de Caperucita Roja o el tema de los pájaros), "El hombre del bosque" demuestra que se puede trabajar un tema tan chocante como el abuso infantil con honestidad y sensibilidad y, al mismo tiempo, sin buscar de manera forzada la empatía ni la compasión, sin juzgar, culpar ni tampoco excusar al protagonista.

Pero Kassell -una directora para tener muy en cuenta- no habría conseguido este consagratorio debut sin el aporte excepcional de Bacon, además coproductor del proyecto. El intérprete de "Río místico" ofrece una gestualidad exacta y una contención que hace desgarradora la inevitable explosión posterior. Una mixtura exacta entre delicadeza y emoción que -sumada a una falta absoluta de vanidad y ostentación- hace de ésta una actuación memorable.

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